El mayor fracaso en el arranque olímpico ha sido, sin duda, el equipo español de futbol. Ni Michael Phelps, quien cayó a manos de un portentoso Ryan Lochte en los 400 combinados, ni el ganador del Tour Bradley Wiggins, vencido en ciclismo de ruta por Alexander Vinikourov… Hasta ahora el cuadro ibérico, tan prematuramente eliminado y vencido por rivales como Japón y Honduras, es la principal frustración de Londres 2012.

 

Claro que el arbitraje les quitó algo; evidentemente, la calendarización del certamen olímpico tampoco ayuda. Sin embargo, esta selección nunca logró verse cómoda. Japón los derrotó 1-0 por la heroicidad del portero David de Gea, combinada con la falta de puntería de los delanteros nipones.  Honduras contó con algo de suerte y mucho de pundonor para aguantar estoicamente los embates rojos.

 

En todo caso, es una situación a la que los españoles vivieron por décadas acostumbrados, pero que pronto han olvidado la mejor forma de sobrellevarla. Campeones consecutivamente de Eurocopa 2008, Mundial 2010, Eurocopa 2012, más un sinfín de títulos continentales en categorías menores, hoy parecen incapaces de asimilar un inmenso fracaso.

 

En la cancha tenían al cerebro del Chelsea, Juan Mata; al mejor lateral de la pasada Euro, Jordi Alba; al guardameta del Manchester United, David de Gea; a promesas del Barcelona como Tello; a la nueva perla del Atlético de Madrid, Adrián; a baluartes del Athletic como Javi Martínez o Iker Muniain. Aún así, carecieron precisamente de lo que ha sobrado a la Furia roja de los últimos años: sentido colectivo.

 

Importante decir que la competencia olímpica de futbol  no suele darse especialmente bien a las selecciones europeas. La relevancia que se le da, la ubicación en el calendario, la escasa cooperación de los clubes a fin de ceder futbolistas ya estelares, suele traducirse en menor rango de éxito. Los potentes  Italia, Alemania, Francia, Holanda, Portugal, no tienen un historial llamativo en ese sentido.

 

De hecho, el último cuadro europeo que se coronó en Olímpicos, fue la propia España en Barcelona 92. Eran épocas inversas a las actuales, tiempos en los que los ibéricos vivían ilusionados antes de cada evento y frustrados después con la eterna caída en cuartos de final (y eso en el más optimista de los escenarios). En aquel instante, la medalla de oro fue una excepción en medio de tanta caída.

 

España está fuera del futbol olímpico. España regresa, al menos en Londres 2012, a esos viejos hábitos de derrota, sin que eso signifique que a nivel mayor tenga atisbo alguno de crisis. España es hasta hoy el peor de los fracasos en estos recién comenzados Juegos.

 

Alberto Lati

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