Bradley Wiggins se ha convertido en el primer británico en ganar la más importante competencia de ciclismo de ruta, el Tour de Francia, y de paso ha confirmado que de momento ahí mandan los anglosajones.

 

Me lo explicaba el cinco veces ganador del Tour, Miguel Induráin, en una entrevista efectuada unos meses atrás: entre australianos, estadounidenses y británicos, el dominio del Tour se ha desplazado de momento hacia países de habla inglesa.

 

A lo largo de la historia, la más popular carrera por etapas ha tenido eras: los franceses al principio, los belgas más adelante, de nuevo los locales, algo de italianos y suizos, Eddie Merckx devolviendo la hegemonía a Bélgica, Hinault y Fignon a Francia, Greg Lemond poniendo en el mapa del ciclismo a Estados Unidos, Miguel Induráin haciendo lo propio con España, Lance Armstrong acaparando a favor de la causa estadounidense, nueva racha española, y ahora los angloparlantes: el año pasado Cadel Evans fue el primer australiano y hoy Wiggins es el primer británico.

 

No sólo eso, sino que el segundo sitio, hasta antes inalcanzable para ciclistas del Reino Unido, ha sido para Chris Foome y en la competencia ha destacado otro inglés más, Mark Cavendish, en un equipo patrocinado por el controvertido magnate Rupert Murdoch.

 

Dicen los entendidos que el cambio de ciclo tiene como principal razón una creciente pasión en Estados Unidos, Canadá e Inglaterra, por el turismo en bicicleta (touring bike, en inglés), que ha generado algo más que una moda.

 

El ciclismo de ruta solía ser parte del DNA francés, belga, luxemburgués, suizo, italiano. Pronto se convirtió en el deporte más popular, primero, por ser gratuito; pero, además, por todo el ritual que implica: el salir a primera hora de casa en bicicleta a fin de recorrer antes que los titanes del penal algunos metros de la etapa; la reunión familiar; el ambiente de verbena; el emocionarse con la caravana que llega antes que los ciclistas, regalando artículos de los patrocinadores; el esperar largas horas a fin de verlos cruzar la meta o al menos observarlos pasar frente a casa por unos escasos segundos.

 

Wiggins ha tenido una vida complicada; violencia doméstica padecida por su madre; excesos que le imposibilitaban prepararse mejor (“era más un alcohólico que un ciclista”, ha confesado recientemente); hacer camino en un país que apenas pone atención a tan célebre carrera.

 

Dicen los británicos que su verano mágico comenzó con Andy Murray llegando a la final de Wimbledon, sigue con Wiggins coronado en los Campos Elíseos y continuará con los Olímpicos el próximo viernes.

 

Para la carrera de ciclismo de ruta de Londres 2012 se espera que las predicciones de Induráin sigan cumpliéndose. Sucede que este deporte hoy habla en inglés y no con acento norteamericano.

 

@albertolati

 

Alberto Lati

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