Cuando parecía que nadie podía entrometerse en la batalla entre Lionel Messi y Cristiano Ronaldo por obtener el Balón de Oro (premio que acredita al mejor futbolista del año) toma fuerza la candidatura de Iker Casillas a quedarse con dicho galardón.

 

Tan poco común es que un guardameta conquiste ese título, que no sucede desde 1963 cuando fue otorgado al ruso Lev Yashin. ¿Qué es lo más curioso? Que todo lo ganado por el gran Yashin en ese año fue su liga local. Sucede que temporadas antes había sido oro olímpico en Melbourne 56 y monarca europeo en 1960, pero en ese específico 1963 levantó pocas copas.

 

A lo que me refiero es a que ya desde entonces existía una gran complejidad a la hora de elegir al Balón de Oro: ¿se premiaría su trayectoria? ¿Se limitarían a su desempeño individual al margen de si redituó en títulos para su selección y club? ¿Harían a un lado las coronas y se fijarían estrictamente en su talento, en su condición de mejor futbolista del planeta?

 

A todas las disyuntivas anteriores, debemos añadir otra más hermética: ¿cómo comparar el desempeño de un portero con el de un jugador de campo? Está lo decisivo que resulta para un colectivo, claro; lo espectacular de sus atajadas, su liderazgo, los partidos ganados gracias a la estirada oportuna (renglones, todos, en los que coinciden el legendario cancerbero ruso y el actual Iker). Pero no es fácil ponerlo en una tabla comparativa con quien hizo más de 60 goles, o con quien remató de todas partes a la portería, o con quien dribló a todos fabricando victorias desde la banda, o con quién dio orden a un medio campo con clarividencia y dominio de tiempos: son roles tan diferentes que de pronto ameritarían premiaciones separadas.

 

Y es que no vamos a descubrir nada nuevo al decir que ser portero representa algo distinto. Un error es peor juzgado (y más fatídico) que el común de los yerros ofensivos. Lo suyo ha de ser la perfección; de nada sirve repelerlo todo durante 89 minutos si en tiempo de compensación terminan por tragarse un balón absurdo.

 

Con todas las atenuantes explicadas, no existe gran duda respecto a lo difícil que será entregar el Balón de Oro a un guardameta y que Iker parte con elevadísima desventaja. Y más todavía en tiempos de Messi o Cristiano Ronaldo, tras un primer semestre del 2012 en el que dinamitaron todo tipo de marca goleadora.

 

A falta de jugar el segundo semestre de este 2012 (que poco en él puede modificarse, pues los títulos del año ya han sido levantados) creo que Casillas podrá darse por servido con obtener el tercer sitio.

 

Son épocas de dos cracks estratosféricos… Mal momento para reclamar, parado bajo los ingratos postes, un Balón de Oro.

@albertolati

Alberto Lati

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