La selección española ha entrado caminando (y tocando, tocando, tocando) a la eternidad.

 

No tuvo rival en la final de la Eurocopa. Si acaso algunos momentos de apuro (y para eso hay demasiado Iker Casillas en la portería) o cierto instante de sensaciones confusas cuando Andrea Pirlo pretendía adueñarse de la pelota, pero de todos sus títulos recientes, ninguno obtenido con mayor dominio y eficacia por España.

 

Constelación cuyo principal mérito radica en el sentido común y apego a unos ideales. Hay suficientes estrellas para jugar a ser solistas, más una obstinada vocación por apostar al colectivo, priorizar al grupo, jugar en equipo y como equipo.

 

Han pasado nueve años desde que Vicente del Bosque fue echado de mala manera del Real Madrid. Detrás de sí dejaba dos títulos de Liga de Campeones y la hazaña de mantener en paz al vestuario más plagado de cracks de la historia reciente. Florentino Pérez, su presidente, aseguraba que ya no encajaba con lo pretendido, que era necesario hallar a alguien con otro perfil.

 

Del Bosque se fue tal como había dirigido: con gesto sereno, tono de voz controlado, palabras sensatas, sin darse mucha importancia. Al paso del tiempo, el Madrid notó que había tirado a la basura el equilibrio, que ese personaje con cara de español bonachón que puede brindar contigo en cualquier bareto madrileño, no podía dar declaraciones en inglés como Florentino quería, pero era la paz en casa (y paz mediante, títulos). Algo después, Del Bosque heredó a una selección española poderosísima en nombres y antecedentes (nada menos que la corona en la Eurocopa 2008) y ahí radicaba la complejidad del cargo.

 

A cuatro años de su llegada, Vicente es, como la selección española misma, ya una leyenda. Nadie antes había ganado Eurocopa, Mundial y Champions League. Y ganando la mitad de eso, nadie se había comportado con tan prudente perfil.

 

Y los suyos, haciendo lo que saben, haciendo lo que les resulta, haciendo lo que mejor dominan: tocar, tocar, tocar. Tocar como equipo de baloncesto que mueve pelota por la duela hasta hallar un hueco… Sólo que en el futbol no existe límite de segundos para buscar portería (o canasta) y ahí radica el monopolio de balón ibérico, y ahí desesperan y se cansan los rivales, y ahí aparece tarde o temprano alguien desmarcado en posición de hacer daño

 

¿Qué más puede esperarse de la selección española? El techo ya son ellos mismos, los puntos de referencia empiezan a quedar chicos y a ser pocos. Pase lo que pase en Brasil 2014, han ingresado a la eternidad bajo el liderazgo callado de Vicente del Bosque. ¿Y cómo lo han hecho? Caminando…Y tocando, tocando, tocando.

 

@albertolati

 

Alberto Lati

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