Hay que ser Alemania para vender tan cara la derrota, pero hay que ser Italia para regenerar una selección con tal facilidad y éxito.

 

Así como las historias de estos dos países van de la mano, unificándose y surgiendo como naciones hacia 1870, sus futboles también comparten algo: siempre están ahí.

 

Más allá de que España hoy es el equipo más dominante del mundo, más allá de que Francia hilvanó en los ochenta y noventa grandes generaciones, más allá de momentos aislados de otros como húngaros, ingleses u holandeses, han sido italianos y alemanes quienes han mandado en Europa desde que el futbol se convirtió en asunto continental.

 

Pueblos más lejanos en hábitos que en ubicación, son exponentes de Europas distintas: la visceral y apasionada Italia, contrastada con la metódica y calculadora Alemania. Quizá por ello han sido a menudo complementos idóneos y mucho antes de la brutalidad, los excesos, el odio absurdo de la Segunda Guerra Mundial, ya aparecían ejemplificadas en una maravillosa pintura de Overbeck denominada Italia y Germania (una mujer de piel aceitunada sostiene la mano a otra rubia, unión metafórica de tan opuestas culturas).

 

En el futbol han sido capaces de mantener una identidad tan definida como la que expresan fuera de él. ¿En qué se parecen las selecciones de Italia y Alemania? Claro, en su constante pertenencia a la élite europea, pero sobre todo en un factor: genes futboleros fácilmente reconocibles.

 

Brincará alguien y me dirá: “pero Italia en este torneo ya no es catenaccio, va al ataque; pero Alemania cada vez es más multiculturalmente técnica y alejada del modelo todo-terreno sturm-und-drang Hans-Peter Briegel”. Sí, pero esos dos factores son la forma. En el fondo, se aferran a una constante histórica: que los teutones pueden perder, mas en el camino dejarán regados sobre el césped cada gota de sudor y sangre disponible; para ellos un 0-2 al minuto 91 es más remontable que para nadie. Y que los italianos al paso del tiempo regeneran a su selección desde cenizas y resurgen bajo las circunstancias más penosas.

 

A más dudas y críticas, a más escándalos y turbulencias, mayor candidato es Italia. En 1982, rodeados de un escándalo de apuestas y tras una primera fase poco menos que mediocre, los azzurri echaron fuera a un fino Brasil y luego se coronaron (por cierto, sobre Alemania). En el 2006, con las llamas del escándalo de arbitraje ya quemando el Calcio y padeciendo en los octavos de final contra Australia, se motivaron para levantar el trofeo. Por ello ahora, tres semanas después de nuevos operativos y arrestos por amaños de partidos, poco sorprende ver a Italia en la final.

 

Los nombres en el once apenas se parecen a los que tocaron el cielo en Alemania 2006 (si acaso, Pirlo y Buffon) pero son Italia y siempre están en donde todos quisieran estar.

 

Alemania, por su parte, ahora padece cierto descrédito con tanto brillo y tan poco título reciente. No estoy de acuerdo con los pesimistas. Se han metido a todas las semifinales desde el 2006 y esa seña basta para entender que se trata de la misma Alemania.

 

Los italianos, igual modelo-nueva generación, serán asunto muy difícil para España en la final. Los alemanes, en tanto, seguirán idéntica línea y serán asunto difícil para todos y siempre.

 

@albertolati

 

Alberto Lati

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