Vaya metida de pata. El secretario de Economía, Bruno Ferrari, se lanzó a debatir sobre economía -una materia que no es precisamente su fuerte- y lo hizo acusando a sus adversarios políticos del PRI -en plena veda electoral- de haber robado y mal usado el endeudamiento externo de país, cuyo costo -dijo- son los más de 5,403 millones de dólares que se pagan por intereses de la deuda.

 

El discurso es popular, ni duda cabe. Y en su amplitud nadie –ni los priístas- pueden negar que alguna rebanada de los recursos públicos de aquella época –llámese deuda externa, interna, ingresos tributarios o recursos petroleros- fueron a parar, en mayor o menor medida, a los bolsillos de funcionarios, asesores, amigos, empresarios o políticos. De eso está lleno el anecdotario político nacional de las últimas décadas –además del registro de casos concretos debidamente documentados- y, estoy seguro que, ningún mexicano lo pone si quiera en tela de duda.

 

Sin embargo Ferrari es el secretario de Economía. De un funcionario con estas responsabilidades esperamos un debate –si lo quiere dar- de altura, no conclusiones vulgares aunque pretenda lanzar dardos electorales.

 

Efectivamente el excesivo endeudamiento externo fue uno de los mayores problemas que enfrentó las finanzas públicas durante los años setenta al calor de la bonanza petrolera, haciendo estallar la crisis de 1982 con devaluación, estatización de la banca, cese unilateral de pagos de la deuda externa, inflación descontrolada y crisis fiscal. Los costos, ya conocidos, fueron altísimos y prolongados.

 

Pero de allí a concluir que el pago actual de más de 5 mil millones de dólares anuales en intereses son producto del robo y mal manejo de esa deuda en los gobiernos de hace 40 o 30 años es una sinrazón. ¿Cómo llega Ferrari a la conclusión de que esos 5 mil millones derivan efectivamente no solo de la contratación de deuda de aquella época, sino precisamente de la parte de esa deuda que fue mal manejada?

 

La conclusión es semejante a decir que la falta de dinamismo de la economía ahora es producto del derroche y el mal manejo que se hizo de los extraordinarios ingresos petroleros que tuvo el país durante el sexenio de Vicente Fox. Seguramente que sí, parcialmente en alguna medida, pero evidentemente que no lo explica.

 

Ahora que en términos de la deuda pública no hay que perder de vista dos asuntos recientes: 1. Que el saldo de la deuda externa neta del país se ha duplicado de 2006 a la fecha y ya alcanza 114 mil millones de dólares, y 2. Que la deuda interna se ha convertido en el mayor pasivo del gobierno federal con un crecimiento en su saldo de 353% en la última década.

 

No hay espacio aquí para calificar estas acciones y sus efectos sobre la economía y su crecimiento, pero Ferrari peca de simplista y excesivo cuando pretende subrayar, por obvias razones electorales, consecuencias actuales de pecados del pasado. Asunto teológico, éste último, del que, por cierto, el secretario de Economía tiene mayor entendimiento que un servidor.

 

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