El tema de los microcréditos va más allá de las dualidades tradicionales que se dibujan (bueno-malo, desarrollo-retroceso, etcétera). Como las luces de un prisma, el microcrédito refleja varias tonalidades cuando se habla de sustentabilidad. El resultado depende, en gran parte, de cómo se definan los términos “microcrédito” y “sustentabilidad”.

 

No hay una manera simple de definir el microcrédito, pero se puede entender como un pequeño préstamo económico que otorgan instituciones financieras a los ciudadanos con más bajos ingresos y recursos, y que debido a dicha condición “riesgosa”, tienden a carecer de opciones en los llamados “bancos tradicionales”. El microcrédito tiene, con frecuencia, el fin de ayudar a emprender una actividad económicamente productiva.

 

La sustentabilidad puede referirse al objetivo impulsor de la actividad económica. El documento Nuestro Futuro Común, de Naciones Unidas, ofrece una visión optimista sobre lo que puede ser una nueva era de crecimiento económico y de alivio de la pobreza.

 

En ese informe se maneja el concepto de sustentabilidad en el desarrollo referido no sólo a cubrir las necesidades básicas de la gente pobre en países en vías de desarrollo. La sustentabilidad debe ser equitativa, además debe promover valores que les evite otros riesgos a ellos y a los demás. Desarrollo y crecimiento en sí mismos ya no son suficientes, se busca que sean equitativos (ya que puede haber mucho crecimiento para unos pero no para otros) y de largo plazo (ya que el desarrollo del presente puede estar comprometiendo las posibilidades futuras).

 

El documento hace énfasis en que se debe atender a los más pobres, y de ellos, particularmente a las mujeres porque son las que sufren más discriminación en los países en vías de desarrollo. Esto y lograr un desarrollo sustentable es hoy en día uno de los desafíos más importantes para la industria del microcrédito.

 

Muhammad Yunus representa para muchos el ejemplo más importante de desarrollo socio-económico sustentable ocurrido en uno de los países más pobres del mundo: Bangladesh.

 

Él fundó lo que se conoce como el Banco para pobres, (Grameen Bank) que entre sus principales actividades está otorgar microcréditos a mujeres. Derivado de los esfuerzos para impulsar el desarrollo económico y social entre los pobres, y con el argumento de que la paz duradera no puede alcanzarse a menos que se combata la pobreza, por ello fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz 2006. Esto ayudó a posicionar el microcrédito como un símbolo de combate a la pobreza.

 

A pesar de las perspectivas positivas,una de las críticas más relevantes se centra en que las tasas de interés de dichas instituciones tienden a ser más altas respecto de las que ofrecen los bancos tradicionales, lo cual se ve como una contradicción imperdonable en el propósito de ayudar a quienes menos tienen.

 

El desafío es significativo, implica una relación de mayor corresponsabilidad entre cliente e institución financiera. Por el lado del cliente (típicamente una mujer) una alternativa sustentable debe observar aspectos tan variados como la mejora económica (ingresos, ahorros, crecimiento a largo plazo), individual (alfabetización financiera y desarrollo de capacidades microempresariales), social (consumo responsable de recursos naturales y materiales, ampliación de su red y capital social), familiar (reorganización de los roles laborales), participación ciudadana (superación de la exclusión social para influir en la comunidad e instituciones públicas). Todo lo anterior debe armonizarse con la rentabilidad a largo plazo de la institución crediticia.

 

Lo más relevante de todo esto es que existe la imperiosa necesidad de que las instituciones de microcrédito consideren su sustentabilidad, no sólo en términos de costos y ganancias, sino en términos de la ética y la responsabilidad moral que deben tener.

 

La educación financiera también es fundamental para evitar que los clientes caigan en la trampa de endeudamiento, ya sea porque no se percatan de que las tasas de interés que pagan son altísimas o porque, con la euforia de experimentar una “liberación instantánea” de su condición de pobreza, acuden simultáneamente a varias instituciones de crédito y terminan en una pesadilla crediticia (como el caso Andhra Pradesh, un estado de la India en donde hubo reportes de suicidios de clientes que cayeron en un estado de desamparo por haber adquirido varios préstamos a la vez).

 

La sustentabilidad de las instituciones de microcréditos es una tarea cualitativa y cuantitativa de mucha dificultad que debe responder a la interconexión de varias ramas y niveles: individual, comunitario, institucional e internacional. Contemplar todas estas ramas y niveles proporcionaría una guía general del tipo de necesidades y soluciones para dar viabilidad, en toda forma, a los microcréditos.

 

* Doctora en Política Pública, Universidad de Birmingham, Inglaterra. tgg775@yahoo.com