“Ha de ser cosa del diablo”, que las abejas en México y en el mundo mueran de la noche a la mañana, consideró Pedro Salazar, productor de miel y vendedor de colmenas de abejas reina y obreras a campesinos mexicanos.

 

El propietario de un agro negocio en la Sierra Norte de Puebla ha encontrado un negocio muy rentable en las últimas cuatro décadas, que es la venta de 400 cajas de los insectos cada mes a los productores de varias entidades del país. Sin embargo, desconoce que cada año desaparecen 30% de las colonias de abejas en distintos países.

 

Actualmente, en el planeta existen 20 mil especies de abejas, pero las únicas que producen miel y polinizan son: la apis mellifera, la cortadora de alfalfa, la melipona bechi, la trigona, y otras dos más.

 

Su trabajo de sociabilidad, organización y biológico es prioritario, cuando la tasa demográfica se aproxima a 7 mil millones de personas en el planeta. Y se vuelve clave cuando la escasez y especulación del mercado propició un alza de los precios de alimentos y de materias primas nunca antes vista, ya que son responsables de una alta productividad en 71 cultivos.

 

MISTERIO

De momento, la mayor mortandad de los insectos la reportan Estados Unidos, Canadá, Francia, Bélgica, Suiza, Alemania, Reino Unido, Países Bajos, Italia, España, Egipto, Tailandia, Japón, China, México, Argentina y Brasil, advierte Ernesto Guzmán Novoa, investigador de la Facultad de Medicina, Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

 

Para esas economías es “insostenible” una continúa y creciente muerte de los insectos, debido a que habrá una menor producción de frutas, vegetales, además de que se pone en riesgo la cadena alimentaria y el sustento de los apicultores que ya no podrán vender los cajones ni extraer miel, explica.

 

Por ejemplo, en la república Mexicana están en peligro 400 mil empleos directos y se podrían perder 2 mil millones de dólares por la escasa polinización en los campos de aguacate, pepino, soja, durazno, alfalfa, canola, soya, almendro, ciruelos, entre otros cultivos, expresa.

 

El especialista de la UNAM señala que el problema no para ahí, ya que el mercado estadunidense, una de las economías más grandes del mundo, podría sufrir un quebranto de entre 9 mil y 18 mil millones de dólares al año por la muerte de las abejas.

 

El científico identifica el problema que mata a las abejas como el colapso de las colonias (CCD por sus siglas en inglés), el cual fue detectado por primera vez en 1972. Sin embargo, es hasta 2006 cuando la desaparición masiva de cientos de millones de abejas en todo el mundo hizo que sonaran las alarmas.

 

Y más cuando la muerte de las abejas ya tuvo el primer impacto, el cual fue la reducción de 90% del rendimiento en frutas y frutos secos en algunas zonas del mundo, alerta la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO).

 

La polinización de las abejas genera 9.5% de toda la producción de alimentos del planeta, siendo los vegetales y frutas los más polinizados, detalla.

 

“El fallecimiento de los insectos pone en riesgo la fertilización de 71 cultivos y la existencia de 4 mil vegetales, sin contar la cadena alimentaria de segunda generación, que incluye pollo, carne, leche y otros tantos productos”, sostiene el organismo dependiente de Naciones Unidas.

 

Añade que en “los últimos 50 años, la agricultura mundial se convirtió dependiente de las abejas, abejorros y avispas, pero las actividades humanas afectan, degradan y destruyen su hábitat”, sentencia.

 

Las moscas del hombre blanco son actualmente exterminadas por más de 29 agentes patógenos biológicos en países industrializados. En menor medida se reporta en economías subdesarrolladas, gracias a los nulos avances tecnológicos en agricultura y otras actividades económicas.

 

Con anterioridad la desaparición era uno o dos años. Ahora, se sabe que en el último quinquenio la muerte de las abejas europeas es constante y se da en mayor medida en naciones del hemisferio norte.

 

Según la FAO, el parásito varroa, -similar a una garrapata o un ácaro-, es uno de los factores que más causan defunciones de los insectos en el planeta. Otros parásitos que afectan a las abejas son el clareae tropilaelaps, que simplemente las fulmina; y el escarabajo de las colmenas (aethina tumida) que daña al nido, miel, polen y ya colonizó a América del Norte y Australia.

 

Aunque pareciera que el estrés es sólo de humanos; en las abejas les causa la muerte y más cuando son expuestas a altas temperaturas y traslados en camiones. Tan es así que cada año EU pierde 10% de sus abejas, cuando son transportadas a los campos agrícolas, dice el organismo. Y sostiene que también los campos eléctricos y magnéticos “influencian el comportamiento de los insectos”.

 

Por principio, los teléfonos celulares y las torres cerca de las colmenas de abejas interfieren su búsqueda de alimentos y provocan su muerte en un período de entre 5 y 10 días, manifiesta Daniel Favre, investigador del Laboratorio de Biología Celular del Swiss Federal Institute of Technology, en Suiza.

 

Por ejemplo, en Estados Unido la tecnología mató a 43% de las abejas, el clima invernal disipó a 39%, las ácaros asesinaron a 15%, y finalmente los pesticidas fulminaron a 3% de las abejas, precisa el investigador.

 

 

El enemigo

Los científicos se han alarmado y confundido por la disminución de las poblaciones de abejas en los Estados Unidos y otras partes del mundo. Sospechan que los pesticidas están jugando un papel, pero hasta la fecha sus experimentos han producido resultados contradictorios y ambiguos.

 

Según la revista Science, dos equipos de investigadores publicaron estudios que sugieren que los bajos niveles de un pesticida pueden tener efectos significativos en las colonias de abejas. Un experimento, realizado por investigadores franceses, indica que los productos químicos afectan los cerebros de abejas, por lo que es más difícil encontrar su camino a casa. El otro estudio, realizado por científicos en Gran Bretaña, sugiere que los abejorros no suministrarán a sus colmenas comida suficiente para producir nuevas reinas.

 

Los autores de ambos estudios sostienen que los resultados plantean graves interrogantes sobre el uso de los plaguicidas, conocidos como neonicotinoides que son una familia de insecticidas que actúan en el sistema nervioso central de los insectos y con menor toxicidad en mamíferos.

 

“Personalmente, me gustaría ver que no está siendo utilizado hasta que haya más investigación”, dijo David Goulson, autor del artículo que enseña en la Universidad de Stirling, en Escocia. “Si se confirma lo que hemos encontrado, entonces ciertamente no debe ser usado cuando van a ser alimentado por las abejas”.

 

 

Existen 20 mil especies de abejas.

La polinización de las abejas genera 9.5% de toda la producción de alimentos del planeta.

La desaparición de las abejas pone en riesgo la fertilización de 71 cultivos y la existencia de 4 mil vegetales.

En México están en peligro 400 mil empleos directos y 2 mil millones de dólares en cultivos.