Es lugar común desprestigiar lo propio y más aún cuando eres mexicano, pero a todos los pesimistas, fatalistas, abanderados del “ya valió” y el “nos achicamos”, habrá que contarles esta historia.

 

 

Tras una intensísima semana en la Copa Mundial de Clavados, disputada en el Centro Acuático que espera los próximos juegos olímpicos, México tiene calificadas a Londres 2012 a dos niñas de catorce años, más otra en condiciones de hacerlo.

 

 

Si Carolina Mendoza, Alejandra Orozco y Lolita Hernández fueran chinas, la prensa deportiva del mundo estaría loando al gran sistema de desarrollo de talentos de ese país; si fueran estadunidenses, se hablaría quizá del brillante esquema de detección de jóvenes promesas –scouting- que tienen tras nuestra frontera norte; si fueran alemanas, se remitirían al estereotípico espíritu germano; si brasileñas, que por atributos genéticos… Pero son mexicanas y casualidad no puede existir porque, además, son tres.

 

 

¿Qué ha sido lo más destacado de verlas ganar su boleto olímpico? Por supuesto, su talento y capacidad para competir, pero también su fortaleza mental, su nivel de concentración, su entereza emocional.

 

 

Sólo terminadas sus respectivas competencias y cuando las tres ya tenían asegurada la plaza olímpica para México, desaparecían los ceños fruncidos, los rictus severos, y emergían las niñas.

 

 

A cada pregunta en la entrevista, Carolina Mendoza sonreía y dejaba ver el brillo de sus brackets. Por un lado, la convicción, “desde que llegué a la alberca me imaginé en Juegos olímpicos”, por otro, el mundo al que por edad y momento pertenece que es la secundaria, “también espero que la maestra de inglés me ponga buenas calificaciones porque aquí estuve practicando mi inglés y hasta con el acento británico, entonces espero que me ponga 10, y en español con tantas entrevistas que di creo que también estoy muy bien, que me ponga buena calificación la maestra”.

 

 

Alejandra Orozco, en tanto, ha obtenido el pase olímpico en sincronizados al lado de una figura del calibre de Paola Espinosa. Tanto en la plataforma como en la entrevista, se apoya en la medallista en Beijing, doce años mayor que ella. Y Paola ejerce de maravilla ese liderazgo, haciéndola reír a cada instante, aconsejándola. Basta con una frase de Ale para comprender que se tira de 10 metros como adulta, pero su mente sigue en donde debe, que es en la adolescencia: “tengo mucho que aprenderle a Paola y espero que sigamos siendo amigas siempre”.

 

Y Dolores Hernández, por pocos días la menor de esta tercia, es la que más tímida se hace ante la cámara, aunque no por ello deja de sacar una honestidad que desearíamos hallar más seguido al entrevistar a personajes deportivos, amantes de repetirse al infinito (también nuestra culpa, por preguntar siempre lo mismo). ¿Por qué comenzó Lolita en clavados? Atención a la joya de respuesta: “porque no hacía nada de deporte en la casa y mis papás ya no me soportaban, entonces fue lo primero que vi, a mí me gustaba mucho el agua y allá donde vivía, en Veracruz, hacía mucho calor, por eso empecé en clavados hace seis años”. Lolita aseguró para nuestro país el sitio olímpico y, en su caso, aún debe confirmar que ella lo ocupa.

 

 

Todos queremos jovensísimos atletas lo suficientemente maduros para saber crecer en momentos determinantes y con elevado margen de crecimiento a futuro, pero antes requerimos que esos deportistas se permitan vivir lo más cercanamente posible a lo que corresponde. Y lo que corresponde a ellas es la secundaria.

 

 

A las calificaciones de Carolina, Alejandra y Lolita, se añadió la medalla de plata en sincronizados desde plataforma, con la dupla Iván García-Germán Sánchez, muchachos preparados, con personalidad, ambiciosos.

 

Importante reconocer el trabajo de esa federación que mantiene a México como una de las principales potencias mundiales de clavados, pero también el de varias más. Una actitud parecida vimos en los gimnastas Daniel Corral y Elsa García, los dos clasificados a Beijing.

 

 

Corral tiene 21 años y maneja un nivel de seriedad resaltable. Declaraciones parcas, actitudes serenas, claridad de metas, disciplina y autocrítica lacerante. ¿O cómo definirían a alguien que a segundos de haber escuchado su himno nacional como campeón del mundo, dice “ayer tuve un error que me costó la medalla, honestamente sí me sentí molestó conmigo y hoy me desquite un poquito para estar tranquilo, pero tampoco fue una rutina perfecta, debo mejorar mucho para la Olimpiada”?

 

Momento de asumir que el “sí se puede” suena maravilloso en la grada, pero no es buen resumen de nuestra cultura deportiva. Momento de entender que no ha de reafirmarse algo de lo que se está seguro. Momento de que los pesimistas crean o, al menos, concedan el beneficio de la duda.

 

@albertolati  

 

 

 

 

 

Alberto Lati

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