No que sea el problema más grave de Grecia, ni que vaya a empeorar su deteriorada economía o los elevados índices de desempleo, pero el asalto al museo de la antigua Olimpia y el robo de más de 60 piezas arqueológicas que relataban el origen del deporte organizado, es un durísimo golpe para la nación griega.

 

Triste alegoría: para muchos la crisis helena comenzó con la organización de los Olímpicos del 2004 y ha tocado fondo -moral, social, cultural- con el atraco precisamente al museo de la cuna olímpica. Tan severas han sido las consecuencias, que inclusive el Ministro de Cultura ya ha dimitido.

 

Los museos griegos tenían tiempo quejándose por los recortes presupuestales impuestos en los planes de austeridad, acusaban que a raíz de esas estrecheces han debido disminuir su personal y simplificar sus sistemas de vigilancia. Pero, al margen de lo anterior, ¿por qué ha tenido mucha mayor resonancia este asalto que el que derivó semanas atrás en el robo de un Picasso en otro museo griego? Por lo que representa el olimpismo para la cultura griega.

 

El 2004 había sido calificado como el año de Grecia, el año del resurgir, el año del retomar la vieja grandeza. Todo el proceso preolímpico fue complicado: retrasos, paranoia al ser la primera justa olímpica tras el 11 de septiembre del 2001, dudas en materia organizativa. Y los Olímpicos fueron realmente espléndidos. “¡El mundo se ha llenado de Grecia! Titulaba un periódico ateniense al otro día de la clausura… Y Grecia se llenó de estadios poco utilizables y muy demandantes de gasto en concepto de mantenimiento, y la factura a pagarse empezó a crecer, y el mundo en crisis fue la tormenta que hizo naufragar a esta débil embarcación (aquí Odiseo sigue perdido en el mar Egeo sin remota pista de Ítaca y con enésimas corrientes que lo traen de regreso a Troya).

 

Jacques Rogge, presidente del Comité Olímpico Internacional, había separado en su discurso los conceptos de crisis económica y Juegos Olímpicos, hasta que en el pasado mes de diciembre admitió: “Puedes decir que los Juegos del 2004 tuvieron algo de influencia. Si observas la deuda externa de Grecia, podrías atribuir 2 ó 3 por ciento a los Juegos. Pero los Olímpicos pudieron organizarse con menor costo, hubo demoras que obligaron a dobles turnos, a trabajo de noche que cuesta más”. Atenas 2004 implicó 13,000 millones de euros y un derroche de fondos de la Unión Europea que estaban estipulados para otro tipo de proyectos.

 

Decían los griegos que sus viejos Olímpicos, como su vieja filosofía, su viejo Partenón y sus viejas matemáticas, eran todos triunfo de su vieja democracia… Y sus nuevos Olímpicos, vistos a ocho años, son para muchos fracaso de su nueva democracia, pretenciosa de perseguir añejos triunfos.

 

Las decenas de piezas difícilmente aparecerán y es lamentable… Las decenas de miles de empleos, mucho menos, y eso es todavía más preocupante.

 

@albertolati

 

Alberto Lati

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