Una de las principales transformaciones que vivió el país en las últimas cuatro décadas es la migración. Actualmente la población decidió trasladarse hacia las “ciudades medianas” como Aguascalientes, Toluca o San Luis Potosí, estas urbes están creciendo más en población y dinamismo económico, comparado con las grandes ciudades de tradición como Guadalajara y Monterrey. Este crecimiento complica la calidad y suficiencia de los servicios.

 

El investigador del Instituto de Geografía de la UNAM, Adrián Guillermo Aguilar, mencionó que en estas dos últimas megalópolis y el Distrito Federal, el crecimiento económico es de 1% contra 4% que se observa en Toluca, Pachuca, Cuernavaca o Tijuana. “Estos puntos son económicamente más dinámicos”.

 

Su crecimiento poblacional también es preocupante, sobre todo por aquellas que se encuentran cerca o ya pertenecen a las grandes zonas metropolitanas. “Eso crea complejos metropolitanos que generan una gran región urbana y es preocupante, desde la concentración de población, por el problema de falta de alimentos suficientes o escasez de agua”, dijo Aguilar.

 

Añadió que estas zonas dejan en desventaja a otras partes del territorio que quedan ocupadas por muy poca gente, por lo que las autoridades deben concentrarse en resolver los problemas que se presentan en las grandes urbes, dejando en segundo lugar a los otros territorios que tienen un potencial de crecimiento.

 

En 1974, la migración era del campo a la ciudad, debido al crecimiento de las grandes urbes y la oportunidad que representaban para los mexicanos. Desde los ochenta comenzaron a presentar problemas como el incremento de los precios, ya no se cubrían todas las necesidades de los habitantes y las inversiones comenzaron a darse en otras ciudades, explicó Aguilar.

 

“Empiezan (los migrantes) a llegar a ciudades medias del centro-norte del país, por ejemplo Aguascalientes, San Luis Potosí, o empiezan a llegar a la frontera norte con todo este asunto de la maquiladora, y además empezamos a tener complejos turísticos en litorales”, señaló.

 

Todo esto comenzó a ser atractivo y benéfico para aquellos que abandonaban el campo en busca de una mejor oportunidad, ya que había mayores oportunidades laborales y crecimiento económico. La tendencia se ha mantenido desde los noventa; todavía hoy se sigue viendo, aseguró el investigador.