Que Europa se ponga a jugar…

Alberto Lati

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En tiempos de euro-crisis, de huelgas, de renuncias de primeros ministros, de elecciones anticipadas, de nacionalismos extremos que espeluznantemente resurgen, de niveles de desempleo que desquician, por fin la palabra euro se asoció a otra cosa. Por fin futbol, por fin Eurocopa.

 

El viernes se realizó el sorteo de la Copa Europea de Naciones que habrá de jugarse a partir del 8 de junio en Polonia y Ucrania. Símbolo mismo de una vieja Europa que se descentraliza (o más bien se desoccidentaliza, se desplaza hacia el oriente del continente), por primera vez el torneo se efectuará en el lado este.

 

Esto supone algunas complicaciones logísticas; ya antes la Eurocopa se jugó en dos países vecinos, aunque tanto Holanda y Bélgica (edición del 2000) como Suiza y Austria (2008) presentaban tamaños, vías y fronteras mucho más accesibles, recorribles y cruzables.

 

En todo caso, tras una semana en la que alemanes, ingleses, franceses (la Europa que sin serlo más o mucho más, gusta de llamarse “vieja”) se dieron vuelo criticando los retrasos en las construcciones de estadios y los esquemas de traslados, en que la prensa prefirió hablar de la manifestación de ucranianas desnudas protestando contra la prostitución que derivará de la Eurocopa (y, triste para los ideales de las manifestadas, pero el morbo de sus expuestas curvas fue más repetido que su causa), por fin se sabe quién contra quién y cuándo y dónde.

 

 

GRUPO A

 

Normalmente el anfitrión cuenta con rivales menos complicados que el resto, pero esta situación se hace doblemente complicada con el nivel de una Eurocopa y cuando existen dos sedes.

 

El asunto es que Polonia fue el principal ganador del sorteo: República Checa, Grecia y Rusia, son tres selecciones a las que en teoría puede vencer y sería raro no ver a los polacos en la segunda ronda.

 

Los checos están en plena renovación y ven con nostalgia su última gran generación que brillara en la Euro 2004. Por el contrario, Grecia se resiste a dejar atrás su momento soñado, cuando en ese mismo 2004 fraguaron una de las mayores sorpresas al ser campeones, y sigue apostando a algunos veteranos de aquella gesta (por ejemplo, Karagounis y Charisteas) aunque el seleccionador Otto Rehagel (Ottopolis le decían por entonces al Acrópolis) ya no está a cargo. Por último, Rusia ha renacido futbolísticamente de la mano de una gran inyección de dinero de parte de su futbolera oligarquía y la meta es el Mundial 2018 que recibirán en casa; Andrei Arshavin es la figura rusa.

 

 

GRUPO B

 

Indiscutiblemente el sector más peleado con dos de los mejores equipos del continente (Alemania y Holanda) al lado de uno ávido de reivindicación (la Portugal de Cristiano Ronaldo) y otro que siempre es complicado (Dinamarca).

 

Alemania es favorito con un futbol que presentó la cara más fresca de su historia en el pasado Mundial; sí todavía mucho del sturm und drang que los caracteriza y define, del inquebrantable espíritu teutón, pero con un cuadro técnico, rápido, juvenil, creativo, encabezado por Mesut Ozil y un once de múltiples procedencias. Holanda, vigente subcampeona del mundo, volverá a jugar contra su más acérrimo rival que es Alemania, y cuenta para ello con un plantel completísimo, aunque algo dependiente de las piernas más frágiles del continente que son las del crack Arjen Robben; aún sin él, están Sneijder, van der Vart, van Percie, que es mucho. Portugal padeció demasiado en la eliminatoria e intentará lograr poner la capacidad ofensiva de Cristiano al servicio del equipo, algo no siempre logrado; su sociedad con Nani alcanzaría para todo. Y los daneses llegan al torneo en condición de víctimas, pero debemos recordar que en el clasificatorio pasaron por encima de los portugueses.

 

 

GRUPO C

 

España, aún con la base de los monarcas europeos (2008) y mundiales (2010) es el más poderoso equipo; los Casillas, Iniesta, Xavi, Villa, Xabi Alonso, llegarán todavía lejos de la veteranía y eso basta para que la apodada “roja” aspire a lo máximo, aunque pueden estar cansados (no han parado de jugar en cuatro años) o poco hambrientos (meta del seleccionador Vicente del Bosque: hacer insaciable a quien ya todo lo ganó). Italia tiene una realidad menos alentadora aunque haya solventado la eliminatoria con una defensa que apenas concedió dos goles en 10 partidos; regreso al mejor catennacio (en italiano “cerrojo”) que es su mejor forma de honrar a Maquiavelo: la gloria justifica los planteamientos ultra-defensivos. Irlanda, dirigida precisamente por un italiano (Giovanni Trapattoni) apuesta a un gran bloque que en torneos grandes suele crecer emocionalmente y más que desde el Mundial 2002 no asiste a un certamen de alto nivel, pero sus talentos (Robbie Keane y Damien Duff) han envejecido. Por último, Croacia pretende centrar en su crack, Luca Modric, una nueva máquina, mas no parece tan poderosa como antaño.

 

 

GRUPO D

 

En las librerías de Londres está de moda un libro llamado “1000 Years of Annoying the French”: mil años molestando a los franceses… Y el sorteo ha hecho abrir Euro a Inglaterra precisamente contra Francia, justo después de las palabras de Nicolás Sarkozy a David Cameron a propósito de otro Euro (“estamos enfermos de que nos critiques y nos digas qué hacer”). El asunto es que pese a la rivalidad presente en muchos campos más, en el futbol nunca han protagonizado agarrones especialmente férreos. Inglaterra intenta hallar identidad bajo el liderazgo de Fabio Capello (otro italiano) pero sufrirá la ausencia de su mejor jugador, Wayne Rooney, en la primera ronda; posee muchos jóvenes que esperan cambiar la inercia de una selección a menudo sobrevalorada y poco triunfadora. Francia es otra respecto al desastre del Mundial pasado, con Karim Benzema, Sammir Nasri y Frank Ribery, en condiciones de devolverla a lo más alto. Ucrania, aún siendo anfitriona, no lo tiene fácil para avanzar y está lejísimos de aquellos tiempos en que la selección soviética se componía de 13 ucranianos del Dynamo de Kiev (en México 86) pero es un cuadro muy disciplinado tácticamente (“futbol comunista” le llamaban a fines de la Guerra Fría, cuando el actual seleccionador, Oleg Blokhin, era el cerebro en la cancha). Y Suecia está en las manos del menos escandinavo jugador de su historia pero probablemente el más genial, el indomable Zlatan Ibrahimovic.

 

Vienen seis meses para ilusionarse con la Euro, esperando que el Euro no convierta el sueño en pesadilla. A ver si entonces el futbol acerca lo que la economía en vano intenta.

 

 

@albertolati

 

 

 

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