“Yo vivía por allá, a la derecha… Luego nos refugiamos en el sur… Es zona muy sensible, guarden sus cámaras y preparen pasaportes”. Estamos de pronto rodeados por alambradas, muros y torres de control. Tan cerca de la turística playa y ya frente a edificios abandonados a los que nadie se ha preocupado por quitar marcas de bala. La bandera de Chipre se empequeñece en el retrovisor y emerge un lábaro patrio similar al de Turquía pero con los colores invertidos. Es la misma ciudad, Nicosia, mas las letras griegas han desaparecido de los letreros.

 

En tan pequeño sitio, tan abierta herida, tan pendiente conflicto y tanto rencor humano (que no existe otro). Tan cerca del preciso lugar donde dice la mitología griega que nació Afrodita, emergiendo de la espuma como modelo de todo lo bello para la humanidad, este otro modelo de intolerancia: Chipre.

 

En la frontera, cascos azules de la ONU ven pasar el día, uniformes empapados en sudor, con algo de fastidio o apatía. Más pendientes que de nosotros, lo están de acercarse a la sombra y voltear a ver la hora, pero el tiempo parece atorado en este rincón del mediterráneo: rincón partido.

 

Rincón con dos largas formas de ser llamado: para Turquía y los turco-chipriotas “La República turca del Norte de Chipre”; para Grecia y los greco-chipriotas “Zona ilegalmente ocupada por el ejército turco desde 1974”. En todo caso, la última ciudad europea dividida.

 

Y el conductor, tras explicarnos que su familia vivía en el lado norte y lo perdió todo al escapar hacia el sur, habla de su pasión por un equipo cuyas siglas reivindican que siempre perteneció, mucho antes de la partición de la ciudad, a los griegos y no a los turcos: APOEL, Athletikos PodosferikosOmilosEllinonLefkosias, club atlético y de futbol de los griegos de Nicosia.

 

Dice, cuando ya estamos escuchando al almuédano convocar a la oración musulmana, y cuando pasamos junto a una iglesia convertida en mezquita –en el sur sucedió lo opuesto-, y cuando al café ya se le tiene que llamar turco y no griego, y cuando ya nos hemos impresionado con las ruinas de la vieja ciudad de Salamina, que su APOEL es amado por los greco-chipriotas porque ha sabido defender su honor; garantiza que brillará en la próxima Champions League. Es tanto lo que hablamos con él que poca atención ponemos a sus aparentemente absurdas predicciones futboleras.

 

 

Futbol e independencia

 

Dos estadios del Barcelona le bastarían para albergar a la total población de su ciudad, Nicosia; los seguidores de Cristiano Ronaldo en twitter formarían un país siete veces más populoso que al que representan, Chipre; todos sus jugadores juntos están valorados en una cifra que no alcanzaría para comprar ni medio futbolista estelar en Europa… Y ahí está, el club APOEL Nicosia, clasificado a los octavos de final de la Champions League.

 

Cenicientas han existido muchas en el deporte, pero no provenientes de un sitio tan particular, cuya historia deportiva resume también la de su dividida tierra.

 

El APOEL, como decíamos, fue desde un principio exclusivo de griegos, en épocas en que Chipre había pasado de manos otomanas a ser protectorado británico. Por ello su sede era conocida como “Casa ateniense”.

 

Cuando llegó el momento de sublevarse contra los ingleses, muchos atletas y futbolistas del APOEL se alistaron en el EOKA, ejército nacionalista que buscaba la independencia de la isla. De hecho, el primer condenado a muerte por disturbios fue un atleta del APOEL, Michalis Karaolis, hoy visto como héroe por los greco-chipriotas. En esas épocas, el equipo entró en su peor crisis pues la mayoría de sus estrellas estaban demasiado ocupadas en misiones del EOKA como para pensar en goles.

 

Poco después, el APOEL recuperó grandeza y participó en la liga panhelénica de futbol (o sea, enfrentando a rivales griegos), en lo que era visto por los aficionados como ejemplo para los gobernantes: integración en futbol que, pretendían, fuera metáfora de integración política.

 

A mediados de los setentas Turquía tomó el norte de Chipre, los greco-chipriotas se concentraron en el sur, Nicosia se convirtió en dos Nicosias y se abrió un conflicto que, aparentemente, nunca terminará.

 

Una década después de la llegada del ejército de Turquía, al APOEL le tocaba enfrentar al club turco Besiktas en torneo europeo. El cuadro chipriota no se presentó al partido (lo cual a la fecha es aplaudido por muchos de sus seguidores) y la Unión Europea de futbol decidió descalificarlo por un año.

 

 

El milagro 2011

En el inflado futbol actual cuesta encontrar un fichaje sensatamente bueno por menos de 20 millones de dólares. Sirva eso de referencia para explicar que la transferencia más cara jamás pagada por el APOEL ha sido el delantero brasileño Ailton: 1.35 millones de dólares.

 

Todo el plantel tiene un costo estimado de 23 millones de dólares, insuficientes también para comprar a cualquier mundialista español o argentino. En general, son jugadores desechados por otras ligas a los que no quedó más opción que quedarse ahí (por ejemplo, el ex puma Esteban Solari).

 

Pese a las evidentes austeridades, el APOEL se ha comportado implacable en esta Champions League. No le tocó un grupo especialmente complicado, aunque a priori  figuraba como el más débil; sus tres rivales (Oporto portugués, Shakhtar ucraniano y Zenit ruso) han ganado la Europa League y poseen presupuestos de otra magnitud.

 

A mitad de semana, cuando se dio la calificación, aparecieron imágenes de coches en Nicosia con cláxones y banderas del equipo ondeadas junto a las de Chipre y Grecia: es toda una hazaña lo que ha conseguido el APOEL.

 

Coches daban vueltas en torno al estadio del equipo y pancartas anunciaban que ahora van por Real Madrid, Manchester United o Barcelona… ¿Y, a todo esto, cómo se llama su estadio? Como no podía ser de otra forma, es el Pankipria, o sea, el estadio de todo Chipre, alusión al norte de la isla que reclaman de los turcos.

 

 @albertolati

 

Alberto Lati

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