Investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco buscan fuentes alternativas de ácidos grasos Omega 3 para el enriquecimiento nutricional de productos de muy alto consumo en la dieta del mexicano como el pollo y el huevo.
La ingesta de este tipo de ácidos contribuye a reducir niveles altos del llamado colesterol malo y triglicéridos en adultos mayores y personas de más de 40 años, derivados del consumo de alimentos que contienen grasas saturadas, por ejemplo la carne de res o de cerdo.
Jesús Morales Barrera, académico del Departamento de Producción Agrícola y Animal de esa unidad de la UNAM, explicó que la investigación tiene un beneficio social y para la salud, y se desarrolla desde hace más de una década de manera conjunta con la Universidad Autónoma Chapingo y el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán.
Con este trabajo ha sido posible identificar en el aceite del atún, así como de otras especies marinas, ácidos grasos Omega 3 para aplicar en el proceso de producción de pollo y huevo. Ambos productos se enriquecen con ácidos de fuentes nacionales, con lo cual se evita la importación de aceites de salmón, procedentes de naciones más cercanas al Ártico y que son más costosos.
Explicó que hay evidencias de que la ingesta de este tipo de ácidos ayuda a evitar algunos tipos de cáncer, contribuye al sano desarrollo cerebral de los niños y en la formación de su sistema nervioso.
Morales Barrera recordó algunos trabajos afines que se han hecho en otras partes del mundo, como el de los esquimales que no presentan problemas cardiovasculares debido al alto consumo de grasas de animales marinos, entre ellos focas y ballenas, que contienen Omega 3.
Otro fue el caso de los españoles, que pese a ser grandes consumidores de carne de cerdo tampoco presentaban problemas cardiovasculares porque el vino que consumen contribuye a la degradación de las grasas saturadas.
En la actualidad, el aceite de atún ya no se desecha al mar y se comercializa con un valor considerable en la industria de los alimentos y en el mercado existe gran variedad de productos adicionados con ácidos grasos, como la leche.
No obstante, urgió a contar con más apoyos para proseguir con estas investigaciones, por lo que continuará en la búsqueda de fuentes alternas que sean económicas para la alimentación de los animales que consume la población mexicana.