Ilustración: Xavier Rodríguez  

Falta muy poco para que se despeje la duda de si Donald Trump seguirá usando el “activismo tuitero”, como bien lo describió el secretario mexicano de Economía, Ildefonso Guajardo, o preferiría como sus antecesores echar mano de las herramientas tradicionales de la comunicación política.

 

 

Usar Twitter como una verdadera “arma de destrucción masiva” para socavar voluntades, herir reputaciones, formular amenazas personales e incluso anticipar políticas públicas funciona bien como candidato, aunque nadie sabe si esa “diplomacia de los 140 caracteres” será la misma cuando tome las riendas de Estados Unidos de manera oficial.

 
Con el uso de la red de la palomita blanca con fondo azul, el magnate ha hecho trizas los usos y costumbres de la diplomacia tradicional, desde Cuba hasta China, pasando por Rusia y Medio Oriente.

 
El vicepresidente Joe Biden le aconsejó hace poco al empresario: “Madura, Donald. Madura. Ha llegado el momento de ser un adulto. Eres el Presidente”, precisamente refiriéndose a su manía de adolescente de usar Twitter para comunicar todo lo que piensa. Mientras, el gobierno chino, a quien el magnate ha convertido en la diana de sus tuits, le hizo saber hace poco que la política exterior no es un juego de niños ni es lo mismo que hacer negocios.

 
Y es que mientras que el presidente Barack Obama escribió más de 15 mil 400 tuits, Trump ya superó las 34 mil 200 publicaciones y todavía no asume su cargo.

 
El profesor estadunidense Spencer H. Kimball, director del Washington Program Adviser del Emerson College Polling Society, asegura en una entrevista con 24 HORAS que la estrategia de comunicación de Trump “superó de lejos la de cualquiera de sus pares”.

 
“Trump entiende el medio (Twitter) y el lenguaje directo que usa encaja con su estilo de personaje ajeno a la política porque es contrario a la tradicional verborrea vaga y ambigua de los políticos tradicionales”, afirma el académico.

 
Sin embargo, todavía cuenta con suficiente margen de maniobra en sus tuits para ser capaz de pelotear en muchas direcciones. “En esencia, Trump está quedándose con el pastel y comiéndoselo a la vez, dos cosas imposibles de tener en forma simultánea”.

 
Esta manera de comunicarse tiene como ventaja principal, a juicio del especialista, que “puede impulsar la agenda y hablar directamente con sus seguidores sin pasar por los medios tradicionales y las rutas políticas”, pero la desventaja radica en “la expectativa de comunicación instantánea” que genera y los “efectos colaterales” que podría provocar sobre un tema si el republicano no abunda más y se mantiene en silencio. Kimball considera que le sorprendería si Trump “cambia su comunicación vía Twitter una vez que asuma la presidencia” y duda que otros políticos sigan su ejemplo porque estima que “sería muy difícil, casi imposible, copiar a Trump”, aunque no descarta que “pocos candidatos demócratas lo intentarán en 2020”.

 

 
“Creo que los modelos tradicionales de comunicación política han evolucionado a nivel mundial y los líderes ahora tienen la oportunidad de llegar a audiencias más grandes directamente a través de las redes sociales, que lo que pueden conseguir a través de medios tradicionales como la televisión, radio o periódicos”, afirma el experto.

 
“A medida que más personas pasan más tiempo en línea, más dólares invertidos en publicidad en los medios tradicionales pasarán a ser destinados en medios digitales y sociales, lo cual podría afectar la calidad de las noticias que se cubren por los centros y canales tradicionales”, vaticina el estudioso.

 
La cuenta @MatureTrumpTwts acumula más de 68 mil seguidores en apenas un mes de vida y se dedica a traducir al lenguaje políticamente correcto los desatinos que ha escrito el Presidente electo. Se trata de “una paródica cuenta alternativa sobre cómo un maduro y más presidencial Trump debería tuitear”, como sus propios promotores la describen.

 
Pero si Trump siguiera con su mismo estilo, para evitar metidas de pata que comprometan la seguridad nacional, debería tener, como el ex Presidente mexicano Vicente Fox, un vocero como Rubén Aguilar, que traduzca al lenguaje formal sus palabras, para evitar que se meta en un conflicto internacional de proporciones épicas que tenga consecuencias no sólo para Estados Unidos, sino para toda la humanidad.

 
Después de todo, no hay que olvidar que a partir del 20 de enero, Trump no sólo hará retorcerse el hígado a sus enemigos, sino podría con su teléfono generar las condiciones de una hecatombe planetaria, pues en sus manos tendrá las claves del arsenal nuclear estadunidense, algo más grave que poner a la Iglesia en manos de Lutero.