BRUSELAS. Su propuesta era inconsistente con su realidad, y por lo tanto, nada creíble. Grecia solicitó, horas antes de que expirara el compromiso con el Fondo Monetario Internacional, y coincidiendo con la segunda jornada de corralito, una nueva prórroga y un crédito de dos años al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) que, de facto, se trataba de un tercer programa de asistencia al país.

 

Interpretando su petición, quizá, lo que intentó hacer Alexis Tsipras, era enviar un mensaje al segmento griego que desea mantenerse en la Eurozona para mostrarse, unas horas después, como víctima del no rotundo.

 

Pero más allá de especulaciones, lo único seguro es que Tsipras ya perdió el Norte.

 

Los ministros de Economía y Finanzas de la zona del euro descartaron otra ampliación del rescate a Grecia, ante la imposibilidad de llevar a cabo los trámites necesarios antes de que el actual programa expire esta medianoche, anunció el ministro eslovaco de Finanzas, Peter Kazimir, a través de su cuenta de Twitter.

 

“El Eurogrupo ha terminado. La carta de (el primer ministro griego, Alexis) Tsipras incluye tres peticiones. La extensión del programa y una reducción (de la deuda) no es posible”, indicó por su parte el ministro finlandés, Alexander Stubb.

 

Nueva euforia por el voto

 

Pocos meses han pasado de la irrupción de Syriza sobre el bipartidismo de Nueva Democracia y Pasok, cuando a los griegos les han corrido una invitación para que acudan a las urnas el próximo domingo. Más allá de vestir al referéndum de etiqueta anti troika, su naturaleza no deja duda alguna: sí al euro o sí al dracma. Competencia de dos monedas por un país.

 

Si el lunes salieron disparados de sus casas ciudadanos troikófobos, ayer les tocó a los eurofílicos.

 

Miles de personas se manifestaron en el centro de Atenas para dar su respaldo al “sí” del referéndum.

 

Bajo el lema “Vivimos en Europa”, los manifestantes, entre 13 mil y 15 mil según las primeras cifras de la policía (que reporta la agencia EFE), hicieron un llamamiento al Gobierno para que garantice la permanencia de Grecia en el euro.

 

Los ciudadanos han entrado en una zona embrollada por sus sustos y aplausos. Hacer un análisis costo-beneficio para la decisión del domingo es lo recomendable. Salir se traduce en abandonar la red europea, en la época de redes comerciales y financieras; mantenerse le acarreará a los griegos mayor presión para su cinturón. Abandonar la red es quedarse en medio del desierto pensando que el modelo ricardiano del intercambio comercial continuará, lo mismo con Rusia o con Argentina y Venezuela.

 

Pero ayer, los griegos salieron a las calles no para retirar dinero, porque es imposible, sino para encontrar un motivo-válvula que los incentive a no perder su ADN, la catarsis.

 

Los manifestantes, entre los que había algunos miembros del partido conservador Nueva Democracia, portaban banderas griegas y coreaban lemas a favor de la permanencia en la eurozona.

 

Uno de ellos era Teodoro, de 44 años y dueño de un restaurante en Atenas.

 

“Nuestra generación no tiene el derecho a hacer que el país retroceda hasta 40 años atrás”, comentó a la agencia EFE en relación con la posible salida del euro.

 

Yanis, un joven policía que ha acudido a la concentración con un grupo de amigos, y Euclidis, un pensionista de 72 años, coincidieron también en que la situación del país empeoraría mucho si abandonara la eurozona, por lo que urgieron al Gobierno a tener “sentido común” para evitar este escenario.

 

Trafalgar Square, con Grecia

 

El de ayer fue un día extraño, tanto, como ver a unos manifestantes en Londres pidiendo la quita de la deuda griega. La agencia AP reportó desde Londres que “cientos de personas marcharon en Londres en solidaridad” con el país heleno solicitando el perdón de su deuda. Sí, Londres, la capital de la City, la bolsa que cotiza en libras.

 

Manifestantes en Trafalgar Square portaron carteles con el mensaje “Quiten la deuda a Grecia”, y en la misma participaron legisladores de izquierda, activistas sindicales y griegos preocupados por la crisis en su país natal.

 

“Realmente lamento los cambios que han sucedido los últimos seis años y no creo que los programas del FMI hagan alguna mejora”, dijo Chatzikyriakiclis Pencles, un maestro de 24 años.

 

Las horas en Grecia parecen días cuando uno voltea hacia el próximo domingo, el día en que competirán el euro contra el dracma en una carrera que no será de Maratón a Grecia, sino de Atenas a Bruselas.

 

La década catártica

 

12 de enero de 2010: El socialista Yorgos Papandreu revela que su antecesor mintió sobre el déficit, no era del 3.7% sino del 12.7%

 

24 de abril de 2010: Grecia solicita el primer rescate.

 

21 de julio de 2011: La UE pacta otro rescate, 109 mil millones.

 

23 de febrero de 2012: Grecia acuerda una condonación parcial de 100 mil millones de euros.

 

5 de mayo de 2012: Los conservadores ganan los comicios.

 

25 de enero de 2015: Syriza gana las elecciones y promete acabar con la austeridad.

 

30 de enero de 2015: Atenas rechaza cooperar con la troika y pedir prórroga del rescate.

 

28 de junio de 2015: Grecia ordena un corralito después de convocar a referéndum.