El Índice de Desarrollo Humano de los nueve municipios que abarca la sierra tarahumara está por arriba de algunos países pobres como Somalia o Haití; sin embargo, este indicador contrasta con el que registra México en su conjunto, y más aún con el del estado de Chihuahua.

 

El IDH que establece la Organización de las Naciones Unidas mide tres variables entre la población: el disfrutar de una vida larga y saludable, acceso a educación y nivel de vida digno. El nivel máximo es 1 punto.

 

En esta escala, la zona tarahumara alcanza un puntaje de 0.60 puntos, por arriba de Haití, que registra 0.454 puntos y Somalia, que aunque no tiene una cifra oficial por la guerra civil, se estima que es menor a la del país antillano; también se coloca ligeramente por debajo de los 0.61 puntos que registran naciones como Sudáfrica e Indonesia.

 

 

Sin embargo, los niveles de desarrollo de la población indígena de la sierra tarahumara se ubican muy por debajo de los 0.77 puntos que alcanza el país, y de los 0.858 puntos que tiene el estado de Chihuahua.

 

“México no es pobre, es un país desigual que tiene zonas como la (zona) tarahumara, donde hay pobreza”, señaló Valeria Valle, directora asociada del Centro de Diálogo y Análisis sobre América del Norte del Tecnológico de Monterrey.

 

“En Chihuahua hay un contraste muy grande. Tiene un municipio con alto índice de desarrollo y también nueve municipios indígenas muy pobres, equivalentes a la cuestión africana”, coincidió Enrique Casares Gil, investigador del departamento de Economía de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Azcapotzalco.

 

Señaló que estas comunidades, los rarámuris de Chihuahua y las poblaciones somalí y haitiana, tan alejadas entre sí, comparten la pobreza económica y social debido al nulo crecimiento económico.

 

“Ellos están en la economía primaria, son dependientes de la agricultura y tienen un sector de servicios primitivos. Tampoco tienen un comercio moderno, porque hay poco qué comerciar”, aseguró.

 

Esta debilidad los hace vulnerables a factores externos. La sequía del año pasado dejó sin comida a 12.4 millones de africanos; mientras que en América dañó los cultivos de Haití y Chihuahua, provocando la escasez de alimentos en perjuicio de las comunidades más pobres del estado.

 

Reportes internacionales destacaron que la poca ayuda médica y la falta de agua potable en las tres regiones desataron epidemias. En Haití, el cólera atacó a 14 mil y cobró la vida de seis mil 900 personas entre 2010 y 201.

 

En Somalia, el sarampión atacó a más de cinco personas, principalmente niños; la Organización Mundial de Salud calculó que sólo 30% de ellos contaban con un esquema de salud que los protegiera.

 

En el caso de los rarámuris, apenas esta semana las organizaciones no gubernamentales reportaron a cinco niños con hepatitis, una enfermedad que se propaga por la falta de agua potable y malas condiciones de higiene.

 

Aunque con variantes en cada caso, la violencia territorial es una realidad para esas comunidades. En África, por ejemplo, el grupo extremista Al-Shabab se enfrenta con el gobierno establecido, lo que ha ocasionado despliegue de tropas de ambos bandos, lo que dificulta la entrega de ayuda humanitaria y ocasiona la muerte de civiles.

 

En México el crimen organizado amenaza a los tarahumaras, quienes son reclutados para el cultivo de amapola en la sierra. La criminalidad en esta zona también impide el paso de maestros, médicos y brigadistas, quienes temen adentrarse en la sierra por temor a perder la vida, reportó en días pasados la antropóloga Ana Paula Pintado a 24 HORAS.

 

“Todos son factores sociales que no se logran superar porque no hay un desarrollo económico y se genera un círculo vicioso: la gente no exige a los gobiernos porque no hay educación, no hay servicios, sólo pobreza. Y no salen de ella porque no están educados, no están preparados para exigir que se acabe la corrupción y haya más oportunidades”, subrayó el académico de la UAM.

 

Sobre la ayuda que anunció el gobierno mexicano, el 15 de enero pasado, por cinco millones de dólares para la reconstrucción de Haití y el millón de dólares que en junio de 2011 envió a África para combatir la hambruna, el académico aseguró que “no creo que esté mal”.

 

“El gobierno tiene la capacidad económica para hacer las donaciones y atender a su población; habría que pensar en otros gastos que hace, como la Estela de Luz. Creo que el problema con los tarahumaras es que no ponen atención hasta que hay situaciones como éstas”, dijo el académico en relación con los recientes reportes sobre la precaria situación que enfrentan esas comunidades en la sierra de Chihuahua.

 

Valeria Valle coincidió en que nuestro país tiene la capacidad financiera para hacer estas donaciones. “México tiene un compromiso moral con Haití porque es líder de la región. Y a África tampoco puede negarla –la ayuda- porque es un país que también recibe cooperación internacional para solucionar sus conflictos”.

 

Sobre el tipo de medidas que debieran adoptar los diferentes gobiernos para ayudar a estos pueblos a salir de la pobreza extrema, refirió que especialistas como Jeffrey Sachs, quien dirige el programa de los Objetivos del Milenio de la Organización de las Naciones Unidas proponen continuar enviando dinero, comida y servicios a las naciones que lo requieren, para contribuir a su crecimiento económico sin intervenir directamente.

 

En tanto, William Easterly, economista especializado en temas de África de la Universidad de Nueva York, considera que el dinero aportado a estas naciones durante 50 años no los sacó de la pobreza, porque no se utilizó para abrir mercados, implementar infraestructura, ampliar los servicios y dejaran de depender económicamente de la agricultura.

 

“En mi opinión, ninguno de los dos está mal. Creo que un equilibrio podría hacer la diferencia en estas naciones”, aseguró el profesor de la UAM. De esta manera, se lograría un desarrollo de la zona, con otras opciones para subsistir cuando los factores externos amenacen su seguridad alimentaria o económica.

 

Los contrastes y las coincidencias

 

Somalia, Haití, Sierra tarahumara

Sequía La peor desde hace 60 años los dejó sin comida desde inicios del año pasado En 2011 llovió tres meses después de lo previsto, provocando pérdidas en el campo La escasa lluvia causó que las reservas de alimentos se agotaran en enero de este año

 

Desnutrición La crisis alimentaria provocó que el 20 de julio de 2011 la ONU declarara hambruna en la zona La ONU aseguró que la falta de alimentos tiene a la población a un paso de la hambruna Los gobiernos locales y federales reconocieron la hambruna en esta región

 

Situación de los derechos humanos Saqueos, torturas y asesinatos por la guerra civil. Cinco mil menores lesionados por armas de fuego Violencia de género, abuso y explotación sexual a niños y mujeres Despojo de sus tierras y asesinatos

 

Acceso a servicios públicos No existen 60% de la población es analfabeta. Carencia de servicios médicos. Drenaje y agua potable insuficientes No cuentan con agua, drenaje, piso firme o electricidad. La atención médica y escuelas es a través de las ONG

 

Violencia territorial La guerra civil entre el grupo Al Shabab y el gobierno limita la llegada de la ayuda internacional La falta de acuerdos políticos ha provocado enfrentamientos civiles y dos muertos en el 2011 El crimen organizado controla los accesos, recluta indígenas, limita la ayuda humanitaria

 

Epidemias Cinco mil afectados por sarampión en refugios 6,900 personas muertas por cólera hasta noviembre de 2011 Casos de sarna y hepatitis

 

 

 

Vulnerabilidad al cambio climático El efecto de La Niña contribuye a la sequía Constantes amenazas por ciclones y huracanes La Niña provoca sequía, pero también hay erosión del suelo por la pérdida de bosques

Población desplazada y refugiada Más de un millón han huido de la sequía y la guerra hacia Kenya y Etiopía Tras el terremoto de enero de 2010, 630 mil viven todavía en campamentos La invasión a sus tierras los obliga a internarse más en la sierra

Fuente: ONU y reportes de prensa