El miedo ha sido hasta hoy una forma muy efectiva de control social. Y entre más manipulada es una sociedad, más evidente es la eficacia de esa forma de robustecer un modelo de gobierno.

 

Hasta hace algunos años, la televisión y la radio eran las herramientas de manipulación más poderosas, con líderes de opinión al servicio del sistema que “vendían” verdades universales a un México que, en rigor, tenía los ojos cerrados al mundo, pues no existía Internet ni la consecuente apertura global mediática.

 

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Hay medios impresos que también son eficientes en el control social. Los periódicos que documentan los horrores que ofrecen las calles de la Ciudad para el deleite mórbido de millones de curiosos que salpican su asombro con la sangre del periodismo sensacionalista.

 

Pareciera que la lógica sigue siendo la misma de los años 60 y 70: A mayor sensación de inseguridad y peligro entre los ciudadanos, mayor dependencia a un Gobierno protector.

 

Hoy México tiene una gran ventana abierta al mundo, tanto para compararse con otros países como para exhibirse: Internet, una plataforma de comunicación que es ya un contrapeso a la manipulación a través de los Mass-media.

 

Es cierto que la penetración de Internet en México alcanza a menos de la población nacional mientras que la televisión alcanza a las mayorías. Sin embargo, Internet impacta a personas que influyen en su círculo social, gente que no necesariamente es usuario o cuenta con acceso a Internet.

 

Así, Internet ha demostrado detonar una poderosa propaganda de boca en boca (word of mouth), lo cual en el mundo ha generado una fuerte corriente de “contra propaganda”, movimientos de protesta y rebelión social que son vistas como anarquía por parte de los Gobiernos.

 

México no es la excepción. Los movimientos sociales legítimos on line, la crítica y la denuncia social y la persecución de funcionarios corruptos en redes sociales encuentran eco en sitios de periodismo independiente y en los medios más influyentes del mundo como la BBC, The Washington Post, The New York Times, Le Monde, Le Figaro… impactando con ello a la opinión pública internacional.

 

Es por ello que la corrupción es hoy percibida en el mundo tan mexicana como el mole, cuando es obvio que en todo el mundo -aunque no de manera tan cínica- existe el “chanchullo” tanto en la iniciativa privada como en su relación con los Gobiernos.

 

Pareciera entonces que mientras los noticiarios nocturnos de las televisoras y los periódicos de nota roja tratan de infundir miedo, a la usanza de las dictaduras idas, como un mecanismo de control donde el Gobierno busca posicionarse como “el gran protector”, en Internet la gente documenta cómo la corrupción e impunidad hacen que el sistema sea el que fomenta la inseguridad, lo cual ha generado la percepción -llena de impacto y credibilidad- que el Gobierno es el enemigo.

 

El miedo real hoy es constatar que nadie en el Gobierno sabe cómo contener una crisis que ya no es sólo de comunicación, lo es también de percepción ante los ojos del mundo. El descontento social, vía el alcance social de la plataforma World Wide Web, la cual no se controla con ‘chayos’ -dinero a comunicadores-.