Si este martes 30 de junio se le hace más largo puede que sea debido a que realmente lo es, ya que a primeros de año el Servicio Internacional de la Rotación Terrestre y Sistemas de Referencia decidió añadirle un segundo para evitar un desfase en la cada vez más precisa medición del tiempo.

 

Esta entidad, con sede en París, fue establecida en 1987 por la Unión Astronómica Internacional y la Unión Internacional de Geodesia y Geofísica con la misión de observar la diferencia entre las distintas escalas de tiempo y ajustar los pequeños desfases horarios producidos por la velocidad gravitatoria de la Tierra.

 

Estas variaciones afectan al Tiempo Universal Coordinado o UTC (medido por los relojes atómicos) en comparación con el tiempo ligado a la rotación terrestre (el que utiliza como referencia la posición del Sol).

 

La existencia de ambas formas de medición fue aprobada en 1970 por un acuerdo internacional, pero gracias a la precisión de los dispositivos actuales su sincronización no implica grandes problemas, más allá de un ajuste periódico como el que se producirá el último minuto antes de las dos de la próxima madrugada.

 

En España, el Patrón Nacional de Tiempos, situado en Cádiz (sur) es la institución encargada de añadir este segundo, cuando es necesario, desde el año 1976.

 

El responsable y, de algún modo, “jefe de la hora”, Javier Galindo, declaró hoy a Efe que “el proceso está automatizado, hemos hecho pruebas desde el 1 de junio para verificar que todos los protocolos están actuando adecuadamente, tenemos la certeza de que cuando se haga el cambio se producirá con perfecta normalidad”.

 

Este desfase en concreto se ha producido porque el tiempo ligado a la rotación terrestre ha sufrido un ligero retraso respecto al reloj atómico, que marca la hora de nuestros relojes y el resto de dispositivos electrónicos.

 

Galindo explicó que las instituciones encargadas de la coordinación horaria mantienen como referencia el movimiento del Sol, “sobre todo para facilitar la navegación marítima”, que debe tener una “buena referencia temporal y de los astros” para evitar pérdidas de rutas.

 

“Todo el proceso en los protocolos que controlan la difusión del cambio de hora está automatizado y con sus medidas de seguridad, por lo que lanza unos avisos que preparan a los sistemas para añadir este segundo sin necesidad de la intervención humana”, ha afirmado este experto.

 

Un cambio de un segundo en un procedimiento de este tipo puede causar más trastornos de los previstos…, o ninguno en absoluto, como se demostró con la falsa alarma del supuesto colapso tecnológico mundial que iba a producirse a raíz del llamado “efecto 2000” en los ordenadores.

 

A medida que acababa el siglo XX los expertos en tecnología informática se percataron de un error de “software” habitual entre los programadores, que no incluían la centuria en el almacenamiento de fechas con objeto de economizar memoria.

 

De esta forma, los programas sólo estaban preparados para funcionar durante los años que comenzaran con las cifras 19, con lo que el 1 de enero de 2000 sería interpretado por las máquinas como el 1 de enero de 1900 y ello podría provocar un fallo múltiple en los equipos electrónicos en todo el planeta.

 

Esta alarma mundial se demostró infundada gracias a una simple actualización del “software” y algo parecido sucede con el segundo añadido durante la próxima madrugada.

 

Galindo no cree que haya más reajustes a corto plazo porque “llevamos diez años discutiendo sobre abolir o no el segundo intercalado, y todo apunta a que finalmente quedará abolido, dado que hay muy pocos países que apoyan su conservación”.

 

“Incluso en el futuro es posible que se desarrolle un nuevo modelo de medición del tiempo”, añade, aunque habrá que esperar más de un segundo para conocerlo.