El hambre que padecen millones de habitantes en el mundo es cosa seria, aunque para algunos gobernantes es una variable política colocada en un tablero de ajedrez cuyo uso depende de la estrategia del juego político y electoral que se decida seguir.

 

No se trata de un guión de cine de ciencia ficción. Si bien toda comparación es mera coincidencia con aquella trilogía novelesca de Suzanne Collins -The hunger games- llevada al cine con la joven actriz Jennifer Lawrence como la adolescente Katniss Everdeen. En la vida real alrededor de 805 millones de personas en el mundo padecen hambre, ante la indolencia de muchos de sus gobiernos. Un 11% de la población mundial padece hambre.

 

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La semana pasada la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, publicó el documento “El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2014” con una noticia buena y otra no tanto para esta parte del planeta en la que vivimos.

 

La noticia buena es que América Latina es una de las regiones del mundo que mayores avances han registrado en materia de seguridad alimentaria en los últimos años y, por lo tanto, ha logrado reducir sustancialmente el número y porcentaje de víctimas del hambre.

 

En los últimos 24 años la población que padece hambre en la región pasó de 68.5 a 37 millones, una caída de 46%. Mientras que en 1990, 15.3% de la población total de la región padecía hambre, para 2014 esta proporción se redujo a menos de la mitad, 6.1% de la población total. Un porcentaje que ya coloca a la región en la lista de aprobación de los objetivos del milenio hacia 2015, planteados por las Naciones Unidas, al haber logrado reducir a la mitad este indicador.

 

La clave en la región -según el informe de la ONU- ha sido la consistencia en los programas de gobierno y en las políticas públicas en torno a la agricultura, alimentación y combate a la pobreza durante varios años, por encima de los cambios de gobierno, en buena parte de los países. Una muestra de ello ha sido Brasil con sus planes de política social denominados “Bolsa Familia” y “Hambre Cero”, que a través de programas de subsidios directos ha combatido con bastante éxito la pobreza extrema. Brasil no sólo ha cumplido con creces este renglón de los objetivos del milenio, sino también es uno de los 25 países que ya cumplió los ambiciosos objetivos que se plantearon en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación -establecidos en 1996 en Roma- de reducir a la mitad el número de personas desnutridas para 2015.

 

La noticia no tan buena de este informe que presentó la FAO es que México no ha avanzado significativamente en las últimas dos décadas y media en combatir el hambre que padece su población. Alrededor de seis millones de mexicanos sigue padeciendo hambre, una cifra que se ha sostenido durante este lapso, de allí que la FAO catalogue como “insuficiente” el progreso observado por México para lograr los objetivos de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación en 2015.

 

El informe que ahora comentamos no analiza con detalle el caso de México y las causas del estancamiento en el combate al hambre que padece la población más pobre del país, sin embargo es evidente que -además del pobre crecimiento económico logrado en este periodo- la política fiscal y las políticas sociales aplicadas para combatir el hambre fallaron.

 

La contradicción es evidente. En estos años una economía más abierta fortaleció su capacidad exportadora de productos agropecuarios incluso a nuevos mercados, a la vez que el gasto público se elevaba consistentemente año tras año. Sin embargo sus políticas sociales -plagadas de gastos burocráticos y de irrupciones por los ciclos político-electorales- mostraban su incapacidad para enfrentar la desnutrición y el hambre entre la población más desfavorecida.

 

Por los resultados que saltan a la vista, algo o mucho de la indolencia gubernamental de aquellos fantasiosos “juegos del hambre”, tienen relación con la política social mexicana aplicada en las últimas dos décadas y media con magros resultados.

 

SÍGALE LA PISTA…

 

La economía mejora. Los datos del IGAE a julio muestran una tendencia ascendente que se refuerza con una mayor recaudación tributaria en los primeros siete meses del año. Era esperada la mejoría. Pero aún habrá que ver el ritmo de recuperación que sigue el mercado interno.