Dicen que todo niño que nace trae torta bajo el brazo y un cheque en cada mano. Ojalá así fuera. Lo cierto es que los niños mexicanos que han nacido en los últimos 19 años –de 1995 a 2014- y que suman unos 53 millones en cifras redondas, lo que traen bajo el brazo es un pagaré por unos 17,300 pesos cada uno. Y este es solo un pagaré de otros tantos que en esta ocasión no abordaremos.

 

 

La razón de este abultado pagaré es la deuda que se ha acumulado durante estas casi dos décadas por el llamado ‘rescate bancario’ y que a finales de febrero sumaba poco más de 916 mil millones de pesos. Más de 862 mil millones en calidad de pasivos del IPAB (Instituto de Protección al Ahorro Bancario) y otros 54 mil millones del programa de apoyo a deudores. Estas cifras representan el 12 por ciento del saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público; es decir, de las obligaciones financieras totales que ha contraído el sector público año con año.

 

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Es probable que la nueva generación de jovenes que hoy alcanzan edades de entre los 16 y 20 años ni siquiera tengan memoria de que en México ocurrió entre 1994 y 1995 una crisis financiera que quebró prácticamente a toda la banca privada de aquel entonces, por lo que el gobierno implementó programas de ‘rescate’ para apoyar a los ahorradores y deudores bancarios, pero también para sacar a flote a los bancos quebrados; mismos que posteriormente se venderían –en su gran mayoría- a bancos extranjeros que son los que en nuestros días detentan la mayor parte de los activos del sistema bancario.

 

Pues bien. Esa deuda que se originó con el rescate bancario y que dio lugar a la creación del IPAB en el 2000, ha venido creciendo en los últimos 15 años según las cifras que reporta Hacienda a febrero pasado. Mientras que en el 2000 el endeudamiento era de casi 688 mil millones de pesos, la cifra ha crecido como la espuma –si se incluye el programa de apoyo a deudores- a más de 916 mil millones de pesos. Y lo seguirá haciendo en los próximos meses y años mientras que el gobierno federal no contemple este pasivo como parte de la deuda pública y se asignen partidas para amortizar el capital de la deuda, como lo ha recomendado ya la Auditoría Superior de la Federación.

 

Para que tengamos una idea de lo que cuesta este endeudamiento. Entre enero y febrero pasados se destinaron 5 mil 200 millones de pesos solamente al pago de intereses, comisiones y gastos financieros de esta deuda producto del rescate bancario. Un gasto anualizado de más de 31 mil millones de pesos que se compara de cerca con el presupuesto de 37 mil millones de pesos asignado para 2015 a la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

La pregunta es cuándo los diputados –que aprueban el presupuesto y la deuda pública anualmente- asumirán la responsabilidad de que esta creciente deuda producto del rescate bancario de hace casi 20 años, se asuma efectivamente como lo que es, deuda pública. O, mejor aún, cuándo se decide plantear una renegociación de esta deuda que se ha convertido en prácticamente impagable para las generaciones futuras.

 

Mientras eso ocurre, el pagaré que traen los recién nacidos bajo el brazo seguirá creciendo; como seguirán creciendo los impuestos para pagar –si acaso- los millonarios intereses de un rescate que buscó ‘salvar’ a un sistema financiero que en todos estos años ha costado –y lo sigue haciendo- una verdadera fortuna a los mexicanos.