Ya es lugar común escuchar las quejas entre los proveedores del gobierno federal en relación a la abusiva tardanza en sus pagos. Simplemente se les ‘alarga’ el tiempo de sus pagos sin explicaciones de por medio, nos han dicho los propios líderes empresariales.

 

Esta situación contrasta con las declaraciones de los titulares de las secretarías del gobierno federal que presumen grandes inversiones y proyectos que están en curso y que, teóricamente, significaría una gran derrama de recursos para la economía. Apenas el lunes pasado el propio presidente Enrique Peña Nieto se jactaba en el Estado de México que por causa de las reformas, como la hacendaria, se cuenta con mayores recursos para la construcción de más de 4 mil 600 obras de infraestructura en todo el país.

 

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No se duda que haya mucha obra en ejecución como lo dijo el Presidente, pero lo cierto es que la liquidez no llega a las manos de los proveedores del gobierno y eso se refleja en la mala situación que vive el consumo interno desde hace dos años. Ayer, el Banco de México volvió a señalarlo en su Anuncio de Política Monetaria en estos términos: “el consumo privado sigue sin registrar señales claras de reactivación y el mayor gasto público ha tenido un efecto limitado sobre el crecimiento”.

 

Y vaya que si lo saben los funcionarios del banco central que administran “la chequera” del gobierno federal y que han visto como ésta ha “engordado” en los últimos años, mientras que el dinero no llega a los proveedores. El promedio del saldo de los depósitos del gobierno federal en el Banco de México en 2012 ascendió a 277 mil 340 millones de pesos. En 2013 este saldo promedio creció a 331 mil 871 millones de pesos. Y para 2014 la chequera del gobierno federal ‘engordó’ aún más, a 435 mil 170 millones de pesos. Es decir, que la liquidez promedio del gobierno federal en su cuenta del banco central creció 56.9% entre 2012 y 2014.

 

Parece un sinsentido que el gobierno haga crecer el saldo en su ‘chequera’ mientras que a los proveedores no se les paga y no tienen liquidez para seguir trabajando. En el fondo es un reflejo de la burocracia hacendaria y de su ineficiencia.

 

Por un lado está la Tesorería y por el otro la Unidad de Crédito Público que prácticamente “ni se hablan” ni “se entienden”. Y ello provoca que se coloquen montos de deuda por encima de los vencimientos sin que importen los abultados saldos que ya tienen en “la chequera” del banco central.

 

Si bien con una parte de estos saldos se pagan los intereses de la deuda interna -que se concentran en junio y en diciembre- el hecho es que por alguna razón burocrática y de estrategia política de la propia Secretaría de Hacienda, el saldo de “la chequera” del gobierno federal en el Banco de México no baja de los 100 mil millones de pesos, un monto que podría considerarse como “el guardadito” del secretario de Hacienda.

 

Tan es así que estos 100 mil millones de pesos de saldo es una especie de “mínimo” que Hacienda no está dispuesta a reducir.

 

El hecho es que el gobierno federal mantiene ‘su cuenta bancaria’ con una alta liquidez en Banxico (al 23 de enero el saldo fue de 371 mil millones de pesos), dinero que no llega a las manos de los proveedores del gobierno haciendo aún más ineficaz el impacto del gasto público en la reactivación económica.

 

Hoy se tiene previsto -según el calendario de Hacienda- que el secretario Luis Videgaray dé a conocer los datos de las finanzas públicas a diciembre que seguramente reflejarán los graves efectos de la caída petrolera. Se espera que el secretario anuncie medidas de reducción del gasto en un mal momento para la economía, pero también se espera una explicación de por qué el dinero no llega a tiempo a los proveedores, detalles sobre la cobertura petrolera y si Hacienda piensa ‘cubrir’ a los gobiernos locales por la pérdida esperada en los ingresos.