La cuarta fue la vencida. Después de que en año y medio hicieran tres correcciones a la baja en sus pronósticos de crecimiento económico, finalmente la Secretaría de Hacienda decidió, esta vez, no mover su estimación de 2.7% de crecimiento para el año.

 

Sólo hay que recordar que a principios de 2013 la dependencia que encabeza el secretario Luis Videgaray estimó que la economía mexicana crecería 3.5%.  Un pronóstico que -cinco meses después, en mayo del año pasado- tuvieron que reducir a 3.1%, para que en agosto volviera a ajustarse, esta vez drásticamente, hacia 1.8%. Dos ajustes a la expectativa económica inicial del gobierno en 2013 que llevó prácticamente a la mitad el crecimiento esperado. Finalmente la economía creció 1.9%

 

En el arranque de 2014 las cosas no fueron muy distintas que el año anterior. La Secretaría de Hacienda arrancó el año pronosticando que la economía crecería 3.9%, pero dados los magros resultados al primer trimestre, en mayo el gobierno tuvo que aplicar su tercera corrección a la baja en lo que va del sexenio, llevando esta vez su pronóstico de 3.9% original hacia 2.7%.

 

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Es interesante observar que si se revisan los contenidos de las conferencias de prensa convocadas por el subsecretario del ramo, Fernando Aportela, para explicar a los periodistas el por qué de cada uno de los ajustes a los pronósticos -algunos muy marcados, por cierto- nos encontraremos con un común denominador en la explicación oficial: Que la economía mexicana había tropezado porque la marcha económica de Estados Unidos no se había dado según lo esperado debido a algún fenómeno transitorio.

 

En cambio ayer, por primera vez en año y medio, esta explicación oficial cambió radicalmente. Se nos dijo que la economía estadunidense sí ha mostrado un mejor desempeño, en particular el sector industrial, “jalando” al sector exportador y a los servicios del país que tuvieron un buen comportamiento en el segundo trimestre.

 

Y una cuestión más. Ahora sí, los funcionarios hacendarios hicieron hincapié en una especie de “despertar” del mercado interno -servicios y construcción- que coadyuvó a conseguir un crecimiento desestacionalizado de la economía de 1.04% en el periodo abril-junio respecto al primer trimestre del año. Aunque el aporte del mercado interno al crecimiento aún es incipiente, no se dejó de señalar.

 

Pero en esencia es el ciclo económico estadunidense el responsable de que Hacienda no tuviera -esta vez- que aplicar el cuarto recorte a sus pronósticos en lo que va de este gobierno; aunque -claro está- aún nada está dicho y hay quienes siguen mostrándose pesimistas sobre el estimado de 2.7% de crecimiento para el año.

 

No es exageración decir que si la Selección estadunidense nos “regaló” en bandeja de plata la calificación al Mundial de Brasil, lo mismo está ocurriendo con la economía. Hacienda pudo esta vez ahorrarse la vergüenza de un cuarto recorte consecutivo en sus pronósticos, gracias a la marcha económica de Estados Unidos, porque la incidencia de la política económica en el crecimiento sigue siendo menor.

 

Con toda la ayuda estadunidense que le permitió a la Selección Mexicana ir al Mundial, nada se pudo hacer para cambiar la suerte de aquel famoso quinto partido y así evitar la ya tradicional eliminación del equipo en la segunda ronda en cualquier Mundial de futbol a la que haya asistido fuera de México. En junio pasado, nada pudo hacer por sí mismo.

 

La pregunta ahora -que está de moda por la mercadotecnia política en torno a los resultados de las reformas- es si la economía mexicana podrá crecer por sí misma de manera sostenida a pesar del ciclo económico estadunidense y así evitar los pretextos de que volvimos a caer porque a los “gringos” les dio un resfriado.

 

Pero mientras se espera la respuesta, en los cuarteles de Hacienda, allá en Palacio Nacional, se escucha un grito lejano: “¡Gracias Estados Unidos!”

 

SÍGALE LA PISTA…

 

El Presidente anunció en Jalisco créditos por 44 mil millones de pesos para el campo a tasas de un dígito, de 7%, con plazos de hasta 15 años y con la sola garantía de las cosechas, según se informó. Con ello se asume que el principal problema que enfrenta el campo es el financiamiento, por sobre la estructura de la propiedad o los viciados canales de comercialización.