NUEVA YORK. El actor Gael García Bernal habla con Efe mientras rueda Neruda, a punto de estrenar Ardor, y, como buen mexicano, disgustado con las palabras xenófobas de Donald Trump, las despacha diciendo: “No gastemos tiempo en un imbécil”.

 

Ardor, la película que llegará a los cines de Estados Unidos el próximo 19 de julio, puede ser entendida como una síntesis de las inquietudes sociales y cinematográficas de García Bernal: es arriesgada, está dirigida por un cineasta joven (el argentino Pablo Fendrik), tiene una temática social y ecológica y él mismo la produce y protagoniza.

 

“Es una experiencia más que en una historia. Es un juego muy cinematográfico, se inspira mucho en el ‘western’ y lo transpone en una situación actual, en la selva, un lugar sin ley, de oportunidades, donde sucede una batalla de la ambición productiva, materialista, capitalista, por ponerle un nombre más escalofriante”, resume el actor de Amores perros y Babel.

 

En Ardor, presentada en el Festival de Cannes, García Bernal interpreta a Kai, una suerte de chamán, “una especie de ente extraño, que nace de la selva y que de alguna forma sabe defenderse. Sabe poner los recursos de la selva a su favor para defender el entorno pequeño y frágil de una familia que vive en el bosque”, describe.

 

En esa familia saqueada por un grupo de matones (encabezados por el dramaturgo Claudio Tolcachir) está la mujer que interpreta la brasileña Alice Braga, pero la naturaleza es, en realidad, la verdadera protagonista del filme, de ahí que sea parco en palabras, tenga algo de cine contemplativo y mucho de brutalidad silenciosa.

 

“La selva parece ser un entorno muy receptivo, con mucha riqueza, pero es un entorno también muy frágil, si eres lastimado, hay mucha vida que mata vida. Hay un orden armónico que se puede destruir. Las civilizaciones que han crecido dentro de la selva han caído por esa razón, como los mayas o algunas de Indonesia”, recuerda García Bernal, que compartió escenas con un jaguar en el filme.

 

Con esta película pretende que se cree “una curiosidad y una incomodidad también”, pues asegura que este filme “serpentea, quiere hacer cosquillas” y, a pesar de ser narrada en un ambiente tan exótico (en concreto, en las orillas del río Paraná, en Argentina), manda un mensaje que afecta a todos.

 

“Se puede extrapolar a cualquier situación en cualquier país. El desarrollo bien sostenido es distinto a un desarrollo bastante mezquino y que solo busca el beneficio personal”, asegura en la entrevista telefónica con Efe.

 

García Bernal continúa así apostando como productor (a través de Canana Films en la ficción y Ambulante en el género documental) por historias que la importan. Y trazando, poco a poco, el tipo de carrera a su imagen y semejanza.

 

“Me siento muy contento, la verdad, muy contento de que puedo hacer lo que me gusta, de que no tengo la necesidad de trabajar en determinada industria o estar encasillado en una carrera en particular. Puedo hacer el mío. Tener tiempo para respirar, para seguir creciendo en todo tipo de áreas del cotidiano, la familia y demás”, asegura.

 

Su carrera habla y escapa a toda clasificación: ha hecho la serie de Amazon Mozart in the Jungle, trabajó en España con Pedro Almodóvar (La mala educación), en Francia con Michel Gondry (The Science of Sleep) y en Chile con Pablo Larraín (NO).

 

Precisamente, con este último está rodando ahora Neruda, en la que interpreta a Oscar Peluchoneau, el detective que llevó a cabo la investigación contra el poeta por pertenecer al Partido Comunista.

 

“Estamos en plena filmación. estamos dándole. Es difícil de hablar de un proyecto a mitad de camino porque no sabes qué animal es, pero estoy muy contento y estamos dándole muchas ganas, jugando mucho con el tono de la película”, explica.