Este domingo habrá un show de músculo en la ciudad de México. Enrique Peña Nieto quiere llevar a 120 mil personas al Estadio Azteca, mientras que Andrés Manuel López Obrador quiere aglutinar un millón del Monumento a la Revolución al Zócalo. En términos de movilización, es más fácil que lo logre el priista. Pero en términos de fuerza, si López Obrador logra al menos la mitad, el mensaje de fortaleza habrá sido transmitido.
Los veracruzanos no se sorprendieron mucho cuando vieron las fotografías del ex candidato a diputado federal Alfonso del Rayo con el gobernador Javier Duarte y con su antecesor Fidel Herrera. Del Rayo no es un hombre ajeno a las élites de la política priista. Sin embargo, dicen los que saben, su abrevadero de relaciones realmente no está en Veracruz, sino en Tijuana, donde el establo de Jorge Hank Rhon, también es el suyo.
Beatriz Paredes tiene a todos colmados en el PRI. Ya no es sólo porque su campaña fue una decepción generalizada, sino también porque no quiere hacerla y, sobretodo, dicen los que saben, porque por encima de todo se quiere hacer la víctima. Su cercana, María de los Ángeles Moreno, la vocera oficiosa, dice que eso de las encuestas donde va tan abajo es una infamia producto de la manipulación de todas las encuestas, a las que paga Marcelo Ebrard.
Francisco Ramírez Acuña presentó este jueves las cartas credenciales ante el Rey Juan Carlos como embajador en España. Se ve sonriente, pero en el fondo, Ramírez Acuña se siente lastimado. Fue el primer secretario de Gobernación del sexenio y lo despidieron. Fue diputado y no avanzó. Calderón lo congeló y Josefina Vázquez Mota lo sumó de palabra a su campaña y en realidad lo marginó. Cuando salió la oportunidad de irse a Madrid la tomó, y pidió ayuda a un amigo. Ese amigo no fue panista, sino Francisco Rojas, del PRI.