Después del proceso de las llamadas primarias para elegir candidato republicano en nueve estados de la Unión Americana, y todavía con un calendario que llega hasta junio, la contienda electoral por la presidencia en nuestro vecino del norte está en pleno arranque. En un ejercicio que nos resulta si no ajeno, al menos muy nuevo en nuestro país, las primarias de los Republicanos apenas comienzan, y sólo se han disputado el voto de 243 de un total de 2,262 delegados. De acuerdo con el sistema electoral norteamericano, se requiere de una mayoría calificada (la mitad más uno) para lograr la nominación para contender por la presidencia por parte del partido Republicano, es decir, el voto de 1,144 delegados. Estos delegados, que se reparten en todos los estados dependiendo de una elección a nivel local determinada por cada comité estatal y del tamaño de la población, pueden ganarse mediante una reunión cerrada (llamada caucus) o mediante el voto de los miembros registrados del partido en una casilla de votación (elección primaria). Y finalmente en la Convención Nacional Republicana, prevista este año para el mes de agosto, se postula oficialmente al candidato del partido.
Al día de hoy, con poco menos del 90% de los votos de los delegados aún por definirse, la contienda es todavía muy joven para nombrar a un ganador. Si bien es cierto que en las preferencias de la opinión pública comienzan a posicionar a dos de los precandidatos republicanos a la cabeza de la contienda, los estados con mayor número de delegados, Texas (155, programada para el 3 de abril) y California (172 delegados, programada para el 5 de junio), todavía no definen sus ganadores y podrían fácilmente darle la vuelta a la nominación. Esto mismo sucede con el llamado “súper martes” que está previsto para el próximo 6 de marzo, en el que se disputarán el voto de 437 delegados en 10 estados. Los números señalan que la contienda republicana para nominar al candidato que deberá enfrentarse a Obama en la carrera presidencial, todavía está lejos de tener finalistas. El reto para los estrategas de cada uno de los precandidatos republicanos está en la fórmula para alcanzar el número mágico que les de al menos la mayoría calificada.
Adicional a lo anterior, la opinión pública norteamericana entre quienes pueden definir esta elección interna, no parece haberse decidido todavía. Newt Gingrich parece haber perdido el momentum que lo colocaba a la cabeza de las preferencias en la segunda mitad de enero y los medios de comunicación presentan resultados que indican un crecimiento considerable en las preferencias por el ex senador por Pennsylvania, Rick Santorum (30% entre los republicanos en el último sondeo del Pew Research Center), mostrándolo en un empate técnico con el ex gobernador de Massachussets, Mitt Romney (con el 28% de las preferencias en el mismo sondeo). Este virtual empate es confirmado por la reconocida casa encuestadora Gallup, que pone a Santorum con el 30% y a Romney con el 32% de las preferencias. Llama la atención la manera y la rapidez con la que las preferencias se han movido. Sin embargo, nada está escrito todavía: Santorum cuenta únicamente con 72 delegados frente a 123 de Romney a la celebración del caucus de Maine, el 11 de febrero pasado. Esto nos muestra que, si bien las preferencias parecen equilibrar las posiciones, mucho depende todavía de lo que sucederá en los siguientes meses y de cómo jueguen cada uno sus cartas para ganar no sólo los corazones de los republicanos, sino el voto de sus delegados.
Maestra en Políticas Públicas por la London School of Economics and Political Science. Es asociada de SIMO México. www.simomexico.com