El primer pronóstico revisado a la baja que debería atender el próximo Gobierno de Estados Unidos es el del Reino Unido.

 

Claro que una baja en la economía británica tiene un impacto en Estados Unidos, pero si fuera por las repercusiones resulta más variada la gama de efectos negativos para el país norteamericano si baja el crecimiento mexicano no sólo por lo comercial, sino por el incremento del flujo migratorio.

 

Pero la revisión que hizo el Gobierno británico del desarrollo económico para el próximo año fue tan drástica como ya no esperar 2.2% de crecimiento de su Producto Interno Bruto, sino solamente 1.4%.

 

Este derrumbe tiene explicación en una sola palabra: Brexit.

 

La lección para Estados Unidos es que ese nacionalismo que llevó a una mayoría a apoyar la salida británica del bloque europeo puede ser una historia-espejo de los electores que llevaron a Trump a la victoria como antesala de una disminución del crecimiento económico.

 

No es comparable el mercado que aporta la Unión Europea al Reino Unido con la contribución industrial y comercial mexicana a la economía más poderosa del mundo.

 

Pero romper cadenas del libre comercio puede acarrear repercusiones para la producción, por la interrupción del flujo de bienes intermedios entre las dos naciones y por las presiones inflacionarias que traerá a los consumidores estadunidenses tener que pagar más por las importaciones.

 

Pero, además, el plan fiscal que propuso Donald Trump durante la campaña parece un camino directo para agravar otros problemas que también padecen los británicos: el descomunal aumento de la deuda interna y los desequilibrios presupuestales.

 

Por lo pronto, en México, la simple expectativa de enfrentar un entorno más complicado para el comercio exterior y para las finanzas nacionales ha llevado a la revisión a la baja de las previsiones de crecimiento económico de muchos analistas, de organismos internacionales y del Banco de México.

 

Por ahora, la Secretaría de Hacienda se ha ensimismado en sus pronósticos prácticamente inalcanzables por la simple razón que alterar ahora sus expectativas tendría que obligar a un replanteamiento presupuestal y parece que quieren ganar algo de tiempo antes de ello.

 

El Banco de México ya no cree que la economía nacional habrá de crecer en promedio 2.5% el próximo año, sino solamente 2%. Hay analistas en la parte alta del pesimismo que estiman apenas un desarrollo de 1%. Lo malo es que a veces son los más atinados.

 

Estados Unidos está hoy en pleno proceso de expansión, pero eso políticamente es acreditable a Barack Obama. Pero no parecen lejanos los días en que inicie la corrección de las estimaciones para Estados Unidos si Trump empieza a cumplir con su rosario de promesas de campaña.

 

Ya sería tiempo de preguntar a los electores británicos si están bien con su Brexit o si se arrepienten de su arranque patriotero.

 

Quizá no pase tanto tiempo antes de que los votantes estadunidenses más radicales se arrepientan de su gracia electoral del 8 de noviembre pasado.