Cuenta Arrigo Sacchi que su mayor problemática para construir al laureadísimo Milán de los ochenta, fue convencer a Silvio Berlusconi de que no era posible limitarse a fichar enganches.

La tentación es grande dado el brillo –real real y mediático–, de quien lo mismo crea que asiste y anota. Quien porta el 10 carga con un aura de futbolista total, de amo del juego, de director de orquesta, de vector de tiempos, espacios y destinos.

 

Ahora bien, ¿cuántos elementos con esas características caben en una alineación? El Brasil del Mundial México 70 logró ingeniárselas para acomodar a cinco dieces (Rivelino se pegó a la izquierda, Jairzinho se adelantó, Gerson a la derecha, Tostao con más sacrificio y Pelé como eje). Al tiempo, este Real Madrid ha logrado acoplarse casi de forma milagrosa con dos medios –Toni Kroos y James Rodríguez, o ahora Isco– y dos delanteros –Cristiano Ronaldo y Gareth Bale– que encajarían a la perfección en la definición de un mediapunta, de un casi-delantero, de un volante con marcadísima vocación de ataque.

 

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Así llegamos al tema Marco Reus, espléndido ofensivo alemán que es hoy objeto del deseo de los principales clubes de Europa. ¿Qué condiciones tiene este crack que se ausentó del pasado Mundial por una lesión tan desafortunada como inoportuna? Desequilibrio, desborde, pases al hueco, trazos largos, disparo de media distancia, definición ante el arco rival, velocidad, distribución de balón. Cada jugador es diferente, pero los factores recién enlistados podrían corresponder con relativa facilidad a Bale, James o incluso Cristiano (pero el Madrid parece empecinado en quedárselo), lo mismo que a Messi, Neymar o Iniesta (pero el Barcelona lo desea con fervor), lo mismo que a Robben, Ribery o Götze (pero el Bayern no ve la hora para firmarlo).

 

En definitiva, que las principales novias de Reus ya tienen elementos de su tipo (ojo: alguno más rápido o técnico, otro más goleador o inteligente, aquel más pasador o potente). Claro que un jugador como él potenciaría a cualquier plantilla, más allá de que de entrada parezca destinado a la banca en los tres ejemplos mencionados, y en alguno más como el Manchester United que suspira por él.

 

Al margen de que las temporadas son muy largas y es necesario contar con alternativas en caso de lesiones o suspensiones, aquí entra otra variante propia del capitalismo futbolero: no sólo fichar a un astro para mejorar a tus huestes, sino para evitar que lo tenga algún rival directo.

 

La situación de Reus es la siguiente: su contrato con el Borussia Dortmund concluirá en junio de 2017, pero a partir del próximo verano una cláusula le permite salir a cambio de 35 millones de euros, un regalo dada su dimensión. Sus 25 años de edad permiten creer que seguirá creciendo, aunque este semestre ha jugado muy poco a causa de varias lesiones.

 

Si me preguntan hoy en dónde lo pondría el Madrid, sólo se me ocurre que sería en detrimento de James, Isco o Bale, que suficiente desafío ya es alinear a tantos elementos sin original vocación defensiva, sin sacrificio, sin contención. Algunos especulan que podría intentarse algo así: Kroos, James y Reus en la media, más Bale, Cristiano y Benzema en la delantera, formación propia de videojuego o de los años cincuenta cuando se aglutinaban hombres arriba y la necesidad de defender recaía en muy pocos.

 

¿Comprarlo para sentarlo o para presionar a los titulares? Eso también representa adquirir un problema ya que nadie de ese nivel admite que su destino sea la banca.

 

Pronto surgirán noticias y en el aire estará esa reflexión de Arrigo Sacchi: si por los presidentes de club fuera, toda inversión sería por jugadores de la estirpe de Maradona o Zidane…, pero precisamente bajo la refutación de esa idea se hizo su sensacional Milán.

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