Lo mejor que ha hecho Disney desde que compró Lucasfilm y se adueñó de la franquicia de Star Wars ha sido adaptar la historia de la familia Skywalker a los tiempos actuales, teniendo como protagonistas de las dos más recientes películas a mujeres fuertes, valerosas y determinadas que no le piden absolutamente nada a los héroes del universo masculino de Marvel y anexas.

 

Cuando hace un año se estrenó El Despertar de la Fuerza, millones de chicas por fin se pudieron ver reflejadas en la saga gracias al personaje de Rey (Daisy Ridley), que fue tan impactante que muchos misóginos no pudieron aceptar y terminaron diciendo que era un “hombre con falda”. Ahora, Disney repite la fórmula en Rogue One: Una Historia de Star Wars con Jyn Erso (Felicity Jones), una mujer que pese a no tener ningún poder más allá de su determinación y valentía, es capaz de liderar una misión suicida que tiene como objetivo el robar los planos de la Estrella de la Muerte para que la Alianza Rebelde encuentre una falla y pueda destruirla.

 

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Esa es, en términos generales, la historia de Rogue One que, dicho sea de paso, es la mejor película de Star Wars desde El Imperio Contraataca… y sí, mejor que El Despertar de la Fuerza en términos de acción y de ese sentimiento de estar viendo Star Wars en su más pura expresión. No, en Rogue One no hay Jedis, ni enseñanzas filosóficas acerca de la Fuerza o el Lado Oscuro, ni personajes que se apelliden Skywalker, Solo o Kenobi. Sus héroes son más comunes y corrientes y, por tanto, más empáticos con la audiencia.

 

Al ser un spin-off o historia lateral de la saga principal, permite mostrar una historia mucho más humana, sin el elemento místico de La Fuerza (salvo uno de los personajes, Chirrut Imwe, quien es creyente en la misma, pero sin desarrollar las capacidades de un Jedi), sino sólo la habilidad y voluntad de un grupo de combatientes que se unen a la Rebelión por una causa justa: evitar que el Imperio se apodere de la galaxia.

 

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El filme entrega 133 minutos prácticamente sin desperdicio, llenos de acción y presentando a nuevos personajes que, si bien nunca logran cuajar por completo, se convierten en unos héroes del tipo de los soldados que van a la guerra, ayudan en una misión importante, pero sus nombres son prácticamente desconocidos. Así conocemos, además de Jyn Erso -hija de Galen Erso (Mads Mikkelsen), un respetado científico al que el Imperio obligó a desarrollar el proyecto de la Estrella de la Muerte-, a Cassian Andor, un oficial de inteligencia de la Alianza Rebelde cuyos métodos son bastante cuestionables (Diego Luna, estupendo, logrando una gran química como coprotagonista junto con Jones).

 

Ellos, junto con un grupo de renegados integrado principalmente por Bodhi Rook (Riz Ahmed), un piloto imperial desertor; Baze Malbus (Jiang Wen), un guerrero rebelde; el mencionado Imwe (Donnie Yen); y el androide K-2SO (voz de Alan Tudyk), una especie de C-3PO pero en cínico y sin modales de protocolo, junto con un nutrido pelotón, deciden arriesgar su vida para poder robar los planos de la superarma del Imperio, cuya existencia desencadena los acontecimientos de la película original, Star Wars: A New Hope.

 

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Rogue One es una especie de Episodio 3.5, pero lo que es un hecho es que se trata de la mejor precuela de la saga, superior por mucho a los Episodios I, II y III. Echando mano de todos los recursos técnicos que un filme de este calibre puede dar, y de su gran amor por la trilogía original de Star Wars, el director del filme, Gareth Edwards, logra varias cosas en un mismo paquete: secuencias de guerra espectaculares y crudas, fuertes, en las que muere gente y no de manera agradable; revivir a algunos personajes conocidos de la historia original y lograr una atmósfera oscura, diferente en tono y ritmo a El Despertar de la Fuerza, que es mucho más familiar.

 

Otro elemento a destacar es el trabajo en la música de Michael Giacchino, ganador del Oscar por Up!, quien no nada más entró al relevo del compositor original de Rogue One, Alexandre Desplat (quien salió del proyecto por problemas de agenda provocados por las tomas adicionales que se hicieron del filme, que alargaron el tiempo de producción), sino que tuvo que llenar los zapatos del legendario John Williams, quien por primera vez no compone el score de un filme de la saga.

 

Pero Giacchino logra sacar adelante el trabajo y con creces, pues aunque retoma varios elementos de los temas compuestos por Williams, le añade su toque para hacer suyo el score, en un trabajo muy similar a lo que logró cuando hizo lo mismo para Mundo Jurásico, retomando también el espíritu de Williams pero dándole su toque. Sin duda, su trabajo en Rogue One es uno de los mejores de su carrera, a pesar del poco tiempo que tuvo para realizarlo.

 

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Dentro del llamado cánon de Star Wars, Rogue One vive y muere gracias a dos elementos en particular: el primero es la presencia y el comando que ejerce en pantalla Felicity Jones, quien a pesar de ser una actriz menudita, es simplemente perfecta para dar vida a Jyn, quien es una patea-traseros aunque sin caer en extremos de hacerla masculina. Jones ya ha estado nominada al Oscar, y si bien el personaje y su trabajo aquí no son como para ganar premios, demuestra que es capaz de llevar sobre sus hombros el peso de una franquicia tan sobrecogedora como puede ser la creada por George Lucas.

 

El segundo elemento es que es una historia que tiene apertura, desarrollo y desenlace, es decir, es una historia que termina, que no deja abierta la posibilidad de una secuela, justo como es el espíritu de estas nuevas películas de la llamada Antología de Star Wars: cintas individuales que aportan elementos a la saga principal, pero tienen un cierre. En términos generales, Rogue One es simplemente espectacular por donde se le vea. No, no es una película perfecta, pero es una adición refrescante y con otro espíritu al que estábamos acostumbrados. Su última media hora es inolvidable, y los últimos 10 minutos lo son aún más, pues ligan perfecto los eventos con lo que conocemos de Episodio IV.

 

Emocionante, oscura, llena de acción y con un ritmo que prácticamente no decae, Rogue One es, como lo mencioné al principio, Star Wars en su más pura esencia: una historia de guerra intergaláctica. No se la pueden perder.