MADRID.- Desde Jacqueline Kennedy a Melania Trump pasando por Michelle Obama, Hillary Clinton o Nancy Reagan, son cuarenta y cinco las primeras damas que han sido inquilinas en la Casa Blanca, mujeres de distinta procedencia y origen que, en una sombra alargada, han ejercido un papel importante en política social.

El papel de Primera Dama nadie lo pide, se asume, y en función de su personalidad, valores y actitud se desarrolla con mayor o menor carisma, “una labor que sirve para hacer más cercano al líder político”, explica el director del Grado en Diseño de Moda de ESNE– Escuela Universitaria de Diseño, Innovación y Tecnología en Madrid, Rafael García.

 

 

Melania Trump, la nueva inquilina de la Casa Blanca, una mujer con un perfil muy diferente a las demás, nacida en Eslovenia y modelo de profesión, tiene por delante cuatro años para demostrar su implicación social y apoyar a su marido desde un segundo plano.

 

 

Michelle Obama o Hillary Clinton han arrollado con su personalidad, su legado no ha sido precisamente de los que reposan a la sombra de su marido.

 

 

Todo estreno como Primera Dama tiene un punto de partida, un discurso que comienza el día que toman posesión, una jornada cargada de simbolismo, en la que nada es baladí y en la que expresan su personalidad con su actitud y su estilismo.

 

 

Al igual que hicieran sus antecesoras, Melania Trump, que ahora se enfrenta a las inevitables comparaciones, ya sabe que acaparar miradas, sonrisas y ganarse el cariño de los americanos empieza por su estilismo.

 

 

Si antes era más atrevido, con pronunciados escote, siluetas marcadas y brillos por doquier, “ahora su imagen es más minimal, está más pulida”, explica García, quien está convencido de que Melania Trump “seguirá las tendencias del momento, pero va a controlar mucho más su imagen para no ensombrecer a su marido”.

 

DCA