Solamente una vez Italia fracasó en su intento de calificar a una Copa del Mundo.

 

Sucedió rumbo al Mundial de 1958, jugado precisamente en el país ante el que esta semana disputará la repesca para acudir al 2018, Suecia. Se dio, además, en una eliminatoria especialmente insólita, en un auténtico teatro del absurdo.

 

Por primera vez, las selecciones británicas habían accedido a eliminarse con el resto de las europeas y ya no en una fase particular –así habían hecho en los dos procesos anteriores, convirtiendo su añejísimo British Home Championship, en el certamen que decidiera a su representante mundialista.

 

Así que a Irlanda del Norte le tocó compartir grupo con Italia y Portugal, seis cotejos que se extenderían a lo largo de un año. Cuando en diciembre de 1957, norirlandeses y azzurri definirían al ganador del sector en Belfast, a Italia le bastaba con el empate. Sucedió, sin embargo, que la neblina impidió llegar al árbitro húngaro Istvan Zsolt, quien había dejado muy ajustados los tiempos de su traslado por trabajar también en la Casa de la Ópera de Budapest.

 

Los ingleses ofrecieron de inmediato a Arthur Ellis, uno de los silbantes más célebres de la época, pero a Ottorino Barassi, quien encabezaba la federación italiana y célebre por haber escondido la Copa Jules Rimet durante la Segunda Guerra Mundial, le pareció que Ellis sería tendencioso a favor de Irlanda del Norte.

 

Con el estadio ya lleno y los jugadores en los vestuarios, no quedó más que convertir la vital cita en un partido amistoso…, palabra del todo alejada de la realidad: se bautizó como Batalla de Belfast a una de las mayores broncas en la historia de este deporte, con aficionados enfrentados a futbolistas en plena cancha. Todavía tenían que definir un boleto para Suecia 58, pero incluso las relaciones entre los gobiernos se habían congelado.

 

Mes y medio después, jugaron llenos de suspicacias y tensiones diplomáticas: Irlanda del Norte se impuso 2-1 y esa Italia reforzada por dos conquistadores uruguayos del Maracaná en Brasil 50 (Alcides Ghiggia y Pepe Schiaffino) se quedó sin Mundial.

 

No obstante, aquel fracaso italiano no fue cosa aislada, con la peor crisis de esta selección iniciada en los años cincuenta (cuando echaba en falta a los pilares del Torino fallecidos en el accidente aéreo de Superga) y prolongada hasta los sesenta, décadas en las que nunca pasó de la primera ronda en el Mundial. Crisis cuyo único paralelo es la actualidad, tras haberse atorado en fase de grupos tanto en Sudáfrica 2010 como en Brasil 2014.

 

Suecia no debería suponer mayor problema para Italia, aunque a su favor tiene el no estar asediada por la historia: dejar de ir a un Mundial, sesenta años después, sería una marca indeleble en cada jugador azzurro. Y esta vez, por lo que parece, sin tamaño sin-sentido ocupado del guion.

 

Twitter/albertolati

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