¿Será España capaz de rescatar a sus bancos? Esa fue la pregunta con fuerte olor a pesimismo que ayer inundó los salones del Banco Central Europeo y que llevó a las mesas de los cambistas a deshacerse de los euros para refugiarse en dólares y yenes.

 

El euro se depreció una vez más en esta semana y cerró en 1.23 dólares, después de 1.26 que cotizaba hace una semana y 1.31 de hace un mes. Con todas las malas noticias encima por una asombrosa falta de acuerdos entre los políticos del viejo continente, la moneda europea se ha resistido a devaluarse más y quizá a estas alturas ya debería estar rozando una paridad de 1.1 dólares.

 

Ahora es España la principal preocupación. Más allá de su abultado endeudamiento público y de su prolongado estancamiento económico, es la banca la que se ha convertido en el talón de Aquiles de la economía española, y Bankia la flecha que fue disparada revelando la brutal fragilidad del orgulloso modelo español. La salida de capitales extranjeros de España, que dio a conocer ayer el Banco de España, solo confirma esta delicada situación.

 

Mariano Rajoy, quien heredó el desastre en ciernes, se ha enfrentado con balbuceos al reto. Ayer Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo y quizá el único salvavidas real de la banca española, le recordó lo timorato que fue al no reconocer la peligrosidad del cáncer enquistado en Bankia. “Esa es la peor manera posible de hacer las cosas porque al final todo el mundo acaba haciendo lo correcto, pero al costo más alto posible”, ha dicho Draghi. Si bien el presidente del BCE es impulsor de la formación de una Unión Bancaria Europea (una especie de Fobaproa europeo) que responda a los depositantes y haga frente a las quiebras bancarias, Draghi ha rechazado financiar directamente el rescate de la banca española a instancias de Alemania, dándole un mazazo a la escasa confianza en la salida española.

 

Ayer los inversionistas se preguntaban si el gobierno español sería capaz de financiar los 19 mil millones de euros que requiere Bankia con onerosas tasas de rendimiento de 6.4% a 10 años y una elevadísima prima de riesgo que ronda los 540 puntos sobre el bono alemán. Un costo muy alto e insostenible para España.

 

De allí que la versión periodística que circuló sobre un plan alternativo del FMI para rescatar a España cayó en tierra fértil y abonó al nerviosismo a pesar que fue desmentido horas más tarde.

 

Este recalcitrante pesimismo debilitó una vez más al euro con consecuencias sobre las monedas de mercados emergentes como el peso mexicano y el peso chileno.

 

Pero para el debilitamiento del peso mexicano hubo ayer una razón adicional: El pésimo reporte a mayo de la actividad manufacturera en Chicago (Chicago PMI) resultó muy por debajo de las expectativas (52.7 versus 56.1) y el menor desde septiembre de 2009, lo que para los exportadores mexicanos, especialmente de vehículos, es una mala noticia que revela una menor demanda en Estados Unidos y una menor oferta de dólares a futuro.

 

Todas estas son razones fueron suficientes para que el peso se depreciara 2% frente al dólar, pero algunas versiones periodísticas añadieron el factor ‘López Obrador’ a la depreciación del peso. Un factor fantasma creado al calor de las elecciones.

 

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