Cuando aún crecía el número de muertos y las familias lloraban a las víctimas del atentado contra una boda kurda en el sur de Turquía, el presidente, Recep Tayyip Erdogan, informó que el atacante suicida que mató a 51 personas era un adolescente de entre 12 y 14 años, y que la investigación “apunta” a la milicia Estado Islámico.

 

El atacante se inmoló a última hora de la tarde, cuando una multitud se congregaba frente a un salón de fiestas en la ciudad de Gaziantep, una de las más importantes para la minoría kurda en Turquía, para celebrar la boda de dos militantes del principal partido de izquierda de la actualidad y el más atacado por el gobierno de Erdogan, el prokurdo HDP.

 

A mediados del año pasado una serie de ataques suicidas golpearon manifestaciones y eventos de la minoría kurda y de la izquierda en el sureste del país, donde se concentra ese grupo étnico. Erdogan rápidamente acusó al EI, pero la dirigencia kurda responsabilizó al gobierno y lo acusó de ser cómplice de esa milicia y su lucha contra el vecino gobierno sirio, un enemigo declarado del presidente turco.

 

Este cruce de acusaciones terminó rompiendo tres años de cese de hostilidades y de proceso de paz entre el gobierno de Erdogan y la principal guerrilla kurda, el PKK, y reactivó la represión masiva del primero y los ataques del segundo.