Sólo 8% de los pacientes diabéticos en México utiliza insulina en su tratamiento, una tasa muy baja si se toma en cuenta que países desarrollados alcanzan 20%; esto, debido a que existen muchos mitos alrededor de este fármaco y la gente se resiste a utilizarlo.
“La gente cree que se va a quedar ciega o se le va a tener que amputar un pie porque es culpa de la insulina (…), pero no es que la insulina los deje ciegos, lo que pasa es que cuando se empieza dar insulina, se da muy tardíamente y ya los pacientes están complicados”, dijo Margarita Blanco Cornejo, subdirectora de Prevención y Protección a la Salud del ISSSTE.
Datos de la Secretaría de Salud señalan que la tasa de uso de insulina a 10% entre pacientes que tienen más de una década con la enfermedad, quienes no han tenido un buen tratamiento y ya presentan complicaciones. A nivel general, las cifras indican que en los últimos nueve años el uso pasó de 4% a 8%.
“El problema es que si el médico les dice que les va a dar insulina, el paciente lo abandona y se va con otro médico, o definitivamente deja de ir al médico. En cuanto se lo plantean busca a su compadre o su vecino y si la experiencia no fue buena, no lo acepta”, aseguró Carlos Baños, director de la farmacéutica Eli Lilly México.
Frente a este escenario, el ISSSTE desarrolló el Programa Integral de Diabetes por Etapas (MIDE), en el que se concientiza a la población de la importancia de la insulina y los riesgos de no utilizarla.
“El gran reto es que el paciente aprenda de su enfermedad. Cuando aprenda cómo controlarla y cuáles son las complicaciones empieza a aceptar otros tratamientos. Nosotros tenemos que desmitificar a la enfermedad”, aseguró Blanco Cornejo durante su presentación en el Foro de Alto Nivel sobre Diabetes en México.
Con MIDE, los pacientes que aceptaron la insulina hoy son 21%, es decir siete veces más de los que tenían al iniciar el programa. No obstante, esto tampoco les garantiza que todos los pacientes estén realmente controlados y las enfermedades colaterales aún siguen siendo muy altas.
Esto se traduce en un mayor gasto para los pacientes y la institución, quienes destinaron seis y 20 millones de dólares, respectivamente, al tratamiento de sus enfermedades, de acuerdo con el estudio Costos Institucionales y Costos al Paciente con Diabetes, del Instituto Nacional de Salud Pública.