NAIROBI. El presidente  Barack Obama se marchó de la tierra que vio nacer a su padre con una postal, la de un público rendido a cada una de sus palabras en un mitin al más puro estilo americano, y la convicción de que es el “hijo más importante” de Kenia.

 

Cerca de seis mil kenianos declararon su amor incondicional al mandatario agitando banderas estadunidenses y escuchando en pie el himno del país de Obama, que ha puesto la guinda a su visita oficial con una espectacular puesta en escena. Ocurrió en el pabellón deportivo Safaricom Arena, a las afueras de Nairobi y a pocos metros del estadio de Kasarani.

 

El recinto volvió a llenarse de policías y militares, pero por una sola persona, la que tiene “el trabajo más difícil del mundo”, según Auma Obama, su hermana.

 

“Mi hermano, nuestro hermano, nuestro hijo más importante”, dijo Auma antes de dar la bienvenida a Obama ante un auditorio que disfrutó escuchando sus anécdotas familiares y sabiendo que él también come chapati y ugali (tortas y masa de harina, típicas kenianas) cuando se junta con su “gran familia” de Kogelo.

 

El pueblo donde nació el padre de Obama está en el condado Kisumu, tierra de los lúo y título de una de las canciones más conocidas de la popular artista keniana Suzanne Owiyo.

 

“Llévame a dar una vuelta por Kisumu, al hogar de mi madre, al hogar de mi padre”, cantó en lengua lúo. Y enseguida puso en pie al auditorio al darle un giro a la letra: “Tera adhi ane Obama (Llévame a ver a Obama)”.

 

Precisamente para eso madrugaron en domingo, hicieron interminables colas y superaron exhaustivos controles de seguridad niños vestidos de uniformes de colores, mujeres con alegres estampados, adolescentes cubiertas por “hiyab” blancos y kenianos de todas las edades, confesiones y tribus.

 

Todos se pusieron a escuchar en pie el “Barras y Estrellas” interpretado por el cantautor keniano Eric Wainaina.

 

Auma se dirigió entonces a un auditorio envuelto en las banderas de ambos países para relatar el reencuentro con su hermano, de quien aseguró que se sigue sintiendo muy “cercano y vinculado a su herencia keniana”.

 

“No es solo nuestra familia, sino que nos llega al corazón”, confesó la hermana del líder estadunidense. Así, para cuando Obama se encaramó al atril ya se había metido en el bolsillo al público, que cayó rendido al escuchar exaltar su orgullo de ser “el primer presidente americano-keniano de los EU”.

 

“¡Te quiero!”, gritó alguien desde la grada. “Yo también”, respondió Obama sin dudar.

 

Se hizo público así un romance largamente presentido en las calles de Nairobi, que se engalanaron hace semanas para recibir al hijo pródigo, que enmudecieron estos días para proteger su seguridad y pintaron de rojo y azul hasta las uralitas de sus chabolas.