El Congreso aprobó la posibilidad de que el gobierno federal asuma parcialmente los pasivos laborales de Petróleos Mexicanos y de la Comisión Federal de Electricidad, que a junio pasado ascendían a 1.7 billones de pesos.

 

Esta es “una raya más al tigre” en la ya larga historia de rescates en México con cargo al erario público, que es un eufemismo para decir que, al final, lo pagarán los contribuyentes.

 

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Allí están frescos aún en la memoria colectiva -y en las cuentas públicas, por supuesto- los multimillonarios rescates bancario y carretero de los años noventa, cuyos intereses se siguen pagando con los impuestos ciudadanos; mientras que algunos de los empresarios beneficiados en estos rescates siguen participando de las canonjías del actual gobierno.

 

Pero no fueron los únicos. Recientemente, en el sexenio pasado, el gobierno, a través de la Secretaría de Hacienda y de la Sociedad Hipotecaria Federal, orquestó un rescate a las sofoles y sofomes hipotecarias que habían caído en desgracia por la fallida política de vivienda que se implementó desde su antecesor, el presidente Fox. Se calcula que el costo del rescate, por unos 40 mil millones de pesos, aún sigue en la “panza” del banco de desarrollo del gobierno para el fomento de la vivienda.

 

Apenas el año pasado Peña Nieto anunció en el Estado de México un programa de reestructura de créditos para 300 mil maestros del SNTE, en lo que popularmente se conoció como “Profeproa”, aludiendo a un rescate desde el gobierno a maestros y sofomes que crecieron como la espuma haciendo un gran negocio con estos créditos entre los burócratas.

 

Algunas de estas sofomes, como Financiera Maestra -que operó con el nombre comercial de Crédito Maestro- tenían como socios a Oliver Fernández, además de Juan Pablo Montiel -hijo del ex gobernador del Estado de México- y de Ernesto Zedillo Velasco -hijo del ex presidente de la República-.

 

Pero éstos son sólo algunos de los casos más visibles de rescates que han engordado las deudas públicas del país. Y si bien el gobierno de México presenta al manejo macroeconómico como ejemplar en el entorno global de estancamiento y de crisis, no puede decirse lo mismo en materia de déficit y de endeudamiento del sector público.

 

El lunes pasado la Comisión Económica para América Latina, CEPAL, advirtió sobre este riesgo de desequilibrio en la economía y su impacto al crecimiento futuro.

 

Dice la CEPAL en su Estudio Económico de América Latina 2014 respecto de México, “la posición de las finanzas públicas no muestra la misma fortaleza que en años anteriores, y la continuidad de los bajos saldos primarios podría dar lugar a un círculo vicioso de aumento del peso de los intereses y del endeudamiento. Un bajo ritmo de crecimiento tiende a exacerbar ese círculo vicioso, por cuanto los ingresos tributarios se deterioran. Además, un bajo crecimiento potencial limita el espacio para adoptar una política monetaria expansiva no inflacionaria…”

 

Al revisar las cifras de la última década, evidentemente se muestra un importante crecimiento en los requerimientos financieros del sector público, derivados de una agresiva política de endeudamiento para financiar el gasto del sector público. Una tendencia riesgosa que apuesta a una recuperación del crecimiento económico para regresar a niveles más manejables de déficit.

 

Ayer la Fundación de Estudios Financieros, que dirige Guillermo Zamarripa -quién fungió como titular de la Unidad de Banca de la SHCP- en un estudio sobre los desequilibrios económicos y su impacto en el sistema financiero, advierte sobre este asunto: “La reforma fiscal no explicó la manera en que el gobierno ejercerá el gasto público para fomentar el crecimiento económico. En la actualidad hay indicios de un riesgo de caer en una trayectoria de deuda creciente, si no se maneja el déficit de manera correcta”.

 

Y agrega, “en el contexto actual de una evolución no favorable de ingresos petroleros con baja recaudación fiscal en el país, proponer mayor endeudamiento implica poner en riesgo la sostenibilidad futura de las finanzas públicas… En México se tendrá una tendencia a aumentar el nivel de endeudamiento público para 2014… Si el déficit fiscal no se reduce como porcentaje del PIB a partir de 2015, ya sea porque no crezca la economía al ritmo esperado o por la dificultad administrativa de controlar el gasto (por ejemplo la rigidez para eliminar nuevos programas sociales), la economía transitaría hacia una situación de endeudamiento elevado”.

 

Allí queda una advertencia, de esas que llegan en plena fiesta; cuando nadie en el gobierno las quiere escuchar.