Contrario a lo que ocurrió en 2006, el norte del país se ha convertido en un territorio de oportunidad para la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador, tal como dejó en claro con su ofrecimiento de “trasladar” el gobierno federal a entidades fronterizas donde la inseguridad se ha convertido en la principal preocupación de la ciudadanía.

 

““Voy a venir a Chihuahua cada 15 días para hacer la reunión de seguridad nacional. La sede del gobierno de la República va a estar en Chihuahua cada 15 días, atendiendo este asunto que tanto le preocupa a la gente”, aseguró el tabasqueño el sábado pasado durante su visita a la capital chihuahuense, tras señalar que la estrategia de seguridad implementada por el gobierno de Felipe Calderón ha resultado un rotundo fracaso.

 

“Le pegaron un palazo al avispero”, dijo. “Ya estamos viendo que eso no funciona”.

 

Lo mismo prometió el candidato de las izquierdas una semana atrás durante su gira por Monterrey, lugar donde aseguró que todos los días a primera hora analizará la situación del país para entablar una coordinación con los gobernadores y presidentes municipales de todo el país con el fin de atender el problema de la inseguridad y la violencia de manera “permanente, diaria, personalizada”.

 

López Obrador pretende capitalizar a su favor el descontento que existe actualmente contra PRI y PAN en amplios sectores de la región norte del país, tal como parece sugerir la última encuesta publicada por el diario Reforma, la cual otorga al candidato de las izquierdas un crecimiento en las preferencias electorales de 10 puntos porcentuales en el último mes y una caída de sus adversarios, Enrique Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota.

 

Un escenario que contrasta con el que se presentó en la elección presidencial de hace seis años, cuando el tabasqueño obtuvo un millón y medio de votos de manera conjunta en los estados de Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila, Chihuahua, Sonora y Baja California Norte, frente a los tres millones 214 mil votos obtenidos por el PAN y el millón 772 mil sufragios que el voto duro del PRI contabilizó para el entonces candidato Roberto Madrazo.

 

Por ello, no parece casual que los primeros ofrecimientos para “trasladar” al gobierno federal se den precisamente en Chihuahua y Nuevo León, donde López Obrador apenas logró 18.26% y 15.96% de los votos en 2006. Entidades que junto a Guanajuato y Yucatán, el tabasqueño fue aplastado por el PAN.

 

Esto explica por qué el norte del país representa uno de los frentes estratégicos de Andrés Manuel en sus aspiraciones por alcanzar la Presidencia de la República, principalmente en sitios como Monterrey, lugar donde la intervención del tabasqueño resultó determinante a la hora de definir las candidaturas del Movimiento Progresista tras sumar a un connotado grupo de empresarios y ex militantes del PAN a las filas de la izquierda.

 

Así ocurrió con la imposición del ex blanquiazul Mauricio Sada Santos, impuesto como dirigente estatal del Movimiento Ciudadano gracias al apoyo del tabasqueño, quien considera que el crecimiento de López Obrador en aquella región habla de una competencia real frente a aparatos políticos de mayor peso como los de PRI y PAN.

 

“Las estructuras políticas pesan mucho pero este es un trabajo en el que todavía quedan algunos meses por trabajar. Hay que ser realistas en cuanto a las preferencias electorales en diferentes zonas del país pero si lo vemos en proporción, ha habido un avance exponencial en el apoyo a Andrés Manuel y el Movimiento Progresista, algo que podría ser significativo a la hora de contar los votos”, comentó Sada en entrevista para 24 HORAS.

 

Algo que parece coincidir con la opinión de Armando Barreiro, coordinador estatal de Morena en Nuevo León, quien asegura que pese a tener una cobertura de 50% en las casillas, las casi 90 mil personas afiliadas a Morena en aquella entidad resultarán decisivas a la hora de defender los casi 400 mil votos que, según dice, no fueron reconocidos de manera oficial en 2006.

 

ROMPEN EL MITO

 

Sin embargo, el crecimiento en la aceptación de López Obrador en Monterrey y el norte del país no podría explicarse sin el trabajo de convencimiento que realiza el grupo de empresarios, comandado por los regiomontanos Alfonso Romo y Fernando Turner, a través de la organización Despierta México, cuyo principal logro ha sido “romper el mito de que los empresarios de México no podemos voltear a la izquierda”, según coinciden algunos de las casi cuatro mil personas adheridas a dicha organización en todo el territorio nacional.

 

“Creo que Despierta México ha tenido mucha respuesta no solamente en Monterrey sino en otros lugares como Guadalajara, Hermosillo, Tijuana, La Paz, Coahuila, Torreón, Saltillo, que es donde hemos estado. Cada vez hay más empresarios que se suman a esto porque conocen el planteamiento y les gusta”, señala Turner, propuesto por López Obrador para encabezar la Secretaría de Economía, y quien espera que el proyecto de la izquierda pueda convencer a los casi 50 mil pequeños y medianos empresarios que existen actualmente en México y a los electores independientes, en su mayoría jóvenes, que aún no definen su voto.

 

De esta forma, el combate a la inseguridad a través de cambios de fondo en la política económica será la carta fuerte del tabasqueño para sumar adeptos en el norte, a decir de Alfonso Romo, quien considera que los resultados obtenidos por López Obrador durante su gestión como jefe de Gobierno capitalino son mayores que los conseguidos por gobiernos priistas como el de Enrique Peña Nieto.

 

“En Nuevo León vivimos con una inseguridad terrible, lo mismo en Veracruz, Coahuila, Tamaulipas, Chihuahua. Toda esa gente está comparando la forma de gobernar. Hoy los de Monterrey venimos a vivir a la Ciudad de México cuando antes era al revés. Eso representa Andrés Manuel, eso es lo que hemos dado a conocer”, apunta Romo.