El viernes pasado, a las 10 en punto de la mañana, me encontraba en el Patio de los Naranjos en el Palacio de la Generalitat de Cataluña en Barcelona. Los arcos ojivales despuntan entre los diferentes rincones del patio, mientras avisto unos chapiteles que se alargan hacia el infinito del cielo.

 

 
Y es que el palacio de la Generalitat se encuentra en pleno barrio gótico de la capital catalana. Se trata de una joya que se construyó en plena Edad Media cuando el concepto de nación catalana no existía, entre otras cosas porque Cataluña pertenecía al reino de Aragón.

 

 
A las 10 en punto de la mañana, con voz solemne y rodeado de todo su séquito de independentistas, el Presidente catalán, Carles Puigdemont, daba el pistoletazo de salida para buscar la independencia de Cataluña respecto al Reino de España. Para ello convocó un referéndum ilegal el domingo 1 de octubre.

 

 
A Puigdemont le vi ufano, pletórico, como pensando que había cumplido con su obligación. Pero detrás de sus lentes que intentan esconder lo que no se puede, había intereses más retorcidos. Lo digo porque los independentistas catalanes saben que solos no pueden ir a ninguna parte; que 70% de sus exportaciones son con el resto del Estado español; que si se marcharan de España, también tendrían que hacerlo de la Unión Europea y del resto de organismos multilaterales a los que tendrían que volver a pedir árnica para poder volver a los diferentes clubes.

 

 
Pero Puigdemont y sus acólitos pretenden pasar a la historia como libertarios no sé de qué. Porque cada vez que voy a Cataluña –y voy con frecuencia desde hace muchos años- escucho a un sector marginal la misma historia que ellos se han creado: que España es un estado represor, que no se pueden expresar con libertad y una cantidad de barbaridades, falsedades y estulticias que no se las cree ni ese pequeño grupo marginal que hace mucho ruido.

 
¿Desde cuándo España es opresora mientras Cataluña es la Comunidad Autónoma que más dinero recibe del Gobierno Central? ¿Desde cuándo España es opresora cuando Cataluña no tiene que dar cuenta al Gobierno Central? ¿Desde cuándo España es opresora si en Cataluña todos hablan catalán, y es más, quien no lo habla no puede trabajar en la Administración de la comunidad? Más bien es al contrario.

 

 
Llegado a este punto, ahora sí tengo claro qué es lo que pretenden. Al término de una entrevista que le hice al Presidente catalán, éste me confió que el 1 de octubre habrá urnas, incluso “arriesgo de cárcel”, y cito palabras textuales.

 

 
Ahora entiendo el numerito, y me explico. Desde que empezaron con esta historia de la independencia han ido de víctimas. “Somos pacíficos; aunque Madrid no quiera negociar, nosotros siempre lo haremos”, “España nos roba”, “Desplegaremos urnas, no armas” son algunas de las perlas que dicen machaconamente, una y otra vez, desde hace años. Pero no quieren entender que no pueden realizar ningún referéndum independentista porque va en contra de la Constitución, o sea, de la ley. Y no se puede transgredir el Estado de Derecho. Si quieren que haya referéndum, entonces que se modifique la Constitución. Mientras eso no ocurra, lamentablemente para ellos, no puede celebrarse ningún referéndum que pueda romper la unidad de España.

 

 
Y aquí es donde está el numerito del presidente Puigdemont.

 

 
El artículo 155 de la Constitución Española establece que el Gobierno podrá adoptar cualquier resolución, aunque sea extraordinaria, para preservar la unidad de España. Perfectamente la Policía o, incluso, los militares podrían impedir la celebración de un referéndum ilegal. Por eso me retumban las palabras del Presidente catalán cuando me dijo que convocaría dicho referéndum a un arriesgo de cárcel. Es lo que está buscando. La foto esposado en un furgón policial. Entonces habrá conseguido lo que quería. Hacerse un mártir para seguir diciendo que España es represora. Eso es un juego sucio. Cuando a alguien no le asiste a la verdad, utiliza cualquier treta para conseguirla.