Las denuncias del PRI en contra de Andrés Manuel López Obrador sobre financiamiento durante su campaña pueden llegar a tocar a uno de los más importantes empresarios en México que permitió que repartieran tarjetas prepagadas de telefonía a los operadores de Morena, y, como en el entorno de Enrique Peña Nieto lo perciben como una fuente de apoyo significativa para López Obrador y el movimiento #YoSoy132, uno podría decir que tiene razones de sobra para estar nervioso.
La secretaria de Estado, Hillary Clinton, tomó el teléfono y le marcó a Enrique Peña Nieto para felicitarlo por su triunfo electoral el 1 de julio. Ya está. Qué fácil diría uno. Las cosas no son tan simples y tienen responsables. Una gran parte del trabajo que se hizo con las audiencias internacionales fue resultado del trabajo de quien asesora a Peña Nieto en política exterior, Emilio Lozoya Austin. Resultado de su trabajo fue también la llamada de doña Hillary.
El general Tomás Ángeles comenzó a reconocer aspectos en los cuales no se había metido, pero asegura que no estuvo involucrado con el narcotráfico, que es de lo que lo acusa la PGR. Sin embargo, Roberto Campa, en su calidad de secretario ejecutivo del Sistema de Seguridad Pública, y por petición de su comadre, una periodista muy cercana a Ángeles, le ofreció al secretario de Seguridad Pública Federal, Genaro García Luna, que el general le arreglaba una cita con Los Zetas para que se pacificaran las cosas, cosas que el funcionario rechazó.
Una impugnación presidencial muestra sus debilidades cuando a más de uno se le hace bolas el engrudo. El caso más notorio es el de Camerino Márquez, representante de la coalición de izquierda ante el IFE, quien demandó que haya “consecuencias jurídicas” para las empresas encuestadoras y al mismo tiempo, se inconformó con el IFE por haber permitido que Televisa fuera testigo interesado en el juicio de nulidad.