Ciudad del Vaticano.- Tras jugar un rol destacado en una cumbre mundial de juezas y procuradoras en el Vaticano, la activista mexicana Rosi Orozco trabaja en una iniciativa ciudadana que lleve por primera vez a las leyes de su país sanciones contra los consumidores de prostitución.

 

“Hay que lograr que de verdad se criminalice al cliente y no a las víctimas, como en algunas naciones”, señaló en entrevista con Notimex la presidenta de la Comisión Unidos contra la Trata.

 

Reveló que su organización, junto a otros entes de la sociedad civil, han desplegado una campaña con espectaculares en la Ciudad de México para sensibilizar sobre la importancia de la criminalización de los consumidores.

 

Aseguró que, al mismo tiempo, colabora con la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) para un análisis académico profundo de las 765 sentencias judiciales por delitos de trata en su país, una cifra actualizada a finales de 2016.

 

El objetivo de ese estudio, que ya lleva estudiadas 388 sentencias, es proponer mejoras a la legislación mexicana en la materia, que se ubica entre las más avanzadas del mundo.

 

“(Esperamos) que ese análisis nos permita blindar las virtudes y avanzar en temas como el castigo al cliente y al prostituidor”, anticipó Orozco.

 

“(Queremos) blindar los avances porque obviamente hemos tocado intereses del crimen organizado y tenemos en universidades, en instituciones de gobierno locales y federales, gente que está tratando de empujar al retroceso”, indicó.

 

“Intentaron hacer reformas a la ley que los legisladores honestos y sensibles frenaron, eso iba a provocar la salida de los tratantes de la cárcel porque disponía supresión de tipo penal”, dijo.

 

“Imagínate lo que hubiese significado para las víctimas que sus tratantes saliesen de prisión, fue un momento de terror para ellas”, añadió.

 

Destacó las bondades de la ley mexicana, que es general y se aplica en todos los estados por igual, mientras en otros países tienen leyes federales y leyes estatales. La Ciudad de México tiene ya 292 sentencias, mientras que todo Argentina tiene 291, ejemplificó.

 

Orozco fue convocada por la Pontificia Academia para las Ciencias Sociales del Vaticano para ser la ponente de apertura del coloquio de juezas y fiscales mujeres, que reunió a juristas de 40 países, entre ellas dos magistradas de la Suprema Corte de Justicia de México.

 

Antes, la activista mexicana asistió al congreso internacional “Asistiendo a las víctimas de tráfico humano. Mejores prácticas para la reinserción, la asistencia legal y la compensación”, organizado por la misma academia vaticana junto con la Alianza Global para la Asistencia Legal y la Fundación Tronie.

 

En ambas reuniones se planteó la solicitud a las naciones para una próxima declaratoria al tráfico humano como un “delito de lesa humanidad”. Orozco estuvo de acuerdo y advirtió que así como no prescribe el crimen cuando es de lesa humanidad, tampoco prescriben las heridas de las víctimas.

 

“Cuando lastimamos la dignidad humana estamos lastimando a la humanidad completa, realmente es un delito que aplasta por completo esa creación tan maravillosa que es cada uno de los seres humanos”, explicó.

 

“La reparación del daño tampoco debería prescribir jamás. Cuando hemos atendido a víctimas comprendemos que muchas de ellas no quieren vivir”, siguió.

 

Por eso estableció que en su campaña ciudadana se apunta también a impulsar que México realice esta declaración, que no necesariamente implica la promulgación de una ley sino que bastaría con una manifestación pública formal.

 

Denunció que los gobiernos no quieren hacer esta declaración, porque eso los obligaría a hacerse responsables de reparar el daño a las víctimas.

 

“Es un delito que no prescribe porque el dolor no prescribe, las heridas no prescriben, las secuelas no prescriben. Pueden ellas superarlo, pueden usar ese dolor para esa resiliencia que las lleve a ser victoriosas. Pero el dolor está”, reiteró.

 

Recordó la historia de Norma Bastidas, la mexicana que fue llevada a Japón como víctima de trata y tras liberarse corrió el triatlón más largo del mundo desde Canadá hasta México.

 

Para Orozco, el dolor por su pasado era “el fuego de su alma” que le permitió mantenerse 65 días sin parar y romper así el récord Guinnes de la especialidad.

 

“Las víctimas quieren esta declaración de lesa humanidad, porque sería el reconocimiento de que su dolor no se acaba nunca”, sentenció.

 

fahl