Doña Valeria avanza lento, su pausado paso marca el ritmo de sus dos perros que ha salido a pasear sobre la avenida Álvaro Obregón, en la colonia Roma, la cual después del sismo del 19 de septiembre no ha vuelto a ser la misma, aún está dolida, en sus cafés y restaurantes el mismo tema de conversación: el temblor.

 

Pareciera que la fiesta del barrio de moda: el hipster, el de la gastronomía y cervecerías artesanales en la capital mexicana se ha apagado, las mesas de los locales que han empezado a abrir lucen semivacías, sobre sus calles la gente anda con una mirada de desasosiego, tratado de recobrar la calma y la cotidianidad.

 

“Lo sentí muy fuerte, tanto que no podía bajar”, dice doña Valeria, quien agradece no haber sufrido nada y que su casa donde ha vivido por 42 años haya resistido el movimiento telúrico que cimbró las entrañas de la capital, dejando decenas de edificios dañados y hasta el momento 219 personas fallecidas.

 

Para ella es imposible no recordar 1985, estuvo ahí aquella mañana de hace 32 años, sin embargo, afirma que esta vez lo sintió más fuerte, que la gente está mal psicológicamente todavía, dolida, enojada por la reciente construcción de edificios de más de cuatro pisos en la colonia.

 

 

ROMITA

 

Lejos ha quedado aquel año de 1903 cuando en los terrenos potreros de Romita se fundó la colonia Roma en la época de Porfirio Díaz, con sus casas de estilo europeo que un siglo después siguen en pie, con la promesa -en esa época- de alumbrado eléctrico, saneamiento, agua y pavimentación, obra iniciada por iniciativa del británico Edward Walter Orrin.

 

Las  arrugas de doña Valeria son testigos del paso del tiempo que le dio un giro a la Roma, cuando empezaron a llegar los restaurantes, los cafés, los bares, cuando se puso de moda su barrio, donde vio crecer a sus hijas, dejando atrás aquella época donde los niños podrían jugar en las aceras hasta la una de la mañana.

 

El gerente del restaurante Deliro, Bruno Becerra, vio pasar estos días a esos héroes de casco, sin nombre, que sustituyeron a los chilangos en la aceras en busca de un café o un trago.

 

 

Aunque pocos, los comensales poco a poco empiezan a llegar y a ocupar de nuevo las mesas donde el sismo sigue en sus bocas y conversaciones.

 

En la colonia Roma hay alrededor de mil 500 edificios catalogados como monumentos artísticos, como el Balmori, al Ajusco, el Instituto Renacimiento, la Casa de la Brujas, la Casa Universitaria del Libro de la UNAM y la Parroquia de la Sagrada Familia.

 

Ahora en el cruce de Álvaro Obregón y Monterrey, las hogazas de pan artesanal han vuelto al mostrador y el aroma a café tostado invade el aire, una imagen muy diferente a la del primer fin de semana después del sismo del 19 de septiembre.

 

“La gente no venía, la razón una: el temor”, expresa el gerente del restaurante.

 

“Ese fin de semana no tuvo comparación con un fin de semana normal en la Roma, viene gente de fuera, de otras delegaciones. La gente que trabaja tiene que venir, al día al día, tienen que venir a comer, tienen que moverse, de la semana pasada a esta, es distinta la imagen, ya se ve, ya se siente ambiente en la calle, al principio todo estaba triste, en silencio”.

 

CAFÉS Y BARES

 

La historia es la misma para los demás restaurantes que en los últimos años empezaron a invadir la zona, los cafés y bares que llegaron de la colonia vecina: la Condesa, trayendo consigo otra cotidianidad, la fiesta para unos y la añoranza de tiempos pasados cómo a doña Valeria, subiendo su plusvalía y generando un boom inmobiliario.

 

Pero el sosiego no acaba de llegar y menos para quien siente haberlo perdido todo a causa del temblor, como Gabriela Pacheco, quien desde hace una semana salió de su departamento y bajo la cortina de su negocio, la culpa no es su edificio, sino el vecino que está en riesgo de colapsar.

 

Sentada en un escalón frente a su hogar, mira a la fachada esperando una respuesta que le brinde la calma para poder continuar su vida, que los peritos que trabajan en la torre de oficinas den su veredicto, y le digan si es seguro volver a su departamento y abrir su centro de copiado.

 

“Sentimos muy fuerte el temblor y nos fuimos al área del camellón… ya vinieron a hacer la evaluación pos-sísmica y dicen que está en perfectas condiciones. El problema es el edificio que se encuentra en Medellín 104, que en la evaluación pusieron que era un inmueble con alto riesgo, si te das cuenta el edificio se está inclinando”.

 

La incertidumbre sobre su seguridad la hizo salir de su casa por iniciativa propia e ir a dormir con amigos o familiares, a veces vuelve por unos momentos a su departamento para sacar ropa o bañarse, pero el miedo sigue, dice que cuando lo hace siente que aún se mueve el piso.

 

 

QUEBRADA

 

Mientras el equipo de especialistas trabaja, ella no deja de mirar la fachada rota, los vidrios reventados por el movimiento, las frágiles persianas por donde a veces se distinguen los cascos de los expertos, se siente “quebrada”, desamparada por no saber qué será de su casa y trabajo.

 

“Te sientes desprotegida, imagínate sin casa, sin trabajo, con qué ingresos o cómo te vas de aquí, tu ingreso es tu negocio, ¿a dónde me voy? Subimos para lo indispensable, a bañar y cuando entro al edificio, siento que se sigue moviendo. Estoy acudiendo los módulos para manejarlo un poco, pero lo que más tristeza me da es no saber qué vas a hacer”.

 

Pareciera que está en medio del caos, tan solo a 300 metros de ahí, los brigadistas luchaban a contra reloj para tratar de rescatar a las personas atrapadas en Álvaro Obregón 286, donde las trompetas del jazz de La Vie en Rose fueron sustituidas por el golpeteo del metal contra el concreto.

 

Aún consternado, el psicólogo Itzil Aguilar, miembro de la Subdirección de Capacitación y Servicios Educativos, afirma que tras el sismo hay mucha ansiedad, “excesiva, hay mucho miedo, hay personas que dicen tener miedo a perder todo, la vida, su casa, sus amigos, son muchos miedos los que ellos tienen”.

 

“Es muy importante que todas las personas que estamos aquí, que son vecinos, que son personas de la brigada, cualquier persona que tenga una situación se atienda. Lo que hacemos aquí es una intervención psicológica, primeros auxilios psicológicos y contención emocional, posteriormente se le recomienda ir con un psicólogo”, señala.

 

Lo cierto es que la colonia Roma no es la misma, la cotidianidad no ha vuelto, siguen el sonido de las sirenas, los batallones de militares en las calles, y los letreros que apuntan a centros de acopio o albergues, hojas con mensaje de aliento a quien pasa: “Te necesitamos fuerte”,  “México te admira”, “Ese es el pinche espíritu”.

 

dca