Hace algunos días, el CEO de una de las empresas más importantes de tecnología a nivel mundial, reflexionó en un foro privado, sobre una de las razones por las que augura éxito a dispositivos como el Apple Watch, en contraste con lo ocurrido a otros como los lentes Google Glass: por su componente de impacto en la sociedad, pues la gente se dio cuenta que nadie querría ver a otra persona mirándola con unos lentes a través de los que no necesariamente se establece contacto visual con el interlocutor, sino probablemente se esté consumiendo información que viaja por internet; en contraste, mirar de reojo un correo electrónico que aparece en un reloj inteligente, no representa un movimiento tan políticamente incorrecto como lo es, incluso, sacar un teléfono celular, mirar información en éste, y peor aún, dejarlo sobre la mesa para estar pendiente de lo que a través de éste se transmita.

 

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Me gustó el argumento. No tiene sólo un componente de funcionalidad tecnológica, que merece otro tipo de análisis alrededor de la viabilidad del producto, sino un análisis sociológico. El comentario me llevó a recordar algo de lo que hace tiempo no he oído hablar demasiado, pero que está ahí desde hace mucho tiempo y se vuelve particularmente relevante en una era en la que nuestra conexión digital se ha multiplicado (y lo hará aún más), a través del acceso en múltiples dispositivos: las reglas de etiqueta en internet, también conocidas como “Netiqueta” o “Netiquette”.

 

Desde que el concepto fuera creado, en 1995, tras el creciente volumen de usuarios que confluían en salas de discusiones temáticas, algunos de los cuales incursionaban a las mismas profiriendo insultos y alegatos interminables, las formas de interactuar en la red han cambiado radicalmente. Pensemos simplemente en las redes sociales, espacios donde por cierto se vierten una gran cantidad de insultos, mentiras y calumnias, ante las cuales las mismas compañías poseedoras de éstas buscan cómo tomar cartas en el asunto.

 

Las reglas de etiqueta de comunicación digital, son cada vez más importantes, si consideramos que este es un entorno en el cual se generan gran cantidad de interacciones y conversaciones útiles desde una perspectiva de negocios. En ese nuevo entorno, buscando en la red algunas de las reglas sugeridas, encontré ciertas recomendaciones que bien valdría la pena revisitar (las más antiguas), o conocer (las de reciente creación).

 

A la ya mencionada de no colocar el teléfono celular sobre la mesa de una charla de negocios, se suma una bastante relevante en la era de Whatsapp y otros servicios de mensajería instantánea, que cada vez con mayor frecuencia son utilizados para la creación de grupos que tienen algo (no todo) en común. Por ejemplo, asegurarnos que un mensaje enviado a un grupo sea relevante para todo ese grupo.

 

Si lo que se quiere comentar es sólo relevante para un grupo reducido de personas o incluso, un solo individuo, es mejor comunicarlo mediante un mensaje individual. Si vamos a temas de privacidad, vale la pena recordar la norma de no publicar datos sensibles o de terceras personas a través de correos electrónicos, redes sociales u otros foros. Conocer las señales típicas de expresión de sentimientos en internet, como “xoxo (besos)”, o una carita feliz creada mediante un signo de paréntesis y los dos puntos, así como recordar que escribir con mayúsculas significa que el emisario del mensaje está gritando, son viejas pero siempre útiles normas de etiqueta en internet.

 

Retomando el tema de las redes sociales, una de las normas de comportamiento de la era actual, exige una mayor tolerancia pública, y un cuidado muy importante de lo que en público se comenta. Pensar siempre que se puede representar a una compañía o grupo determinado, y sus publicaciones pueden ser tomadas en algún sentido que perjudique esos intereses, es una de las reflexiones de comportamiento más importantes de la era actual. Y así, sucesivamente, podríamos recaudar miles de sugerencias de etiqueta que circulan por la red, y que nos ayudan a que nuestra interacción social siga fluyendo de la mejor manera. Tal y como cuando se mire un correo electrónico en la pantalla de un reloj inteligente.

 

 

Esta semana se vivió una de las batallas más intensas de los taxistas de la ciudad de México en contra de las aplicaciones móviles para solicitar un servicio de transporte privado, concretamente, Uber. Parte del saldo del evento: un hashtag #UberSeQueda, miles de automovilistas enfurecidos, un crecimiento del 800% de la descarga de Uber en un día, y servicio de transporte gratuito (provisto por Uber e Easy Taxi), el día de la protesta. Los taxistas, insistentes en proteger su primitiva forma de operar, deberían darse cuenta que se están convirtiendo en los mejores publicistas del servicio que con tanta ira combaten.