Los comerciantes minoristas británicos podrían estar regocijándose tanto como William y Kate por el nacimiento de la nueva princesa.

 

El Centro de Investigación de Ventas al Minoristas, en Nottingham, calculó que George aportó a la economía británica 243 millones de libras (368 millones de dólares) en las nueve semanas siguientes a su nacimiento en 2013.

 

Pero George era el primogénito, el heredero del trono. El impacto inmediato de un segundo hijo será inferior, de unos 80 millones de libras (121 millones de dólares), pronostica el centro. Pero el hecho de que sea niña abre muchas oportunidades.

 

Los comercios de artículos para bebés, de prendas de vestir y los diseñadores de modas recibieron un regalo cuando la duquesa de Cambridge dio a luz a una niña con todas las oportunidades comerciales que brinda, en vez de otro varoncito, según los expertos en mercadeo.

 

Desde prendas de bautismo hasta trajes de boda, con todos los estilos de peinado de ocasión, toda tendencia que insinúe la pareja y la bebé será consumida ávidamente por las niñas y las mujeres ansiosas por emular a una princesa de carne y hueso.

 

“El hecho de que la pareja real tenga una niña probablemente resultará beneficioso para todos, tanto para el turismo como para los minoristas”, dijo Tonya Williams Bradford, experta en comercialización en la Universidad de Notre Dame en Indiana. “A diferencia de lo ocurrido cuando nació su hermano, en que la atención se volcó al heredero del trono, esta bebita permitirá muchas oportunidades estilísticas, como ocurrió con la fallecida Lady Diana”.

 

Los consumidores compran todos los objetos relacionados con la realeza. El público quiere copiar lo que visten la ex Kate Middleton y el príncipe William, y ahora sus hijos, para sentirse partícipes del fulgor real.

 

“A la gente, particularmente las estadounidenses, les encanta”, afirmó Pauline MacLaran, coautora del libro de próxima aparición “Fiebre real: la monarquía británica en la cultura de consumo”. “Es una fascinación con un tipo diferente de celebridad”.

 

Después de todo, se trata de una princesa, algo así como una Blanca Nieves o una Cenicienta.

 

Desde el momento en que apareció públicamente el sábado con una toca tejida —y a partir de entonces— todo lo que vista durante el resto de su vida hará preguntarse a los modistas qué es lo que usa. Una princesa no solo dará lugar a las imitaciones este año, sino siempre.

 

“En términos generales y culturales es más divertido cuando una viste a una niña”, dijo Anusha Couttigane, asesora de modas en Conlumino, una firma de investigación comercial en Londres. “Es normal que las niñas llamen más la atención a la moda”.