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Cabezas de Cera está formado en la actualidad por Mauricio y Francisco Sotelo, dos hermanos que desde hace más de 17 años han demostrado que aún hay música de gran calidad. Considerados como una de las mejores agrupaciones a nivel mundial, Cabezas de Cera es una propuesta original y netamente mexa. Su sonido único evoca paisajes sonoros surrealistas henchidos de emotividad. Un suculento atasque de ritmos progresivos y delirantes pocas veces dado.

 

A finales del año pasado la banda se presentó como anfitriona en el Teatro de la Ciudad “Esperanza Iris”, en un concierto especial por los 40 años de la creación del Chapman Stick —instrumento de cuerdas creado en Estados Unidos por Emmett Chapman, y del cual Cabezas ha sido un asiduo impulsor—. En 2012 lanzaron su más reciente placa, Hermandad, y ahora se encuentran preparando su nuevo material, además de presentarse ocasionalmente en espacios alternos y allende fronteras.

 

Además del Chapman Stick, Mauricio Sotelo toca el Charrófono, la Jarana Prisma, el Tambor Kitai y el Tricordio, instrumentos que fueron creados por Francisco, quien, a su vez, tiene a su cargo las percusiones, los tambores y el violín, entre otros. Cabezas de Cera le ha dado la vuelta al globo con su gran sonido, el cual ha sido recibido en festivales de altura como el The North East Art Rock Festival (Nearfest) a.k.a. “Las Olimpiadas del progresivo”, y en lares tan lejanos como Republica Checa o Corea del Sur.

Cabezas de-Cera Foto: Pedro Zamacona
Foto: Pedro Zamacona

 

Hace unos días visitamos a los hermanos Sotelo en su casa-estudio al sur de la ciudad de México para charlar largo y tendido. Aquí la relatoría:

 

¿De dónde surge el nombre del grupo?

 

Francisco Sotelo (FS): El nombre lo encontramos en un libro. Después de que ya estábamos tocando los tres (Francisco, Mauricio y Cristóbal Pliego) inventamos cuanto nombre se nos ocurrió; pero ninguno nos llegaba o identificaba. Entonces decidimos ir a los libros. Había un librero y encontramos El reino de este mundo, de Alejo Carpentier. El primer capítulo se titula “Las cabezas de cera”, nos llamó la atención y lo empezamos a leer. Nos gustó la historia y decidimos adoptar el nombre así, tal cual: “Las cabezas de cera”.

 

Luego le dimos otras interpretaciones. Un día descubrimos que las primeras grabaciones de música se hicieron en rodillos de cera, el rodillo estaba recubierto por cera y giraba, mientras la aguja grababa el surco. Cabezas de Cera es eso también: esa música que está grabada en nuestras cabezas. Nuestra música no está escrita, nunca nos vas a ver tocar una partitura. La música es una experiencia emocional, una cosa que está en nuestras cabezas y que ejecutamos cada vez de manera diferente.

 

Cabezas de Cera utiliza instrumentos creados por Francisco, ¿cómo surgió esta idea y cómo ha influido en su sonido?

 

FS: Nació a raíz de que estudié —durante tres años— la carrera de “Técnico Artesanal en Metales” en la Escuela de Artesanías de Bellas Artes. Me gustó mucho el material y las posibilidades que te da el trabajarlo. El taller era un lugar en el que había mucho ruido; el trabajo generaba una diversidad de sonidos, y eso se volvió una atmosfera muy rica en timbres e intensidades.

 

Eso fue lo que, a la par de que estaba comenzando Cabezas de Cera, me llevó a construir instrumentos. Se me ocurrió y de alguna manera dije “estaría padre hacer unos instrumentos de metal a ver cómo suenan”. Además, tenía que hacer mi proyecto de titulación y pensé en tomarlo, también, como un tema de investigación y creación. Primero hice tres instrumentos, dos de cuerda y uno de percusión, y funcionaron, me gustó el timbre. Éstos fueron los detonadores para después hacer más: la Jarana Prisma, el Salteiro y otros que no funcionaron tan bien.

 

La idea era experimentar y ver qué resultaba; que los instrumentos nuevos funcionaran con los que tocábamos: el Stick, la guitarra y la batería. Al final funcionó aunque al principio fue difícil adaptarse a la tosquedad; poco a poco les fuimos agarrando la onda; les dimos su espacio y su lugar. A la fecha son instrumentos casi principales (aparte del Stick y la batería). Siempre va a estar el Charrófono y la Jarana Prisma en un concierto de Cabezas de Cera. Eso es lo que le ha dado un sonido muy particular al grupo. Es el elemento que nos identifica.

Cabezas de Cera. Foto: Pedro Zamacona
Cabezas de Cera. Foto: Pedro Zamacona

 

¿Hay alguno de estos instrumentos que sea muy especial para ti?

 

FS: Más que tener un favorito me ha gustado cómo los ha adoptado e interpretado Mauricio. Me gusta cómo se ha transformado la Jarana Prisma; es un instrumento que tenía una caja acústica y ahora tiene otra. Es como un renacimiento porque antes tenía una caja acústica de cobre, pero en un viaje se abolló en al avión…

 

Mauricio Sotelo (MS) En un viaje a India, ¿no?

 

FS: En la India, aja. Llegó toda aplastada y le hicimos una operación para que pudiera sonar en la gira. Perdió un poco de consistencia y repararla era muy difícil, entonces opté por cambiar la caja original por una de acero, con las mismas dimensiones. Rescaté el puente, el brazo y adoptó una sonoridad más brillante y con más cuerpo. Le cayó bien el trasplante, y ahorita es el instrumento que me gusta más. También está el Charrófono, que me gusta porque tiene la posibilidad de ser MIDI, es como un instrumento acústico-electrónico con el que puedes hacer música más completa.

Cabezas de Cera. Foto: Pedro Zamacona
Cabezas de Cera. Foto: Pedro Zamacona

 

Otro instrumento muy peculiar en Cabezas es el Chapman Stick [interpretado por Mauricio, quien es el máximo exponente y promotor del artefacto en el país]. Mauricio, ¿cómo te acercaste a él?

 

MS: Una de las cosas que se me hizo interesante del Stick fue la posibilidad que me dio para explorar mi propia forma de tocarlo a diferencia de la guitarra, por ejemplo, de la que ya había muchos referentes. Con el Stick fue así de “a ver qué puedo hacer con esto”. Y cada vez me siento más libre tocándolo. Me he dedicado a tener ciertos elementos o dinámicas para transmitir.

 

¿Cómo adquirí mi primer Stick? Escuche a King Crimson y vi a Tony Levin y dije “¡Ah!, se ve muy cabrón”. Desde la figura del músico: gafa obscura, pelón y un instrumento que es un palo. Era algo impresionante. Fue a mitad de los 90 cuando escuche eso y pensé “Yo quiero esa onda”.

 

Nos tardamos alrededor de un año en ubicar a alguien que nos vendiera uno, porque en ese tiempo no había tanta información o no había tanto acceso a internet. Compramos un Stick usado, una edición de los 80, y yo ya tocaba algunas cosas de tapping o técnica a dos manos sobre la guitarra, de manera que cuando lo tuve fue muy natural. Hicimos la rola de “Gocxilla” y luego la de “Cósmica”. Ya las tenía en la guitarra y las pasé al Stick. Estábamos grabando el primer disco y fue muy padre.

Cabezas de Cera. Foto: Pedro Zamacona
Foto: Pedro Zamacona

 

 

Cuéntanos sobre el concierto por los 40 años de la creación del Chapman Stick que ofrecieron recientemente en la ciudad, compartieron escenario con Michael Bernier y Richard DeCarlo.

 

MS: Fue muy interesante encontrarnos en esa doble dualidad con Michael Bernier y Richie de Carlo. Esto surgió hace un par de años cuando Emmett Chapman me invitó como su representante del instrumento y de ventas (hay todo un convenio). A partir de eso me dediqué más formalmente. Ya la banda se acercaba en los conciertos y me peguntaba por el Stick, y daba clases. Luego creé una red de Stickistas. Surgió entonces la invitación por parte del Teatro de la Ciudad para hacer un concierto con Cabezas de Cera, y pensé que la celebración de los 40 años del instrumento era un buen pretexto, además de poder generar un vínculo con músicos de afuera del país.

 

Es parte de lo que hicimos como trío durante muchos años. En 2013 estuvimos en Austria con un trompetista que se llama Franz Hautzinger, e hicimos un par de conciertos ahí y en Republica Checa. Michael Bernier es un stickista joven, digamos que es como de esta nueva generación de los 2000. Lo topamos en el 2010 o 2011 en Puebla. Tocamos en el Festival Internacional con los Stickmen. Nos vio y cotorreamos un poquito. Nos dijo que le gustó cómo tocamos y el contacto siguió por Facebook.

 

El concierto en el Teatro de la Ciudad fue una producción independiente, y es lo que queremos seguir haciendo ahora tal vez con otros músicos en otros lados del mundo; hacer estos encuentros como una experiencia de vida también.

Su más reciente trabajo, Hermandad, es una descripción perfecta de lo que es la banda en la actualidad. ¿Ustedes tocaban juntos desde temprana edad o fue algo que se dio a partir de Cabezas?

 

FS: Tocamos cuando era el momento. ¡Ahhh! [Risas]. No; realmente en la música empezamos ya grandes. Yo empecé acabando la preparatoria. A los 18 años fue cuando decidí que la música iba a ser mi carrera, intenté estudiar pero no se dio. Primero quise entrar a la [Escuela] Nacional, pero era muy complicado, luego estuve en una escuela de iniciación y pues no… entonces decidí hacer una banda en la que el rock fuera nuestra escuela. Toqué con muchos amigos, teníamos algunas rolitas… pero no funcionaba. En ese tiempo Caifanes era quien reinaba en la escena…

 

MS: Todavía, ¿no? [Risas]

 

FS: Y nuestra música estaba muy influenciada por ellos.  Era así como “No vamos a ser una banda a la sombra de Caifanes, tenemos que hacer una música que trascienda eso”. Fue entonces que decidí hacer una banda nueva con el bajista [Cristóbal Pliego]. Éramos súper amigos desde la secundaria, entonces le dije “Vamos a hacer una banda nueva, vámonos por otro lado, olvidémonos de los Caifanes”. En ese tiempo Mauricio tocaba la guitarra y ya llevaba como un año…

 

MS: Un poquito más, pero ya tenía mi guitarra eléctrica. Me escucharon y dijeron “Ah, ese wey sí toca chido” [risas].

 

FS: Dijimos: “Mauricio toca la guitarra y toca bien, vamos a ensayar un día juntos y a ver qué pedo”. Hicimos un ensayo y nos pusimos a palomear; la pura energía de cuando estás chavo y con ganas de rockear. “¡Está chingón!”. Nos fuimos por el lado instrumental totalmente, porque cada quien quería explorar su instrumento. Realmente no había nada que decir más allá de la música, no teníamos un discurso literario, ni de protesta, ni de amor, ni de nada.

 

Fue así como nació Cabezas de Cera en 1995, en un cuarto de ensayo en la casa de Cristóbal. Grabamos nuestros primeros demos en el estéreo de la casa y fuimos conociendo gente. La música nos fue llevando. Conocimos a Nacho Pineda del Foro Alicia. Llegamos ahí con nuestro demo. El lugar era nuevo y nos dieron chance. De ahí conocimos a los Arrellin (Fausto y Edgar). El primer casete se grabó con el Alicia, y luego Fausto, con el Angelito Editor, dijo: “Va, les hacemos el primer disco”. Así ha sido, una suerte de bendición de la música. La gente que se ha acercado por la música. Eso es lo que realmente ha hecho funcionar esta hermandad.

 

MS: Justo en el momento en el que empezamos a tocar, que fue a mediados del 1995, las oportunidades de estudiar música eran muy cerradas. Creo que ahora eso está cambiando un poco, todavía está muy esquematizado, pero digamos que la única manera que había para decir “soy músico” o que alguien pudiera decir “este wey sí es músico”, era estudiar en la Nacional o así.

 

Ahora hay otras formas de aprender más allá de la academia; otro tipo de conocimientos musicales alternativos que también son válidos: la tradición oral… métodos que ahora hacen que la gente se pueda liberar y pensar en el rock también como una carrera que vale la pena. Hay escuelas que enseñan música tradicional y otras vertientes.

Cabezas de Cera. Foto: Pedro Zamacona
Cabezas de Cera. Foto: Pedro Zamacona

Hermandad es un gran disco, una de mis piezas favoritas es “Rock Mahal”. ¿Qué instrumentos usan para esta rola?

 

FS: Cada canción tiene su instrumento. “Rock Mahal” es emotiva porque llega un momento en que te prendes y sueltas la greña. Tiene una parte bonita que al menos yo, cuando la escucho o toco, espero: cuando entra eldistor con todo. Me gusta también “Danza de la Lluvia”, pues con esa abre el disco, y es con la que hemos abierto muchos conciertos. Es como ¡puf! Ir entrando, calentando. Ahora me gusta también la versión que hicimos de “Migrante”. Ahí en el disco viene con armatoste, pero esa línea ya la hace Mauricio con el Stick; hace un loop, cambió un poco. No tengo una canción más favorita que otra, en general me gustan todas.

 

MS: Como dice Paco, van cambiando. También pasa que hay una canción que antes era tu consentida y a otra le hacías el feito, pero luego reconoces que esa también está chida. “Rock Mahal” me gusta mucho porque justo este disco, Hermandad, se comenzó a gestar después de un viaje a la India. Hicimos una gira ahí, y fue la última vez que tocamos como trío. Una buena manera de cerrar el ciclo. Llegamos a India y nos dimos cuenta de qué tan fuerte era la influencia de la música de Medio Oriente en nosotros. “Rock Mahal” es justo eso: esa parte que tomamos de allá pero con el rock, que es nuestra esencia.

 

Me gusta también “Éxodo Desierto Adentro” porque es una pieza muy íntima, muy acústica. Ahí sólo es Jarana Prisma, el tambor y una parte de Salterio Prisma. El mínimo de elementos para hacer una rola que te lleve por muchos lados, esa simpleza de la tímbrica me agrada.

 

¿Cómo ha sido la experiencia de tocar en foros tan importantes como el North East Art Rock Festival (Nearfest)?

 

FS: Fue increíble. Cuando estábamos allá pensamos “es como llegar a las Olimpiadas del Progresivo” [risas]. Llegas así, con los mejores del mundo.

 

MS: Y, además, nos llevamos la medalla de oro [risas].

 

FS: Entonces [2009] éramos el grupo… cómo se puede decir… el grupo que llamaba la atención. Obviamente estaban todos los grandes, los consagrados, pero decían: “Bueno, ¿Cabezas de Cera qué pedo?”.

 

MS: Sí, porque éramos… bueno, de hecho somos el único grupo latinoamericano que ha tocado en ese festival, en un circuito dominado por los gringos y por los europeos.

 

FS: Cabezas de Cera era el foco de atención. Abrimos el festival. Teníamos clara la importancia. Nos dijeron: “tienen una hora para tocar”, entonces nos preparamos para esos 60 minutos casi casi con cronómetro en mano. El escenario era un teatro como para mil personas, la producción era excelente, tenían todo lo que querías, no sé cuántas baterías, no sé cuántos órganos, pianos…

 

MS: Sí, tenían un auditorio aparte para puro backline.

 

FS: Y la atención fue de primera. Fue grandiosa realmente… la respuesta de la gente, la entrega del público. Ahí está el DVD, el testimonio. Por eso quisimos invertir en esa producción, porque fue un punto climático en la historia del grupo; un momento top.

 

En el Nearfest han tocado grandes leyendas del progresivo. ¿En aquella ocasión hubo alguna banda de influencia para ustedes?

 

FS: Tal vez como influencia no; pero sí bandas que escuché en vivo por primera vez. Por ejemplo la banda Gong, de la cual había escuchado algunas cosas, pero no tenía muchas referencias, y al ver al tipo ahí, ya todo ruquito, rockeando, ¡fue genial! O ver a Van der Graaf Generator o a los italianos de DFA…

 

MS: Bandas que merecen tu respeto, obviamente…

 

FS: Curiosamente nosotros no somos fans del progre. Así como decir “tengo todos los discos de Camel”, no. Podrás ver que no tengo mucho de eso, pero curiosamente el público progresivo, los festivales, nos dieron buena entrada desde el principio. Hemos estado en los festivales más importantes de Europa y Estados Unidos. Recuerdo cuando tocamos en el Baja Prog, y vimos a Il Balletto di Bronzo. Sonaba bastante potente, yo nunca los había visto, conocía una rola y más bien fue conocerlos estando ahí.

 

Mucha gente nos ubicaba en el progresivo, los festivales a los que íbamos eran de progresivo, pero ahora se ha diversificado. En Austria tocamos con Hermeto Pascoal en el mismo festival [Festival Galtt&Verkehrt], el mismo día. Abrimos nosotros, luego tocó un grupo de Indonesia y cerró él. Nos sacamos unas fotos con él ya bien pedos [risas]. Eso jamás los imaginamos. Austria, la meca de la música. Está padre como la música te puede llevar. En ese festival también tocó Avishai Cohen y Chucho Valdés, y bandas más diversas. Ese foro era de música contemporánea con raíces étnicas, ya no era rock progresivo sino otro tipo de público y circuito.

 

Ahora, para agosto, nos invitaron al Museo de Arte Moderno aquí en la ciudad de México, a un ciclo de música experimental y a hacer una intervención sonora en el museo a partir de los instrumentos que hace Francisco. Es otro contexto; incluso tiene que ver ya con la plástica y el arte sonoro. Nuestra música también puede caber ahí. Nos hemos liberado de etiquetas, aunque a veces es necesario ponerlas para que te contraten en un lugar.

¿Han sacado o tienen planeado sacar material de Cabezas de Cera en vinyl? ¿Qué opinan de este formato?

 

FS: La idea es buena, pero parece que el mercado no es tan redituable. Sería algo más romántico. A mí me gustan los vinilos, tengo mi colección. Lo hemos comentado pero requiere de una inversión, y en este momento no es viable para nosotros.

 

MS: Lo que sí es viable es seguir haciendo discos. Si bien ya no se venden tantos como hace algunos años, todavía el disco físico sigue siendo un referente de lo que estás haciendo. Caligari [su próximo material] lo vamos a sacar como disco y seguramente sacaremos más. Por otro lado, no reeditaremos los discos anteriores porque estamos pensando en lo que sigue, lo tenemos marcado: No quedarnos con lo que ya salió, lo que ya pasó estuvo a toda madre, pero que nuestra atención y nuestro capital, que no es mucho, nos permita hacer nuevos discos, giras, producir conciertos…

 

Han tenido colaboraciones importantes, han tocado en varias ocasiones con Juan Pablo Villa o Germán Bringas en el Alicia. ¿Qué opinan de la escena musical en México?

 

MS: Creo que ahorita está pasando de todo en México; en varias vertientes, tanto en la música como en las artes. Es un lugar privilegiado, hay mucho movimiento, Juan Pablo y Germán son referentes, pero igual hay mucha banda, Fernando Vigueras, Cráneo de Jade… te podría mencionar un chingo de los que a mí me gustan. Afortunadamente hay una efervescencia de propuestas interesantes que están saliendo al exterior, y también hay buen público aquí en la ciudad.

 

Hay un público que asiste y que paga. Obviamente es difícil, competir, o más que competir, tener de referencia a todos estos grandes festivales que tienen mucha lana, que cobran un dineral y que la gente prefiere pagar mil varos un día en vez de pagar 100 por ver a dos grupos nada más. Están ese tipo de cosas; no obstante, la ciudad es un buen lugar tanto para el creador como para el público. Mucha música, ofertas, festivales, pequeños foros. Hay que aprovecharlos porque no en todos lados existe, uno pensaría que el gabacho está mejor y sí, pero aquí no está tan mal. Hay un movimiento de los recientes cinco años, cualquier wey que viene de fuera dice “Uta yo quiero estar ahí”. Con las carencias y limitaciones, pero hay chance.

Cuéntenos más sobre el nuevo material

 

FS: Estamos por sacar un nuevo disco; hicimos la musicalización de la película del Gabinete del  Doctor Caligari para tocarlo en vivo, y a partir de esa experiencia quisimos hacer un disco; no precisamente hacer la misma historia lineal, sino retocar y adaptar los temas a una versión totalmente auditiva. Estamos en ese proceso.

 

MS: Tenemos, también, este proyecto del Museo de Arte Moderno que nos va a llevar a crear nueva música o un planteamiento específico. La música de Caligari fue con una instrumentación más acotada a batería electrónica, Grand Stick y piano. Nos salimos de los otros instrumentos. Ahora vamos a dedicarnos a esto de manera que cuando salga el disco lo que van a escuchar es súper diferente a Hermandad, otra onda y el mismo grupo.