Lourdes ha llorado mucho por la desaparición de su hijo David y el de su amigo Miguel. El viaje por carretera desde la Ciudad de México a Ixtapa Zihuatanejo no tuvo mucha planeación. Los jóvenes tenían motivos de sobra para festejar, pero nunca llegaron a la playa y tampoco regresaron a sus casas; fueron secuestrados en la carretera el 5 de enero de 2012, en Guerrero.

 

La entidad se ubica entre las de mayor incidencia junto a Tamaulipas, Estado de México y Morelos; en los primeros dos años de esta administración federal se cometieron más de 5 mil plagios en México, según la Organización Alto al Secuestro.

 

El Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal asegura que por cada secuestro reportado cinco no se denuncian y más de 75% se soluciona con el pago del rescate.

 

Las familias pagaron el rescate, pero los estudiantes no fueron liberados; en su desesperación las familias decidieron investigar por su cuenta y en el proceso nuevamente fueron víctimas, esta de vez de defraudadores que les prometieron rescatarlos. Esta es su historia.

 

Lourdes se despidió de David la noche anterior. Le recordó a su hijo las cosas que debía guardar en la maleta y le dio la bendición.

 

-Feliz viaje. Maneja con cuidado, no corras y cuídate.

 

“Como había tanto anuncio de ‘Visita México’ nunca pensamos en qué condiciones de inseguridad estaban las carreteras”, lamenta la señora.

 

A las 6 de la mañana David Ramírez tomó las llaves de la camioneta color gris y condujo por el sur de la Ciudad a la casa de Miguel Rivera quien ese día cumplía 20 años. Era jueves, pero ya querían llegar a la costa del Pacífico para celebrar.

 

Habían invitado a otro amigo, pero acababan de terminar las fiestas decembrinas y sus padres no le dieron permiso porque consideraban que ya había sido mucho paseo. Llenaron el tanque de gasolina y eligieron la ruta de la carretera Toluca. En Guerrero la conocen como la Carretera de la Muerte por el mal estado del pavimento, el aislamiento y los delincuentes.

 

“En un mapa se puede ver una ruta que parece más escénica y corta pero no la quieras tomar. Tal vez nunca llegarás si lo haces”, es la advertencia que hacen a los turistas en el portal zihuatanejo.net para no usar la Carretera Nacional 134.

 

Miguel estaba en el último año de preparatoria y David, de 19 años, había terminado bien el primer semestre de una ingeniería. Soñaba con ser empresario.

 

Miguel traía su celular en la mano y le iba mandando mensajes a una amiga indicándole el camino. Alrededor de las 11 de la mañana ya estaban en Guerrero. Sobre la carretera federal fueron detenidos por un grupo armado.

 

-Avísale a la mamá de David que se suben a David. Alcanzó a escribir Miguel.

 

-¿Se lo suben a dónde? Preguntó su amiga.

 

-¡Háblale! Alcanzó a decir cuando le quitaron el aparato.

 

Los familiares de ambos llamaron muchas veces. Sonaba y sonaba, pero no contestaban lo que aumentó el nerviosismo y la preocupación.

 

Cinco horas después David contestó su teléfono; era su hermana menor y él estaba llorando.

 

-¡Ayúdame, ayúdame, estoy en problemas! Suplicó.

 

Antes de que su hermana pudiera reaccionar escuchó la voz de un hombre desconocido.

 

-Comunícame con el papá.

 

-Él no está aquí. ¿Son policías?

 

-No, no somos policías. Esto es un secuestro, localiza al papá.

 

El delincuente colgó y ella se soltó a llorar aterrorizada. Le marcó a su mamá para avisarle.

 

-Creo que secuestraron a David. Débora remarcó y los secuestradores contestaron. Exigieron una cantidad de dinero y colgaron.

 

Las dos familias decidieron pedir ayuda. Denunciaron el secuestro ante el Ministerio Público Federal quien inició la averiguación previa PGR/SEIDO/010/2012, que luego cambió a PGR/SEIDO/289/2013.

 

“Nos mandaron a dos negociadores para asesorarnos. La negociación duró cerca de dos semanas, se llegó a un acuerdo del monto. Siempre la negociación fue del celular de mi hermano al de mi mamá, el rescate era por la liberación de los dos. Le hablaban siempre a mi mamá con mucha tranquilidad, nunca hubo ni una grosería”, recuerda Lourdes, la otra hermana de David.

 

Los días pasaban y no podían hablar con los muchachos. Cuando los delincuentes llamaban era sólo para preguntar si habían juntado el dinero.

 

“Antes de pagar el rescate pedimos hablamos con ellos para asegurarnos de que estuvieran con vida. Cuando nos los pasaron estaban llorando, dijo que estaban bien. Mi mamá les dijo que tuvieran paciencia, les hizo una pregunta de prueba a cada uno y ya, fue una llamada muy corta, pero dábamos por hecho que iban a regresar”, cuenta Lourdes.

 

La persona que fue elegida para llevar el dinero fue citada en la misma zona donde cometieron el plagio. Iba solo, se detuvo en la carretera, era de día cuando se acercaron cuatro criminales que llevaban armas largas y vestían ropa como la de los soldados.

 

-¿Y los muchachos? Preguntó con un nudo en la garganta después de que entregó el efectivo.

 

– Vete para allá y ahí los vas a encontrar. La indicación era recorrer la carretera, pero llegó al poblado y no hubo intercambio.

 

Esperó con la esperanza de volver al DF con los muchachos, no entendía por qué no los entregaban. Pasaron las horas y cuando se hizo de noche tuvo que buscar un hotel cercano.

 

“Adornamos la casa, la llenamos de globos, pusimos un letrero que decía: Bienvenidos David y Miguel. Queríamos que supieran que los esperábamos con mucho amor, que ya todo había pasado.

 

“Era de noche y teníamos todo preparado como lo habían dejado, comida, sus cuartos, era una fiesta, era un momento muy esperado tras 15 días de negociación en el que ya los íbamos a tener, los íbamos a abrazar y los íbamos a ayudar a superar eso, pero al pasar las horas y ver que no regresaban empezó una angustia muy fuerte”. Las palabras de Lourdes son cortadas de tajo para no entrar en más detalles, para no abrir más las heridas.

 

Los policías federales recomendaron a las familias que no se preocuparan porque a veces pasa que sueltan a las víctimas un día después. Cuando habían pasado varios días les dijeron que tal vez los secuestradores iban a querer renegociar, probablemente en unos seis meses para exigir más dinero, pero ese momento tampoco llegó.

 

-Si lo hacen público matan a David y Miguel. Advertían los federales a las familias que a los seis meses de espera mandaron cartas a Presidencia, a la Secretaría de Marina, al Ejército, a Gobernación y a todas las instancias que se les ocurrieran.

 

“Fuimos a todas las comisiones, también fuimos estafados por personas que se hacían pasar por ex agentes del FBI, investigadores que nos hacían creer que tenían un equipo de salvación, pero en realidad sólo buscaban obtener dinero y así pasaron estos tres años”, lamenta Lourdes.

 

Entre las dos familias y las autoridades se logró saber la ubicación de las personas, se consiguieron los nombres de los presuntos secuestradores, incluso los apodos, pero no hubo ni detenciones y rescatados.

 

Los celulares de David y Miguel tenían GPS y los captores usaron el teléfono de David durante meses, hacían llamadas personales y se supo que se movían siempre en una zona que no superaba 500 metros a la redonda. Hasta el momento la camioneta en la que viajaban tampoco ha sido recuperada.

 

Desde entonces, la Procuraduría General de la República reporta la consignación de 11 personas, con nueve detenidos, ante el juzgado quinto de Guerrero bajo la causa penal 19/2013, pero existe la sospecha de que se trata de personas de bajo nivel en la organización criminal. En la PGR reconocen que dos criminales no han sido capturados.

 

A tres años del secuestro la familia de David decidió difundir el caso para pedir ayuda en redes sociales con la campaña “Rescatemos a David y Miguel”. No le interesa la captura de nadie más, ni tampoco pide castigo o venganza, sólo quieren recuperar a los jóvenes.

 

“Es una zozobra todo el tiempo, hay sentimiento de culpabilidad, estás en una reunión y te sientes culpable cuando otros lo son. A la hora que te duermes y ves una cama estás pensando en qué condiciones están ellos, piensas si están amarrados.

 

“Es una situación desgaste, muy fuerte para las mamás. Cada cosa que haces de manera natural te das cuentas que para ellos no lo es, ir al baño, comer, para ellos no lo es, están a expensas de lo que dice una persona”, reflexiona la madre quien no pierde la esperanza de que volver a ver a su hijo quien ahora estaría en el último año de la carrera.

 

“He llorado mucho”, dijo a 24 HORAS.

 

El Sistema Nacional de Seguridad Pública reporta que en 2012 se iniciaron mil 267 denuncias por secuestro en la PGR, pero para Isabel Miranda de Wallace, presidenta de Alto al Secuestro, en los primeros dos años de esta administración se registraron 5 mil casos, muchos no se denunciaron.

 

De acuerdo con la líder social, el 14% de las víctimas mueren privadas de su libertad.