Amnistía Internacional (AI) de Estados Unidos comenzó este viernes en Miami, Florida, su reunión anual con un llamado a la “protección de las personas en tránsito” como parte de una campaña global que lanzará en septiembre y que busca un “mecanismo trasnacional regional” con ese propósito.

 

En entrevista con Efe, Marselha Goncalves Margerin, directiva para las Américas de AI, explicó que se deben explorar “cuáles son las obligaciones de los Estados en términos regionales de protección” de estos inmigrantes.

 

Parte de esa labor la iniciaron más de mil activistas en la plenaria celebrada en Miami, en la que se abordó la “violencia, impunidad y corrupción” que se registra en el Salvador, Guatemala y Honduras, que ha desplazado a miles de niños que buscan refugio en Estados Unidos.

 

Goncalves Margerin precisó que mientras la campaña en las Américas se centrará en el corredor Centroamérica-México-EU, en Europa el objetivo serán los desplazados que han dejado seis años de guerra en Siria.

 

“Las crisis no se pueden comparar, las causas son distintas, pero lo importante es que las personas que están huyendo necesitan de protección, ya sea en Siria o en Centroamérica, no importa si estás huyendo del Estado Islámico o de las pandillas”, aseguró la activista humanitaria.

 

Goncalves Margerin resaltó que la “obligación de los estados es proteger” a estas personas en tránsito y criticó a aquellos que las califican como “inmigrantes económicos”, un término que “no existe en ningún documento internacional” y que es una excusa para “eximirse de la responsabilidad de proteger a la gente”.

 

La activista denunció que en el caso de Centroamérica “las pandillas han tomado el espacio de los Gobiernos”.

 

“Mucha gente está huyendo, no están simplemente migrando porque quieren más dinero, lo hacen porque no hay protección del Estado, hay una gran impunidad, no hay un sistema de Justicia”, se lamentó Goncalves Margerin.

 

En el mismo sentido se expresó el periodista salvadoreño Oscar Martínez, autor del libro “La Bestia”, como se llama el tren mexicano en el que miles de indocumentados centroamericanos viajan a la frontera entre México y Estados Unidos, exponiéndose a accidentes y a la acción de delincuentes.

 

“La edad en las que muchos niños están entrando en Estados Unidos es la edad en que las pandillas intentan reclutarlos o en la que ejercen más violencia contra ellos, entre los 13 y los 17 años”, explicó a Efe Martínez, quien también participó hoy en la Reunión General Anual de la sección estadounidense de Amnistía Internacional (AIUSA).

 

La llegada masiva de estos niños en 2014 a EU produjo una crisis humanitaria que llevó a la detención de 68.541 menores no acompañados en la frontera con México entre el 1 de octubre de 2013 y el 30 de septiembre de 2014, cifra que se redujo a 39.970 menores en el siguiente periodo.

 

El periodista señaló que “El Salvador nunca ha experimentado la paz” y criticó que el año pasado fue el más violento del siglo en ese país centroamericano, “en el que 1 de cada 972 salvadoreños fue asesinado”.

 

Martínez además cuestionó que México siga las mismas políticas migratorias de Estados Unidos, tanto respecto a la vigilancia de las fronteras como a los procesos para aprobar solicitudes de asilo.

 

En ese sentido, no le sorprende que en 2015 la nación latinoamericana haya reconocido como refugiados a solo 52 de estos menores centroamericanos, el 0.3 % del total, según denunció este jueves Human Rights Watch (HRW).

 

“México se comporta como un acólito de Estados Unidos en todas las áreas que tienen que ver con la inmigración”, criticó el periodista, para luego asegurar que Estados Unidos debe “aceptar más responsabilidad de la que acepta” en ese tema.

 

La plenaria sobre derechos humanos y migraciones estuvo presidida por una concentración de los participantes por las calles adyacentes al hotel donde se celebra, cerca del Aeropuerto Internacional de Miami.

 

El temario de la reunión anual, que concluirá el domingo 3 de abril, es amplio y variado, desde la islamofobia hasta el éxodo de centroamericanos, pasando por el problema de la proliferación de las armas de fuego en las calles, la crisis de los refugiados, la pena de muerte y los programas de espionaje de ciudadanos comunes.