BUENOS AIRES. Una madre que parió encapuchada en una cárcel clandestina durante la última dictadura militar de Argentina logró reencontrarse hoy con su hijo, después de 39 años, gracias al trabajo realizado por las Abuelas de Plaza de Mayo.

 

Madre e hijo se vieron por primera vez esta mañana, y por la tarde, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, acompañó en una rueda de prensa a Mario Bravo, quien a partir de ahora será identificado como el nieto recuperado 119.

 

Tengo la suerte de haber encontrado a mi mamá con vida y eso es un milagro, cuando conoces a tu mamá ves pasar una película de tu vida en blanco y negro”, contó Bravo.

 

Agregó que “cuando te encuentras con tu mamá es emocionante, piensas que también te buscaban, que le faltaste a esa familia durante todos esos años, pero ahora hay que ser positivo, pensar para adelante, lo que pasó es muy feo pero ya está”.

 

De Carlotto explicó que Bravo es el sexto nieto recuperado que logra reencontrarse con su madre biológica, un caso excepcional ya que generalmente los represores mataban a las mujeres después de parir y les robaban a sus hijos para entregarlos en adopciones ilegales.

 

La mujer, cuyo nombre se preservó, fue secuestrada por los represores en la provincia de Tucumán, y parió entre mayo y junio de 1976 en una cárcel clandestina de la provincia de Tucumán, pero ni siquiera pudo saber el sexo de su bebé porque la encapucharon y se lo arrebataron.

 

Después de dos años de cautivero, la mujer fue liberada y pasaron 30 años hasta que reunió el valor suficiente para acudir a la Secretaría de Derechos Humanos a denunciar lo que había sufrido y buscar a su hijo.

 

El primer paso fue extraerle sangre para ingresar su archivo en el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG) en donde se entrecruzan las muestras de las víctimas de la dictadura que buscan a sus hijos o nietos.

 

De manera paralela, Bravo siempre sospechó que las personas que lo criaron no eran sus verdaderos padres, por lo que este año acudió a las Abuelas de Plaza de Mayo para investigar si era hijo de desaparecidos políticos.

 

En agosto, él se realizó la extracción de sangre para entregarla al BNDG, lo que permitió comprobar que era hijo de una víctima de los represores, pero sobre todo, descubrir que su madre estaba viva.