Lunes 21 de Abril, 2014

A 32 años del atentado a Juan Pablo II y el nuevo libro de su agresor

Mohame Alí Agca, entonces de 23 años, disparó contra el pontífice en la plaza de San Pedro, en uno de los episodios polémicos de la historia contemporánea

Foto: EFE

Eran las 17:28 horas del miércoles 13 de mayo de 1981, cuando el papa Juan Pablo II recorría, en un jeep descubierto, el ala derecha de la plaza de San Pedro, en la zona conocida como campagnola bianca, antes de oficiar la audiencia semanal en El Vaticano.

 

Él no lo sabía que en ese momento, mientras saludaba a los más de 30 mil fieles, en las gradas dispuestas para los espectadores, un sujeto estaba a punto de atentar contra su vida: era Mohamed Alí Agca, de origen turco y con 23 años de edad en ese entonces.

 

Al pasar el auto oficial del Santo Pontífice frente a la zona donde se encontraba Alí Agca, éste abrió fuego contra el líder de la iglesia católica con un arma de 9 milímetros desde atrás de la barrera de protección.

 

El terrorista consiguió herir de gravedad a Juan Pablo II, pues de los cuatro disparos que recibió el papa, dos penetraron en el intestino, otra bala le alcanzó el brazo derecho y la última se impactó en el meñique de la mano izquierda.

 

Las detonaciones y la caída del papa desataron el pánico entre los miles de fieles, quienes salieron corriendo despavoridos, pero una vez controlados e informados de que todo estaba ya en control, inició la sucesión de rezos y aves marías por la recuperación de su líder religioso.

 

Gravemente herido, Juan Pablo II fue trasladado al Policlínico Universitario Agostino Gemelli, donde fue intervenido quirúrgicamente por casi seis horas para extraerle las balas que penetraron en el aparato digestivo.

 

La hemorragia fue severa y Carol Wojtyla tuvo que recibir una transfusión de sangre de mil 900 centímetros cúbicos del tipo A RH-, además de que le fueron extraídos 30 centímetros del intestino delgado.

 

Se dijo que poco antes de entrar al quirófano, donde fue operado por el doctor Francesco Crucitti, el santo padre preguntó, con un hilo de voz: “¿Cómo lo han hecho?”.

 

(Foto: Especial)

 

Cadena perpetua

 

Setenta días después del fallido atentado, el 22 de julio, Mohamed Alí Agca fue condenado a cadena perpetua por el Tribunal de Primera Instancia de Roma. La pena incluía el intento de homicidio involuntario contra dos turistas que resultaron lesionados luego de que Juan Pablo II fue baleado.

 

La sentencia fue emitida después de siete horas de deliberaciones, que siguieron a la afirmación del abogado defensor de que el “gesto de Alí Agca fue aislado, como lo prueban las investigaciones policiales y de los servicios secretos, así como el comportamiento del acusado”, quien mantuvo una actitud fría y un autocontrol que sacó de quicio a los agentes que lo interrogaron, pero que más tarde cayó en contradicciones.

 

El tribunal estaba formado por tres jueces oficiales y diez jueces populares elegidos por sorteo entre los ciudadanos. Entre ellos figuraban dos amas de casa, dos maestros jubilados y un criador de conejos.

 

El abogado defensor de Alí, D’Ovidio, hizo todo lo que pudo para evitar que el agresor de Juan Pablo II fuera condenado a cadena perpetua, presentándole como un “solitario paranoico y esquizofrénico”, un “exaltado religioso que pensaba convertirse en un héroe de la religión musulmana matando al padre de los cristianos”.

 

Recordó que incluso la madre de Alí, una mujer del campo, declaró que su hijo sufría ataques epilépticos desde los 10 años. Pero tanto esfuerzo para el litigio de nada sirvió. El jurado infligió al joven terrorista la máxima pena solicitada por el fiscal.

 

Pero contra estas versiones, de acuerdo con una nota publicada al día siguiente del atentado por el diario español El País, Alí Agca contaba ya con un historial delictivo en Turquía, pues estaba acusado de haber asesinado, en febrero de 1979, a Abdi Ipeksi, director periódico independiente Milliyet.

 

Además en noviembre de ese mismo año, dos antes del atentado contra Juan Pablo II, el turco se evadió de una prisión militar y envió una carta al referido diario en la que daba a conocer sus pretensiones de acabar con la vida del pontífice, quien visitó ese país el 28 de noviembre de aquel año.

 

El reencuentro

 

Fue el 27 de diciembre de 1983, Juan Pablo II y Agca se volvieron a encontrar, aunque esta vez se pudieron mirar directo a los ojos. El pontífice visitó a su agresor en la cárcel romana de Rebibbia.

 

El religioso y el terrorista estuvieron juntos en la misma celda, blindada, por cierto. Nadie más pudo escuchar lo que decían. La plática fue privada y lo que ahí se dijo, en voz baja, sólo los protagonistas lo saben.

 

Para evitar sorpresas la puerta de la celda se mantuvo abierta. El séquito de Juan Pablo II esperaba con los ojos bien abiertas en el pasillo y, aunque seguro también intentaron aguzar el oído, todo fue en balde.

 

Sólo se supo hasta después que ambos conversaron en italiano y que el encuentro fue solicitado por el jefe del Estado Vaticano, con previa aprobación del turco, quien sin más aceptó entrevistarse con su víctima a condición de que la charla durara por lo menos 20 minutos. Y así fue.

 

Concluido el encuentro, Juan Pablo II se negó a revelar los temas que versaron en su encuentro, porque dijo sentirse obligado “a respetar los secretos de una persona”. Sólo se limitó a comentar que su agresor le manifestó su arrepentimiento por haber atentado contra su vida el 13 de mayo de 1981 en la plaza de San Pedro.

 

El pontífice añadió que “he hablado con él como se habla con un hermano, a quien yo he perdonado, y que hoy goza de mi confianza”, aunque no quiso precisar si había dado o no la bendición al terrorista musulmán turco.

(Foto: EFE)

 

El perdón no pedido

 

No obstante lo dichos del papa en el sentido de que Agca le manifestó su arrepentimiento por el atentado y le pidió perdón, en el 2011, Joaquín Navarro Valls, quien fungió como portavoz de Juan Pablo II por 22 años, aseguró que el turco jamás se disculpó ante el Santo Padre.

 

Navarro recordó que Wojtyla quedó muy sorprendido porque, durante su visita a la celda, Alí Agca no le pidió perdón y lo único que le dijo fue: “me tienes que decir cuál es el secreto de la Virgen de Fátima”.

 

El mismo terrorista contó en el año 2000 que cuando el papa le visitó en la cárcel le preguntó “directamente” por el secreto de Fátima, pero que el papa no le hizo ninguna consideración.

 

“El Papa -subrayó en aquella ocasión- mantuvo un silencio absoluto, lo que me causó una profunda desilusión, junto a la gran alegría de haberme encontrado con él”.

 

En el registro de el diario español El País sobre el encuentro, publicado un día después de que éste se llevara a cabo, se menciona que el capellán de la cárcel, Dante Mele, dijo que “pocos días antes de la visita del Papa, el terrorista turco le había confirmado que, como usted sabe, yo soy un no creyente, pero recibo igualmente con gran emoción la visita del Papa”. Según su propio relato, el capellán preguntó: “¿Y si Dios lo iluminara?”. Alí Agca respondió: “Si así fuera, lo aceptaría, pero ahora no lo sé”.

 

(Foto: Especial)

 

La libertad

 

Mohamed Alí Agca vislumbró el final de su cautiverio el 13 de junio del 2000, cuando el presidente italiano, Carlo Azeglio Ciampi, le otorgó el indulto, pero no fue liberado sino que Turquía revocó la decisión y entonces se le extraditó a su país de origen para pagar sus cuentas. El 12 de enero de 2006 fue puesto en libertad, aunque sólo para cambiar de una cárcel a otra.

 

El 18 de enero de 2010, con 27 años de cárcel encima, Agca dejó el penal de alta seguridad de Kartal, en Estambul, donde compartí espacio con criminales de alta peligrosidad. Esto a pesar de que debió haber permanecido en prisión al menos hasta el 18 de enero del 2014.

 

Los primeros 19 años de cárcel estuvo confinado en prisiones italianas, cadena perpetua que en 1989 le rebajaron por buena conducta. En el 2000 fue indultado. Pero eso no significó la libertad para el terrorista turco. Le esperaba la justicia de su país. Tenía que cumplir diez años, en lo que quedaron sus condenas, por varios delitos cometidos cuando pertenecía a la organización de extrema derecha Lobos Grises.

 

El más grave: el asesinato del director de un periódico en 1979. Fue detenido entonces, pero se escapó de la cárcel y huyó hacia Bulgaria. Tras recorrer varios países, entre ellos España, se le volvió a localizar en el Vaticano el 13 de mayo de 1981. Acababa de disparar a Juan Pablo II.

 

Su vida entre las rejas ha dado para mucho. Ya desde su libertad la prensa preveía un golpe de entrevistas e incluso la publicación de un libro en el que contaría su versión de lo ocurrido sobre el atentado, con detalles no revelados. Y así fue.

 

(Foto: Especial)

 

El libro y la nueva versión del atentado

 

En días pasados Mohamed Alí Agca volvió a los titulares de la prensa, pues recientemente publicó su libro en Italia “Me prometieron el paraíso. Mi vida y la verdad sobre el atentado al papa”, en el que volvió a cambiar la versión del origen de los motivos que lo orillaron a atentar contra Juan Pablo II.

 

En las líneas de su libro, escrito en primera persona, se lee que el líder espiritual de la revolución iraní, el ayatolá Jomeini, fue quien le ordenó matar al pontífice, esto a pesar de que todos estos años Agca ha dado numerosas y extravagantes versiones sobre los autores intelectuales del atentado.

 

“Querido Alí, es la voluntad de Alá. No tengas dudas. Debes matar al papa en nombre de Alá. Debes matar al portavoz del diablo en la Tierra, al vicario de Satanás en el mundo”, le dijo Jomeini durante una charla nocturna, según escribe Agca.

 

Y añade: “Mata por él, mata al anticristo, mata sin piedad a Juan Pablo II, y después quítate la vida para que la tentación de la traición no ofusque tu gesto”, le instó Jomeini a Agca.

 

“Ese derramamiento de sangre será el preludio de la victoria del Islam en todo el mundo. Tu martirio será recompensado con el paraíso, con la gloria eterna en el reino de Alá”, rememora el extremista turco, quien tenía entonces 23 años.

 

En el libro, publicado por la editorial Chiarelettere, Agca también describe con detalles la histórica reunión que sostuvo con Juan Pablo II, en la que le habría dicho: “No quiero traicionar a Jomeini. No quiero traicionar a Mohsen Rezai. No quiero renegar de Irán y la causa islámica”.

 

Según el Agca “el papa intuye” su malestar y le dice: “’Yo te doy mi palabra de honor de que lo que me digas quedará para siempre como secreto entre tú y yo’”.

 

“Comprendo que es sincero. No dudo de él. Su fuerza interior abate todo obstáculo y desvanece toda duda. Así revelo mi gran secreto”, afirma Agca. Y sigue: “Está conmovido. Pero al mismo tiempo no está sorprendido: es como si de algún modo ya supiera algo, o si antes de venir a verme hubiera evaluado esta hipótesis. Inmediatamente dice: ‘Como te perdono a ti, perdono también a ellos’”.

 

“Luego me pregunta: ‘¿Pero por qué querían matarme? Yo soy amigo de los hermanos musulmanes`. Respondo: `Santidad, más que por enemistad, querían matarte para realizar lo que para ellos es el verdadero tercer secreto de Fátima. Para los musulmanes en Portugal apareció Fátima, la hija de Mahoma, y habría predicho el fin del Vaticano y el comienzo de una nueva era: el mundo en manos del Islam’”.

 

“Tu muerte debía acelerar el retorno del Mahdi y por lo tanto el fin del mundo tal como lo conocimos hasta hoy”, explicó Agca al papa, según su relato.

 

 

Vaticano e Irán reaccionan

 

Todo esto fue tajantemente desmentida por el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi. “No es verdad que Agca haya hablado con el papa del ayatolá Jomeini y de Irán como autor intelectual del atentado durante la conversación en la cárcel, ni de una pista islámica”, dijo.

 

Las “nuevas falsedades” de Agca, como las tildó Lombardi, se suman a las “más de cien versiones” que el turco ha dado sobre los motivos que lo llevaron a disparar contra el papa Juan Pablo II en plena plaza de San Pedro.

 

En un comunicado divulgado por la embajada de Irán en Roma, las autoridades de ese país tildaron el libro de “inaceptable y difamatorio”.

 

“Es una herida a la sensibilidad del pueblo iraní”, sostiene la nota que considera a Agca una persona no creíble y con problemas psicológicos.

 

Después de haber sido arrestado en 1981, Agca sostuvo que actuó solo y más tarde sugirió la “pista búlgara”, en la cual habría estado involucrado el régimen comunista soviético.