Tal vez las Fuerzas Armadas tengan sus propias razones.

Información secreta o incertidumbres verdaderas.

Pero de tiempo acá, las Secretarías de la Defensa Nacional (Sedena) y de Marina (Semar) han acelerado las distintas obras en el proceso en toda la República.

Lo han hecho con instalaciones a su cargo o promovidas tanto por los Gobiernos federal o estatales.

Porque todavía hoy, muchos o la mayoría de los Gobiernos locales ven en el Ejército y la Marina la mayor alternativa, si no la única, para enfrentar con éxito al crimen organizado.

ACELERAN OBRAS, EJÉRCITO Y MARINA

Un sentimiento a punto de trascender el sexenio.

Como respondió Andrés Manuel López Obrador en su primer encuentro con la cúpula castrense cuando el general Salvador Cienfuegos le expresó satisfacción por su oferta de campaña de acuartelar al Ejército.

-No, no, no… Todavía no -repuso varias veces.

Los soldados, le dijo el divisionario, le estarían agradecidos porque carecen del marco de certidumbre prometido con la Ley de Seguridad Nacional.
Al final, el acuerdo fue común: seguirá la participación de la milicia en labores de seguridad pública el tiempo necesario en espera de una Policía efectiva.

Esa incertidumbre castrense se extiende a otros ámbitos.

No se sabe, por ejemplo, cómo vienen los tiempos de la denominada cuarta transformación.
Por eso la aceleración de obras: hospitales, cuarteles, oficinas centrales…

Acaso el mejor ejemplo sean las instalaciones de la Marina en su sede capitalina antes de iniciar su viaje con la prometida descentralización.
El Centro Médico Naval está a punto de concluir y, mientras tanto, la Secretaría de Marina ha tomado el ala oriente del Parque de los Coyotes en Coyoacán, tumbado árboles y a las prisas se levantan varios edificios.

Una manta da fe del hecho:
“El Gobierno de la Ciudad de México, el Zoológico, la Semar y los representantes de la comunidad deportiva trabajando por el beneficio de todos”.
Atrás quedó la lucha pública atendida por Marcelo Ebrard cuando negó esos cientos de metros para no mutilar un pulmón verde y centro deportivo y social.

Y gracias a estas urgencias de fin de sexenio se atendieron reclamos de los gobernadores sudcaliforniano Carlos Mendoza Davis y quintanarroense Carlos Joaquín de tener cuarteles para desde ahí orquestar la lucha anticrimen.

O el hospital de Torreón, apenas inaugurado por el general Salvador Cienfuegos y el gobernador Miguel Riquelme.

Pocas obras estarán inconclusas al comenzar el próximo Gobierno.

EL CHAPO: VERDADES Y ESTRATEGIA

En el juicio de Joaquín el Chapo Guzmán han salido verdades y distracciones de estrategia.

La primera verdad está registrada por la agencia antidrogas de Estados Unidos, la Drug Enforcement Administration (DEA por sus siglas en inglés), desde hace varios años.

El jefe real del cártel de Sinaloa es Ismael el Mayo Zambada, quien celebraba el comportamiento folclórico de su compadre porque le distraía la atención del aparato de seguridad mexicano.

Hoy su hermano, Jesús Zambada, da pormenores y la justicia de Estados Unidos simplemente los ratifica.

La estrategia también está a la vista: desviar la atención con información falsa para reducir la importancia de un hombre cuyo futuro es la celda perpetua.

Y van bien sus abogados, pero nadie les cree y la justicia neoyorquina los reconvino por ello: ¿alguien se imagina a Zambada o Guzmán Loera en entrega de millones de dólares a Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto?

En dado caso se los hubiesen dado a Vicente Fox o a su entorno, cuyo Gobierno inauguró el capo sinaloense con su espectacular fuga del penal de Puente Grande, Jalisco.

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