En las próximas semanas, se espera que la maestra Elba Esther Gordillo retome el control de la dirigencia nacional del SNTE. El propio Juan Díaz de la Torre, el actual secretario general encumbrado por el presidente Enrique Peña Nieto al inicio de su sexenio, sabe que tiene sus horas contadas al frente del magisterio, peor aún, que deberá rendir cuentas por las muchas traiciones cometidas en contra de los maestros.

Desde su liberación, apenas el 7 de agosto pasado, la maestra Gordillo ha operado al más alto nivel de la política nacional su regreso a las grandes ligas. Nos confirman que no pasará del mes de noviembre cuando el Congreso Nacional del SNTE –aquél que fue violentado en el año 2013 con el apoyo del actual Gobierno federal– reivindique de nueva cuenta sus derechos sindicales y le abra la puerta legal para encabezar otra vez más a la mayor organización sindical de América Latina.

La cúpula del SNTE afín a la Maestra, integrada por diversas secciones sindicales a lo largo y ancho de la República, ha celebrado varias reuniones secretas con el fin de analizar las acciones a realizar para recuperar al gremio docente. Pese a lo hermético de las negociaciones, han trascendido dos informaciones fundamentales sobre el futuro inmediato de la dirigencia nacional. Por un lado, que la maestra Elba Esther únicamente ocupará de manera transicional la Secretaría General, a efecto de llevar a cabo una profunda transformación y democratización del SNTE y, por el otro lado, una vez logrado el anterior propósito, convocar a un nuevo Congreso Nacional para designar a su sustituto.

Aunque los líderes sindicales cercanos a la Maestra han levantado la mano y hay abiertos enfrentamientos por la sucesión del SNTE, lo cierto es que Gordillo Morales, leal a sus convicciones políticas y aprecios personales, ya ha tomado la decisión de que el próximo dirigente magisterial sea uno de sus colaboradores más cercanos: el profesor Rafael Ochoa Guzmán.

Nos comentan que la maestra Gordillo se ha inclinado por su amigo de luchas por la sencilla razón de que es quien más conoce la vida interna del sindicato; asimismo, porque ve en él al único capaz y preparado para unir al magisterio a nivel nacional y realizar las sinergias necesarias con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador para impulsar los cambios educativos que requiere el país.
No menos importante es que el profesor Ochoa es quien asumió –en coordinación con Fernando González Sánchez– el liderazgo de las Redes Sociales Progresistas (RSP), la organización alterna que ayudó de manera determinante al partido Morena a convertirse en la fuerza política más importante de México.

El papel protagónico de Ochoa Guzmán al frente de las RSP no solamente le permitió mantener contacto permanente con AMLO y su gabinete, sino también ganarse toda su confianza y respeto por la eficacia de sus oficios políticos, incluyendo, por supuesto, al próximo secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, a quien lo considera también su amigo y una gente con la que se puede dialogar, negociar y acordar una nueva agenda educativa que beneficie por igual a maestros y a los alumnos.

La maestra Elba Esther, así como la mayoría de los líderes seccionales opositores y no opositores a Juan Díaz de la Torre ven en el profesor Rafael Ochoa al más indicado para darle un nuevo rumbo al SNTE. Por lo pronto, nos cuentan que Rafael Ochoa se encuentra realizando tareas quirúrgicas con diversos actores, las cuales incluyen, en primer lugar, impulsar con las cabezas del nuevo gobierno obradorista y legisladores federales la derogación de la reforma educativa y, en segundo lugar, la reconciliación entre las 61 secciones sindicales que componen el SNTE.

Una tarea nada sencilla que, de lograrla, lo convertiría en un líder sindical que deje huella y con una amplia legitimidad para regresar los bríos a una malograda autonomía sindical durante el sexenio de Peña Nieto. De allí, que la maestra Elba Esther Gordillo haya depositado todas sus confianzas para sucederla al frente del SNTE.

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